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VICTORIA MIL
12/03/2008 - Teatro El Victorial

Por: Bernardo Dimanmenendez - bernardo@recis.com.ar

El pasado jueves Victoria Mil se presentó en el Teatro Victorial. Pioneros en definir una bandera anímica musical a través del reviente toxicológico, el recuerdo lúdico de experiencias suburbanas y personales, la pesadumbre frente al frenesí posmoderno y obviamente las fotografías de tragedias griegas pero actuales, en ese teorema sin resolución que es el amor. En síntesis, Victoria Mil, plasma en su historia y en las performances cansinas y displicentes en vivo, la “otredad” real, que decadencia cultural mediante vernácula, cambio sutileza por fácil bravuconada.

La media de Victoria



Uno ve el cambio de coyuntura para la clase media argentina, a partir de más de 30 años de ininterrumpida decadencia económica. Así trajinados sus bolsillos, merman para peor sus históricos valores referenciales sociales, culturales y espirituales. Más allá de que el destino estaba escrito, a veces urge la pregunta: ¿Qué hubiera pasado si alguno de los hilos mediáticos que sirven al bastión de usurería espiritual y filosófica, por milímetros temporales y contextuales no hubieran triunfado (más allá de lo monetario)?.

La respuesta es siempre abierta, pero quizás las flexibilidades o chances prácticas de toda una generación analfabeta “social, sentimental y práctica” hubiesen crecido.
Quizá Victoria Mil, más allá de lo diverso de su obra, y de cierta aceptación, (“abrazo de judas” mediante), de parte del edulcorado vintage “palermígena”, responde a una otredad en dónde la catarsis de hacer música, expone el sueño quebrado y roto, del antiguo “swing” para aceptar y jugar con la decadencia de la hoy, irreconocible clase media argentina.

Como la TV muchas veces esconde ideológicamente las reales falencias sentimentales, por un banal “polstergeist” de silicona, que a la vez, busca el lado más animal y básico del ser humano. ¿Qué hubiera pasado si Tato Bores hubiera tenido un par de años más de vida, y con su “guiño irónico” discursivo hubiera purgada de toda hez o halitosis mental, a la futura generación acéfala, misógina y reaccionaria que Tinelli delineo en complicidad con el mosaico financiero que Menem y sus secuaces iban tejiendo en la gran mayoría de la población argentina?.

En fin, el triunfo fue de Marcelito y los “gauchos en pose forzada”, como Cordera, así Victoria Mil, formando parte del último hormigón del rock sónico, con un discurso de “reviente volátil”, quedo en un panorama desolador. No obstante en su desarrollo, su particular lírica, capacidad de metamorfosis creativa, introspectivos himnos musicales e intuición para avizorar el camino sensible del talento, hizo que su transición a un cierto lugar de reconocimiento, se de por la capacidad de saber lidiar con los malos momentos, y hacer de dichos estados anímicos imperfectos un gran acierto.

Así entre los temas y nuevos, tocados en el repertorio, hay data para dar cuenta de cómo “la tonalidad doméstica, romántica y espiritual” de toda persona, que pertenezca a un hábitat de clase media, (ya sea media baja, media media, o media alta), hoy en día encuentra un lugar de resguardo en Victoria Mil.
Temas ejecutados en el Victorial como “Estoy Bien bien”,“El Rock Vive de mi”, “Me Miraste Fijo” o esa bomba musical que es “G-13”, muestran que en parte, la emocionalidad que viene de sus sonidos, se da por la particular manera de encarar sus letras a partir de la aparición súbita de antónimos o similar acústica fonética.

A la vez, no hay fastuosidad instrumental, ni tampoco gestual, sino que la trascendencia se da a partir de la hábil capacidad para tomar un “núcleo” de acordes, y saber repetirlos según las dosis adecuadas. Obviamente que para llegar a esto, intervienen a favor sus dotes naturales para la programación de sintetizadores, y la muñeca robótica de su baterista Leo Santos.

Toda banda, que inscribe un marcado mundo personal artístico, y que deja un legado con el correr de los años, también debe tener esos temas que por explosividad, parecen guadañazos de rechazo y a la vez, reconversión, de experiencias prácticas que se dan en un marco acotado. Entre las varias que tienen en su armario sonoro, los Victoria, tres de las ejecutadas, en el show, sirven de fidedigna muestra. “No Nos”, “Acá esta todo mal” “Ying Yang” o “Dulce Hastío”.

