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LOLI MOLINA
17 /01/2008 - NoAvestruz

Por: Norman Flores - norman@recis.com.ar

Había una cita programada desde hacía unos días atrás, en uno de esos lugares hermosos que gente hermosa recomienda, con una cantante –diría música en sentido del género femenino de la palabra músico , pero todavía esa categorización no cierra- que promete un futuro encantador: Loli Molina.

En el decir de cita aclaro que ni tal lugar ni tal cantante iban a saber de mi humilde presencia, menos que menos tampoco sugirieron por mi persona, en consecuencia debería cambiar de sustantivo, pero no, cita queda lindo con lo vivido durante la noche.

Al entrar a NoAvestruz –dícese de una puerta negra situada a orillas de la calle Humboldt, en el Palermo NoHollywood - el pasillo angosto nos introdujo a un lugar común del barrio, con mesitas y almohadones en el piso. Pero, a medida que los minutos transcurrieron ahí dentro, nos damos cuenta de importantes diferencias en cuanto a sus símiles vecinos: los precios y la gente del lugar.

Las charlas entre los presentes se vieron interrumpidas a las diez menos cuarto, cuando Loli se dirigió hacia el escenario. Antes que ella, se adelantaron Hernán Jacinto y Nico Cota quienes la acompañaron en casi la totalidad de sus temas en teclado y percusión, respectivamente. Con “Miel” dieron comienzo a la velada, transportándonos a esos lugares donde sólo las cosas lindas de la vida nos pueden llevar, haciéndonos olvidar del tiempo y de todo lo que nos puede jugar en contra. La voz de Loli relaja, enternece, pacifica. Sus canciones suceden casi sin darnos cuenta, tal vez a causa de que algunos tontos nos quedamos hipnóticos ante la belleza que paraliza -pero esa belleza que paraliza en forma afectuosa. Durante los primeros temas no para de agradecer, con esa misma voz que canta y nos da tantas ganas de guardar tímidamente dentro de la mesita de luz. Nos hace volver al tiempo real cuando nos dice que hará un pequeño corte, para ir a hacerse las manos y los pies , sacando un par de sonrisas entre los presentes; sonrisas que en el transcurso de la noche se vieron potenciadas gracias al chiste -¿se habrá entendido o era falto de picardía? - hecho por Loli y a las apariciones y apreciaciones del señor Cota, cuyo pasado y presente lo hace un músico en el cual la definición de un gran músico quedaría muy ínfima.

Casi a los cuarenta y cinco minutos de haber comenzado y parado, vuelve a aparecer. Esta vez Loli, su vestido y un cover para dar comienzo a la segunda parte: “Message in a Bottle” era el segundo cover de la noche efectuado con esa amabilidad que tiene que tener un músico para tocar temas de personas consagradas. El primero, había sido “Sitting On The Dock Of The Bay” de Otis Redding, y si no hubiese sido por el último tema, hubiese sido la mejor versión de la noche. Luego del tema de The Police, haría una referencia al tema que escribió para ese chico que no la amó, pero que al final ella terminó ganando porque se quedó con un tema y él con nada: “Bailo”.

“Cuandoarbol” y “Alma de Agua” nos hace volver a esa inmutable paz, que se ve acompañada por recuerdos cuando “Karma Chameleon” es interpretada por su voz. “Algo Quizás” sería el último tema –último dicho ejerciendo un encomillado con sus dedos; luego las risas volverían a aparecer cuando saludasen a destiempo al público. Otra vez, cada uno a sus puestos, y ella a volver a endulzar con su voz. “Hasta el Mar”, tema hermoso donde Hernán se da el gusto de lucirse atrapándonos aun más de lo que podíamos estarlo. Ese sería el último en el que los tres ocupasen el escenario, para que segundos después sea interpretada la más hermosa versión de “California”. Una vez más esa voz, una vez más su voz y su guitarra, su vestido y su voz. Una vez más como tonto hipnotizado, con una serie de sentimientos que corrían por el interior del alma sin saber realmente lo que significaban.

Durante toda la velada ocurrió lo mismo, esos sentimientos que en el alma producen una variedad infinita de palabras, de situaciones y de olores, que tu cuerpo sólo responde con un cordial movimiento de pies siguiendo el ritmo de su voz, de su música y de imágenes en sueños propios.

Si casi no hay palabras para definir lo que produce en vivo Loli Molina es en parte gracias a sus músicos amigos. Tanto Hernán Jacinto como Nico Cota generan el ambiente más agradable para que su voz suavice el aire y nos acaricie el alma. Es como se mencionó con anterioridad: para guardarla con toda la timidez del mundo dentro de la mesita de luz, o al lado de la almohada. Aunque, mejor no, mejor que siga endulzando corazones por ahí, ya que realmente el futuro se ve encantador, y si no es así, a no preocuparse, porque cuando su voz sea acompañada por su guitarra el futuro, el aire y vos podrán irradiar.