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LISANDRO ARISTIMUÑO
15/12/2007 - La Trastienda

Por: Cecilia Testa - cecilia@recis.com.ar

Si bien yo ya anticipaba su vuelta hace unas semanas, cuando Lisandro se presentó en la Biblioteca Nacional, no hace falta decir lo mucho que se lo extrañaba por acá. Por esa razón, contaba los días para que llegara la fecha en La Trastienda, aún cuando dicen por ahí que no es bueno llenarse de expectativas antes de tiempo.

Se equivocan. Qué suerte que llevé toda mi emoción conmigo ese sábado. Lisandro Aristimuño es uno de esos músicos que no hay que perder de vista, que te sorprenden con cada melodía, con cada arreglo. Mejor aún si está acompañado de su banda, los Azules Turquesa, que se ganaron cada aplauso de la noche por dejarnos ver que sienten la música y contagiarnos ese sentimiento con cada canción.

Una Trastienda con entradas agotadas escuchó los primeros sonidos de "La Última Prosa", canción que abrió el show, y enseguida se sintió la energía en el ambiente. No hace falta aclarar que la banda completa nos paseó por algunos de los mejores temas de los tres discos de Lisandro, con algunos momentos especiales. En lo personal, solo hubo una ausencia: "Blue" (y lo aclaro desde un principio, ya que solo quedan elogios de ahora en adelante).

Más allá de eso, Lisandro nos brindó absolutamente todo: hubo momentos de baile, invitados sorpresa, amor, risas… La música logró llegar a cada rincón del lugar, logró enamorarnos, al punto de no querer que termine más. "Me Hice Cargo De Tu Luz" y "Demasiado" son dos ejemplos claros de la felicidad que pueden transmitir, con un público que se perdía entre sonrisas y aplausos y movimientos al ritmo de la música.

"Lobofobia" fue otro de los momentos más significativos de la noche, de esos que son imposibles de olvidar. Entre luces coloradas iluminándonos a todos, es difícil describir con palabras lo que Lisandro supo comunicar al cantar con tanto sentimiento. Lo cierto es que todos ellos se complementan perfectamente, se percibe lo mucho que les gusta crear su música y todos, en esta oportunidad, lo agradecimos tema tras tema.

Los invitados de la noche aportaron lo suyo también: Ezequiel Borra, como hace unas semanas en la Biblioteca, interpretó una versión de "Pez" diferente, impecable; Kevin Johansen repartió felicidad: "Anochecer" brindó, como en el brillante “Ese Asunto De La Ventana”, la ocasión perfecta para bailar sin que importara nada.

Si de baile se trata, no puedo dejar de mencionar a Rocío Aristumuño: sus movimientos en canciones como "39º" dejaron a todos boquiabiertos; La Trastienda se colmaba de silencio y atención solo para verla bailar, deseando poder quedarse con un poquito de eso para siempre. Rocío, como el resto de los Turquesas, transmitía esa energía especial, esa luz que iluminaba durante todo el show. Por ese motivo, los aplausos abundaron luego de cada baile, por pequeño que fuera, como agradeciendo por llenarnos de tanta alegría.

La última parte del show debería haber sido interminable. No podían faltar "En mi", canción que fusiona una música y una letra tan fuertes que resultó la ocasión perfecta para liberarse un poco más; y, para terminar, "¿Quién?", una vez más los coros armoniosos entre la banda, los bailes desenfrenados, llenos de energía y un público que no dejaba de aplaudir, como si eso fuera a detener la despedida, como si fuera a hacer que siguieran alargando la felicidad.

Lisandro mezcló todos los ingredientes, la receta funcionó a la perfección: Rocío, Leila, Martín y Carli terminaron de dar forma a un show que dejó a todos contentos, llenos de "algo" imposible de expresar en palabras. Mi mensaje para Aristimuño y compañía: sigan envolviéndonos en el plástico de su perfume, el público lo agradece.

Fotos: Maiten Rinaldi



Mail del fotografo: maiten@recis.com.ar