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DEFTONES
12/02/2007 - Luna Park

Por: Martin Debaser - debaser@recis.com.ar

Liderados por su frontman Chino Moreno, el cuarteto de Metal-Rock oriundo de California, regreso a nuestras tierras por segunda vez para afirmar su contundencia sonora en un concierto a estadio lleno en el mítico Luna Park.

Aquellas sogas, que alguna vez han sucumbido ante los golpes voraces de leyendas pugilísticas, parecen ahora amarrarse en nuestro inconciente. Aquel cuadrilátero, víctima de triunfos y derrotas se transforma en un escenario titilante de ardor. Sin cronómetros que detengan la ansiedad ni campanas que interrumpan, los Deftones (precursores de la denominada camada alternativa y/o Nü Metal, de la cual reniegan, junto a Korn y Limp Bizkit en los ¿dorados? noventas) aterrizan nuevamente en Buenos Aires, luego de aquel show que han compartido junto a los veteranos Red Hot Chilli Peppers años atrás, con una lluvia torrencial coronando su velada. La intriga de estos tiempos, con el plus de la tardía visita han generado una masiva respuesta del público, colmando a pleno la capacidad con 7000 personas, literalmente en llamas.

Propietarios de un sonido demoledor (al menos en estudio), este combo formado en 1988 por “Chino” Moreno (voces, guitarra y eje de todas las miradas), Stephen Carpenter (en guitarra), el bajista Chi Cheng y un desquiciado baterista llamado Abraham Cunningham quien sabe cómo mantener a la audiencia en éxtasis permanente. La intro arranca con la feroz “Korea” (tema que suele oficiar de apertura en sus más recientes conciertos) perteneciente a “White pony”, álbum que ha marcado un punto de inflexión en el ámbito deftone, ya que a partir de allí han incorporado samples y teclados, decorando así su sonoridad hacia algo más profundo con los ambientes proporcionados en la voz de Moreno, otorgándole a la banda el colorido que necesitaban.

Actualmente se encuentran presentando “Saturday Night Wrist” en el marco de una gira sudamericana que los ha llevado a los países vecinos de Chile y Brasil. Dicha placa es estrictamente diferente en concepto y producción, si tenemos en cuenta lo primal de la esencia del combo con alaridos hardcore-stoner que podemos hallar en “Adrenaline” (1995).

El concreto que derraman, no aquieta a los presentes, quienes envueltos en ese material macizo, rompen la coraza para desatar una furia inusitada. El pogo. Los saltos. El movimiento es tan extenuante que de sólo observarlo debilita la mirada. Su vocalista torea y vocifera como un samurai hambriento de sangre fría y coquetea con el falsete que nunca llega y vuelca su pasión.

Distensión del cuerpo. Las baladas que emanan están cargadas de la personal presencia de su cantante lleno de aromas depresivos e introspectivos sumado a una atmósfera de chorus y reverberaciones. Estos plug-ins contribuyen a la llegada emocional de este tipo de canciones como “Minerva” o la desgarradora “Hole in the earth”.

“Around the fur” es el disco que los ha catapultado al status de “Super banda”. No sólo por su llegada comercial, sino por su firmeza en las melodías descriptas anteriormente. “My own summer” es un grito desesperado, una búsqueda personal orgánica que Chino Moreno bien sabe contagiar. Asentados, maduros, y bien parados en lo que respecta a su sonido, el grito comienza a delinear un sendero de histeria. La suciedad que cargan la depositan en una patada recta a nuestra frente: “Rats!Rats!Rats!” y el inicio de un riff ultraviolento aliena al performer (quien parece emular a Mike Patton) por su potencia pulmonar.

“Bored” y “7 words” de su primer LP, desatan el salto en alto más grande que he visto en mucho tiempo. La base rítmica abriga, mientras las voces nos susurran cercanas, la bomba termina estallando en nosotros y esta comunión se enlaza en un triple salto mortal. El final es con “Headup” (en sintonía total) una vorágine de rock con matices metaleros y stoner que nos allanan bastante agobiados a través de más de hora y media de concierto. Deftones es un camión volcador de cemento, y la estatua que podríamos ser, no pide permiso. Lo somos. Y estamos lejos de conseguir un remolque.