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NORMA
28/07/2007 - Salon Pueyrredon

Por: Bernardo Damián DimanMenendez - cronicas@recis.com.ar

Hecha la regla, hecho el Frenesí

El pasado viernes la agrupación platense Norma se presento en Salón Pueyrredón ofreciendo un show pleno de energía, donde el impulso frenético de su música pareciera por momentos abrazar un estado de epilepsia artística.


Formados en el 2003 y luego de su festejado primer Lp “Rock 2 tonos” (2006), Norma brindo en un show contusivo de casi una hora. A través de un minimalismo post-punk compositivo (claras influencias de Devo y Wire, en el plano internacional y del primer Virus en el plano local), y teniendo como meta la expresión explosiva y rudimentaria que lo acerca a un rock expresionista, que intenta revelar sentimientos interiores pesimitas utilizando un agudo sentido de la ironía.

Pasadas las 3 de la madrugada, el show abre con “Uno”. A puro machaque de guitarras cruzadas, la lírica da cuenta, que en el fondo uno mismo es el que motoriza el sentido de su vida, más allá de los demás. Le sigue “Diamante”, autoproclamación de valores de oponer la acción misma frente a cualquier estancamiento indulgente recurrente en el ser humano de hoy en día (en este caso sería la música), como búsqueda de una exploración de uno mismo. Su cantante Chivas Arguello canta “no te quedes dormido en la tumba de flores con agua”.

Si Virus en su primera etapa convocaba a salir a bailar el “wadu-wadu”, o no atragantarse con fantoches musicales consagrados, todo se daba dentro de un contexto que festejaba el fin del invierno cultural del proceso y el comienzo de la “Primavera Alfonsinista”.
Norma dentro de un hábitat artístico, que ironiza sobre el realismo fatídico urbano, ya no puede contextualizar su arte sobre el “smowing” del festejo nocturno o advertir sobre el chantaje del “mainstream rock consagrado”, sino que busca su base compositiva, en la “otredad” que dejaron los 25 años de democracia ininterrumpidos.
De este modo captando imágenes básicas urbanas donde la felicidad parece ir siempre a contramano, surge su expresionismo musical, retratando toda una masificación de sentimientos perturbadores que dirigen la construcción de la identidad del argentino pesimista y abatido por la impotencia de no ser uno mismo.

Así y siguiendo esa óptica realista y expresionista, aparece uno de sus mejores temas, el hit “Chalet”. Bien llevadas las guitarras a través de un sonido limpio (Chivas Arguello y Gualberto De Orta), y seguidos correctamente por el bajo (Pablo Coscarelli) y la batería (Richard Baldón), toman la metáfora del chalet, como símbolo de la standarización social aceptable para el argentino, como lugar de ocultamiento de su alma, siempre poco comulgada consigo mismo. Frenéticos y como queriendo vomitar las canciones para dar un sentido teatral más verídico a su expresionismo realista y contundente, se despachan con “Natural”, “Ninos”, (mirada cínica sobre los recursos humanos empleados por las multinacionales), “Enamorado”, “350”, “Cenizas” y “Warhol” (retrato del “no día” y la enajenada futilidad que envuelve al ser humano del siglo XXI).

Los Norma cierran con “PC”, vitoreando en su letra, al viejo ritual que envolvía al disco y el oyente, antes del aluvión del MP3.
Así, luego de breves pogos y varios aplausos cerró el show Norma, demostrando luego de 60 minutos de vigorosa música, que más allá de que las reglas, obligaciones y disposiciones culturales (“la norma panóptica de Bentham”, en este caso), nos coercionan de manera tal, que muchas veces nos alejan de la posibilidad de poder encarrilar la vida hacia un lugar de natural satisfacción, pero que más allá de esto, esta siempre la capacidad de intuición y curiosidad de nosotros, para permitirnos sortearlas e ir hacia un horizonte mejor. Así como Norma, que pese a las reglas de “ladinismo comercial”, que afecta a la mayoría del rock argentino, se aparta de esto y nos ofrece una música vigorosa, mezclando adecuadamente dosis de simpleza y contundencia.