FACE TO FACE vuelve a Buenos Aires el 9 de Julio en Uniclub. - Increiblemente MINERAL viene al pais y se presentarán el jueves 22 de agosto en GIER, junto a MOFA y otros créditos emocore locales. - VALLE DE MUÑECAS mete un triplete en Humboldt los ultimos jueves de junio, junto a ROSARIO BLÉFARI, NORMA Y MATAPLANTAS. - Noche a puro hardcore el 17 de mayo en Gier con la presentación de los californianos TERROR. - Los uruguayos HABLAN POR LA ESPALDA vuelven el sabado 15 de junio al Salón Pueyrredón, con su nuevo disco Afuera bajo el brazo. contacto
LISANDRO ARISTIMUÑO
01/07/2007 - Ciudad Vieja, La Plata.

Por: Matias Agustín Mendez - matagus@recis.com.ar

La apertura de puertas del lugar, llamado Ciudad Vieja y ubicado en lo que algunos -no sin cierta cuota de envidia, admiración y burla a la vez- llaman "el mini San Telmo platense", estaba anunciada para las 21.30hs. La zona está bastante alejada del centro comercial y se halla en el borde de la ciudad: hay allí tres bares en dos esquinas y, cruzando el empedrado, se ve el antiguo edificio de dos pisos de la ex-Estación Provincial de Trenes que ahora funciona como el Centro Cultural homónimo y además da alojamiento a algunos estudiantes del interior (sí, en La Plata también tenemos ese ego). Ciudad Vieja es el más antiguo de los bares: tal vez no pueda concebirse el crecimiento de bandas como Míster América y Estelares sin él.

A las nueve en la puerta ya había, fácil, ciento cincuenta personas -la mayoría de las cuales había reservado su mesita en la semana-. El problema es que el lugar tiene capacidad para alrededor de 200. Y estabamos los que teníamos el miedo de quedarnos afuera por no tener reserva. Pero finalmente pudimos entrar todos, previo pago de los veinte pesos (sí, más caro que el sábado pasado en Niceto). Muchos nos quejábamos un poco, por costumbre tal vez. Luego nos daríamos cuenta que estaba justificado: nadie estaba a más de 5 o 6 metros de Lisandro Aristimuño y los Azules Turquesas. Gran parte del público estaba sentado y los que quedamos parados veíamos casi todo (excepto sus zapatillas, lo cual no creo que tenga importancia alguna). Ni hablar de lo que oíamos.

Los Azules Turquesas son cuatro: Rocío Aristimuño en percusión, Carli Arístide en guitarra eléctrica y ronroco (instrumento de la familia de los charangos), Leila Cherro en cello y Martín Casado en batería y percusiones. Y todos hacen coros.
La banda subió al escenario poco después de las diez. La batería se ubicó en el rincón izquierdo, delante la guitarra eléctrica; la chica del cello estaba sola a la derecha de cara a ellos; Lisandro Aristimuño estaba al frente y en el centro, y casi detrás de él, Rocío y su caja de percusiones. Luego de un gran aplauso la expectativa dejó el hueco de un silencio enorme. Nadie hablaba en la penumbra cómplice. Muchos, que ya tenían una pizza a medio comer en sus mesas o una cerveza o un cigarrillo, simplemente lo olvidaron. Las secuencias y programaciones electrónicas que acompañanan a Aristimuño comenzaron a llenar el aire, y los músicos a moverse al ritmo de lo que seguiría. Cuando terminó, el aplauso no se hizo esperar, y allí fué cuando Lisandro se presentó y nos dió la bienvenida

Lo que siguió fue raro. Durante cuatro o cinco canciones la gente ni hablaba ni se movía. La luz de un cigarrillo se elevó en la penumbra hasta lo que debía ser la boca de alguien, se hizo intensa y luego casi desapareció. Dos celulares apuntaban al escenario para grabar esos momentos. A veces, una pizza o una fuente de papas fritas cruzaban el aire, se supone que llevadas por alguna de las mozas que atendían vestidas de negro pero yo no quería perderme nada de lo que pasaba en el esenario y como el clima era de magia general eso no me preocupaba

Poco a poco, la gente -de tanto aplaudir, vivar y chiflar- se acordó que de este lado también había vida. Ya se sentía que entre canción y canción algunos comentaban cosas aunque sin molestar. Dos de los momentos culminantes del show fueron "Cerrar los ojos" -donde la gente siempre, en cualquier lugar del país supongo, canta, en gran medida porque Lisandro invita y deja el lugar de su voz-, y "Tu nombre y el mío", claro que porque es hermosísima, pero también porque el puente musical que une las dos partes de la canción tenía dos niveles sonoros: la guitarra, el bajo, la batería y la caja rítmica hacían un funk reggaezado, con el wahwah de la guitarra sobresaliendo, y, del otro lado el escenario (a la derecha del público), apartada, Leila Cherro le sacaba a su cello lo mejor de su melancolía solitaria. También fué memorable "La última prosa", en tono intimista desde luego, cantada por Aristimuño (y oída por nosotros) sigilosamente. Lisandro se sonreía siempre y la mayoría de las veces se daba vuelta y miraba en los ojos de Rocío o de otro de sus acompañantes como si quisiera comprobar que no era el único que estaba contento por cómo la gente los recibe.

Sonaron todas las canciones de 39, el último disco de Aristimuño. De Azules Turquesas (el primero) quedaron en mi memoria, desordenadas, "Tu nombre y el mío", "Quién?" y "Canción de Amor". Y de "Ese asunto de la ventana", "La última prosa", "En mí", "Cerrar los ojos", "Anochecer", "El árbol caído" y "Luz divina". Hubo un invitado, "un amigo platense" como lo presentara Lisandro: Fabían "el oso", que hizo una pequeña coreografía con sus manos, desenvolviendo su flauta (tal vez fuera una quena, ahora me arrepiento de no haber prestado atención) de un tul rojo carmesí, para luego acompañar y mostrarse en un solo. Y hasta hubo un momento algo equívoco y cómico: Lisandro, de espaldas a Rocío Aristimuño, antes del comienzo de una canción en la que ella haría unos coros, la pesentó sin darse cuenta que ella se había bajado de su caja de ritmos y sentada en el suelo del escenario había desaparecido de la vista de casi todos, tapada por los primeros de la fila del público.

Hubo un cierre falso, el amague para probar el ánimo de la gente. Por supuesto que cuando Lisandro se despidió y la banda dejó el escenario el público los vivó para que vuelvan. Y la vuelta no se hizo esperar. Primero Leila Cherro y Lisandro hicieron "Azules Turquesas" sin el resto de los músicos: el cello planeaba con su melodía y Aristimuño se paseaba desde un micrófono a otro (usa dos: uno normal y otro con mucho efecto sinte) como si estuviera impaciente o muy pensativo. Por fin, subieron los que faltaban y el show siguió con tres canciones más, para terminar bien alto, mostrando la cara más rockera de la banda.

Quedaron las sonrisas en las caras todos. Salí y miré el reloj. Eran las doce y un minuto: el hechizo persistía por suerte.