Los dos primeros forman parte del álbum más combativo y “al frente” de su carrera que resulta ser Armas (2000). En una época de total descalabro económico y cuando en la fiesta de los ‘90, solo se veían todo tipo de cuervos devorándose las últimas y rancias migajas culturales, “el caballito de batalla” de los Victoria, se da por focalizar que en la desesperación, el afecto profundo y sincero, resulta ser el mejor remedio contra todo mal. Así, “No Nos” , le otorga al mundo desencantado, “besos y abrazos mediante”, una “canción universal”, por la catarsis hipnótica que despliega. El juego parece similar en “Acá Esta todo mal” , en dónde en lugar de apelar a “veborragias demagógicas”, (recuerdan la canción “Se viene el estallido”, tan cantada por esos tiempos), busca la “chipa divina” personal, para reconocer que en el fondo, la sangre que recorría al criollo de esos tiempos, hervía para todos por igual, perola sensibilidad y sutileza seguía separando, que afección era válida y cuál pura pose. “Consejos de Arriba” , forma parte del álbum más confesional de la carrera de Victoria Mil, Este Cielo de Estrellas Caerá (2003). Así, entre la ironía del encuentro del bonaerense con la cosmópolis de Capital, el foco más idóneo parece del lado del supuesto “campesino”, debido a la discapacidad funcional y espiritual que presentan la mayoría de los habitantes de la mole de cemento.
Disco teñido de geometría sonora, revestida de excesos narcóticos, reconversión espiritual y contextual, y que planta todo un primer pantallazo, sobre el fin de lo que fue el “sueño de los sónicos de los ‘90”, y su difícil readaptación a la presente década, con las mañas nuevas que la misma presenta.


Aceptados, a priori por “comoditie estético”, (no de contenido), Victoria Mil a partir del 2004, pisa más de plano, el “aséptico pop” que trasciende en la Capital Federal. Quizá narraciones, como “Ying-Yang” y “Dulce Hastío” , (ambas dentro del álbum que más ventas le otorgó, Estoy Bien Bien Bien del 2005), sirvan como muestra de que saboreando cierta crema, el gusto de la misma le sabe amargo. Si bien hay cierto paralelo contextual, la mirada natural de personas del conurbano, jamás la dejarán atrás, más allá de que algún otro permiso, quizá por edad, (la mayoría de sus integrantes ya ronda los 35 años), pero dando cuenta, de que si hay traición, esta debe darse solo como maduración, no como intento de acomodarse al patinódromo de “drogui-dancers” o “Fly-pass”.

Ya en el 2008, y en vísperas de su nuevo álbum de estudio, Victoria Mil, a través de los temas nuevos presentados en el Victorial, como “El Oro”, “Sid”, “Cambiar” o “Resplandor”, siguen esa búsqueda personal de desmantelar todo intento de “fetichización de su obra” , (recordemos que en su momentos fueron pioneros del redescubrimiento del Kraut allá por los ‘90 y hoy en día parecería que hacer Kraut-rock, es políticamente correcto). En suma, aportando a un universo artístico que se despliega en la búsqueda de sensaciones posmodernas, abúlicas, toxicológicas y de sensaciones profundas y a la vez contradictorias, como toda persona sometida la perturbación espiritual que resulta ser estar vivo en el siglo XXI.
Condimentados diariamente por una cultura mediática y artística, en dónde, parecería que la confesión del miedo y al error, que nos haría más reales y humanos, fueron dejados de lado, por un “hombre universal” de “falo” sempiternamente alto, tanto Tato Bores, como Victoria Mil, cuando pasen los años, podrán ser juzgados por su obra, y ocurrirá que según el ojo y la vara que los mida encontrará aciertos y errores cabales a todo ser humano.

Lo que es inamovible, tanto para los dos, es que en la forma de contarles historias al mundo, la ironía y aceptación de crudas realidades, juegan con un patrón de sensibilidad hoy en día, deformado y pisoteado para la ex clase media. Qué en su falta de vergüenza propia y coraje para poder desmistificarse, enhebró una telaraña tan burda de valores, que la gracia que le da ese antiguo “swing”, a los jóvenes de dicho sector, para poder repensarse como seres humanos falibles y cotejables, los terminó transformando en lobos iracundos y torpes, que “guturean”, las mieles infectas de bravuconada. ¿No será tiempo y hora de asumir, de que los defectos se puede hacer algo perfecto, y que el rock se tiene que vivir como un lugar de curiosear con lo “profundo”, en lugar tomarlo a este como una vidriera estética, en dónde sólo interese el hecho de la pertenencia simbólica y no de contenido o mejor dicho, el “hecho de pertenecer por pertenecer”?