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THE RESIDENTS
18/09/2015 - Niceto Club

Por: Rodrigo Capeans - capeans.rodrigo@gmail.com

La historia del primer recital de The Residents en Argentina es una plagada de esperas. En primera instancia están los 40 años que le tomó a la anónima banda de culto anunciar su visita al país. A esto le siguieron luego los tres meses entre el anuncio del show, en junio, hasta el día efectivo de la presentación, el pasado viernes 18 del corriente mes. Pero hubo una última cuando el martes 15, fecha en principio pactada para el desembarco de la banda norteamericana, más de un fan se llevó la desilusión de acercarse a Niceto Club para leer un cartel que anunciaba la posposición del recital para el viernes, debido a un paro de controladores aéreos en Chile, país que el grupo acababa de visitar. Quizá sea cierto que lo bueno se hace esperar.

Alrededor de las 9 de la noche, hora anunciada en los tickets, ya se podía ver cómo Niceto se iba llenando de expectantes seguidores. Un hecho llamativo fue lo joven que era una gran parte de la gente que asistió al evento. Raro desde el punto de vista de que la banda tuvo sus obras más emblemáticas a fines de los setenta/principio de los ochenta, pero comprensible si se toma en cuenta como el paso del tiempo y la llegada de Internet permitieron darle visibilidad a conjuntos antes reservados para unos pocos conocedores. Sea como sea, lo cierto es que la primera (y con suerte no la última) visita no pasó por alto, mostrando que hay un considerable público interesado en propuestas de este estilo.

La notable musicalización por parte de Niceto, que contó con joyas como “Warm Leatherette” de The Normal o “Ghost Rider” de Suicide, hizo un poco más llevadera la espera por la banda, a medida que pasaba el tiempo y no había signos de que el show comenzara. En el escenario, dos banderas a cuadros colgaban a los costados de una bola blanca con la palabra “Shadowland” escrita en ella, nombre del más reciente espectáculo ofrecido por la banda. Sin embargo, no había rastro de la mítica agrupación.

Cerca de las 10 de la noche la música de fondo se cortaba para dar paso a otra de tipo instrumental y de tono más tétrico, indicando que la hora esperada por todos estaba por llegar. “Suena como la banda sonora de algo como El Extraño Mundo de Jack” , comenta un joven del público, y si bien la película de Tim Burton y la propuesta de The Residents tienen casi nulos puntos de contacto, la comparación daba cuenta de algo importante que se iba a profundizar a lo largo de la noche: el costado más lúgubre del grupo de Louisiana.

Finalmente minutos después la banda irrumpía en el escenario para dar inicio al recital con “Rabbit Habit”, del álbum The Bunny Boy. Alejados de los icónicos cascos con forma de ojo por los que son probablemente más reconocidos, los Residents se presentan estos días como un trío, y la extravagancia sigue siendo parte de su propuesta: al finalizar el primer tema, Randy, el vocalista, remueve su máscara con cuernos para descubrir otra máscara debajo. “¡Sorpresa, soy yo, Randy, el cantante de The Residents!” anuncia, haciendo reír al público. Igual de llamativa que su máscara es el traje de cuerpo humano que viste, hecho de forma tal que parece compuesto de huesos y venas. Por su parte, sus compañeros no se quedan atrás, utilizando bizarras máscaras de demonios.

En lo que fue la única interacción directa con el público de la noche, Randy describe el espectáculo a interpretar. “Hace años hicimos Talking Light, primera parte de la trilogía de Randy, Chuck y Bob, meditación sobre los fantasmas y la muerte. Luego seguimos con Wonder of Weird, que fue sobre el amor y el sexo. Y ahora Shadowland, que explora la muerte y las experiencias cercanas a la muerte” , comenta al público. Y luego remata: “¡La vida al revés! ¡Qué concepto!” , notándose un cierto dejo de ironía en el tono. A esto le sigue la presentación de los músicos que lo acompañan, no exenta de humor: “Chuck (batería electrónica y teclados) está retirado en una granja de pollos, pero lo reemplaza Rico, su hermano, primo, o algo por el estilo” . Completa la formación del extravagante power trio Bob, en guitarra eléctrica.

