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CHECHO FLA - JUANITO EL CANTOR
26/03/2008 - No Avestruz

Por: Cecilia Testa - cecilia@recis.com.ar

Afiebrados, engripados, entre el caos de la ciudad por estos días y los pañuelos descartables, allá estaba yo, en el espacio No Avestruz, a la espera de una fórmula familiar: JUANITO EL CANTOR + Checho Flá.

Al llegar, luego de la caminata correspondiente, me encontré con los primeros acordes de un cantor que practicaba sin cesar la misma parte de la misma canción, una y otra vez. Para mis adentros y sin pronunciar palabra, yo solo deseaba que Juanito quedara conforme con tanta práctica y que tocara, entonces, esa canción en su totalidad.

Así fue. Pasadas las nueve y media, él caminó hasta el "escenario" de manera despreocupada, pero no se ubicó en el lugar que todos sabemos habitual, sino que se sentó detrás del piano y entonces "esperá, no te duermas, ya voy, es que tengo las cositas en la piel..."

Tras un agradecimiento simpático por "permitirme tocar un instrumento que no sé tocar", Juanito hizo realidad mi previo deseo y entonces generó la sonrisa más enorme entre pastillas de miel y vasos gigantes llenos de agua: "En el ojo de la tormenta" se dio a conocer como la segunda canción de la noche, luego de tanta práctica que, sin duda, rindió sus frutos.

El resto, si bien vale la pena contarlo, es más conocido. El cantor agarró su decorada guitarra y cantó algunos temas de su primer disco, 12 Canciones De Amor Y Una Botella De Vino, los de siempre, pero sin compañía alguna (Guille presenciaba todo sentado en un silloncito). Hasta hubo canciones de "carácter épico, auspiciadas por «el mundo del juguete»", como "Vals de la juguetería".

Y de repente, "Flotar" y esas letras que hablan de perder el tiempo en el jardín de tu casa (o la de otro) y más sonrisas nuevas. Quizá también "odio mi voz, está tan lejos de llegar a tu corazón; Odio mi voz, está tan lejos de traducir mis emociones" y las ganas de correr a abrazarlo y decirle que pone en palabras simples lo que resulta tan complejo a veces. Es que ya sea en letras conocidas o por conocer, la conexión se genera de inmediato, porque escuchar a Juanito es entender que aún es posible armar un mundo ideal, si bien conviven risas y llantos, si bien "lo más triste es ver morir a las flores del jardín que vimos florecer cuando era primavera para vos y para mí."

Sin más divague personal, el último tema iba a ser "Amor Verdadero", pero Juanito no se resistió y nos dejó a todos tarareando "Srta. Maestra" durante el intervalo.

Luego fue momento de CHECHO FLÁ. Checho es de esos artistas que nunca dicen: "esta canción se llama…" Así, pasé mis minutos escuchando su voz y anotando las letras que para mí fueron como imágenes bastante reales acompañadas por su guitarra (y un ocasional piano que regaló arreglos simpáticos).

"Es de noche en tu mirada…", "acostumbrándome a vivir en el sol…", "lo que tocás se vuelve primavera…" y así mil frases, mil momentos. Si bien yo ya había escuchado a Checho, esta vez me encontré con otra situación, quizá por el resfrío y el té con whisky, quizá por mi estado emocional, quizá porque su idea era brindar una presentación más íntima y madura, quién sabe. Lo único certero es que la energía del lugar se volvió incontrolable, y alcanzó su punto máximo cuando ambos artistas volvieron juntos al escenario para tocar "las canciones de siempre".

Inconscientemente, quizá, yo estaba esperando este momento más que cualquier otro, para revivir épocas pasadas no tan lejanas, pero sí felices. Así fue como sonaron "Quizás porque", "Vuelvas a casa" y "Cantata de puentes amarillos". Si en mi mundo ya todo era perfecto, el último toque lo dio la despedida con "Estrellitas", y todo el mundo a dormir contento (y temprano, tengamos en cuenta que era miércoles). Eso sí, en cuanto a mí, tengo "chiche" nuevo: el CD de Checho es una invitación a jugar, a imaginar mundos con tan solo unas vueltas en esa mini-calesita.

Para cerrar (esta crónica, ese momento, un estado de ánimo, etcétera), una palabra o dos que resumen con bastante certeza lo que fue mi noche en el No Avestruz: felicidad simple, gracias.