Siguen a continuación otros dos temas también pertenecientes a The Bunny Boy, “Fever Dreams” y “Golden Guy”. Tras esta tríada, es claro por dónde va el perfil del show. El sonido es sumamente oscuro y opresivo; lejos quedó la burla y comedia que permeaba ocasionalmente los primeros trabajos de la banda. Hay a su vez una mayor preponderancia del costado electrónico del grupo, con los densos sonidos que Rico le saca a la batería electrónica y a los teclados sirviendo de base para el virtuosismo de Bob en la guitarra y la impredecible forma de cantar de Randy, capaz de pasar del grito a una voz manipulada por modulador de un momento a otro. Otra diferencia con el pasado de la banda: si en sus inicios se los acusaba de no saber tocar correctamente y la idea que en ocasiones transmitían era la de gente jugando con sus instrumentos, ahora es claro que el paso del tiempo más de una enseñanza ha dejado en el grupo, y cada miembro desempeña más que correctamente su función.

Hay algo sumamente peculiar, incluso un tanto desmitificador, en el acto de ver a los Residents en vivo. Y es que a pesar de que lo extraño de sus trajes y comportamiento confirman su status de figuras extravagantes e inclasificables, no deja de ser un tanto chocante ver a la banda que se burló (y burla) de tantos elementos de la cultura pop incurriendo en muchas prácticas del rock en vivo, como la presentación ante el público de los músicos o realizando un encore; incluso el ver al guitarrista apuntando hacia arriba con su índice derecho en señal de que el volumen se encuentra muy bajo. La banda de culto es, a fin de cuentas, de carne y hueso, y se la puede ver. El aspecto musical del show es complementado por otro audiovisual, y cada tres temas la bola blanca ubicada en el centro del escenario se transforma en un proyector de perturbadoras historias que enriquecen la temática sobre la muerte que explora Shadowland. En este caso, fueron cinco los cortos que se exhibieron: The Butcher (el carnicero), The Libertine (el libertino), The Garbage Man (el basurero), The Diver (la buceadora), The Engineer (el maquinista). Si bien cierta claridad del mensaje puede que se pierda en el público al tratarse de videos enteramente en inglés y sin subtitulado alguno, basta con escuchar el pesar en la voz de los personajes para notar que lejos están de ser felices.

Promediando la mitad del show llega el momento de los clásicos, con tres canciones tomadas del álbum Duck Stab / Buster & Glen, recopilación del año 1978 de dos EPs que muestra a la banda en uno de sus mejores momentos. Se trata de los temas “Blue Rosebuds”, “Weight-Lifting Lulu” y “Constantinople”, los cuales lejos de sonar como en estudio son recontextualizados para encajar en el nuevo espectáculo de la agrupación. Es esta de un arma de doble filo: por un lado, muestra claramente la búsqueda de cambio constante de The Residents, los cuales se animan a referenciar y a jugar con elementos de su propio pasado; pero por otro lado los temas se vuelven un tanto indistinguibles del resto, siendo solo reconocibles de a momentos y perdiendo así parte de su encanto en el camino.

Tras un poco más de hora y media de recital, la banda deja el escenario, para luego retornar a los pocos minutos a entregar dos temas más, “Mourning Glories” y “44”. Una vez finalizada estas canciones, el grupo abandona el escenario de forma definitiva, concluyendo así la primera visita de The Residents a la Argentina. Sin lugar a dudas, se trató de una experiencia musical única, que redefine los lugares comunes del recital rock de una manera sin precedentes. Probablemente dentro de cinco años la misteriosa agrupación este enfrascada en un nuevo espectáculo, tomándonos por sorpresa otra vez. Esperemos que, en caso de ser así, no se olviden de regresar.

Las fotos son cortesía de Candela Gallo (mil millones de gracias una vez más)