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DUNE INTERNATIONAL PSYCH FEST
24/10/2015 - Niceto Club

Por: Rodrigo Capeans - capeans.rodrigo@gmail.com

El pasado sábado 24 del corriente mes, un nuevo festival se sumó a la nada despreciable oferta de recitales de la última parte del año. Se trató del Dune International Psych Fest, encuentro de psicodelia y rock garagero que tuvo lugar en Niceto Club a partir de las 20:00 hs.

Si bien en un principio el festival iba a contar con el muy esperado debut por estos lados del grupo californiano Thee Oh Sees, la cancelación de su gira sudamericana por motivos ajenos a la organización del evento nos dejó con las ganas. Por suerte para los asistentes al Dune Fest, el line-up fue de todos modos sólido, contando con la visita de Moon Duo para el cierre, uno de los grupos más importantes de la nueva camada psicodélica de San Francisco. Asimismo, los locales Nairobi, In Corp Sanctis, Las Kellies, Kill West, Riel y Fat Dojo se hicieron presentes para agregarle variedad a la jornada y transformar la noche en una fiesta, por lo que no hubo lugar para las quejas.

La apertura se daba puntual en manos de los surf-punkers de FAT DOJO, los cuales entregaron un dinámico y conciso show, fiel al sonido fresco y directo que vienen cultivando desde su surgimiento. Tras un par de cambios de formación y un prometedor EP, la banda de Tigre debutó en el formato álbum a fines del año pasado con un prolijo trabajo homónimo, en el cual su habitual energía coexiste con nuevas influencias, como en la psicodélica e hipnótica “Higuajó”, de lo más logrado de su corta carrera.

En su núcleo, lo de Fat Dojo es música joven e hiperactiva, refrescante como las olas del surf al que hacen referencia en canciones como “No me deja surfear”. Es un sonido que bebe directamente de la tradición punk y garagera, e incluso juega con ciertas sensibilidades power-pop, dando como resultado cortas canciones de no más de 3 minutos que rezuman energía y personalidad. En ese sentido, no es casual que la banda comparta en su Facebook links de grupos como Cloud Nothings, con los cuales tienen más de un punto en contacto, especialmente respecto a sus primeros álbumes y EPs.

Si bien de a momentos el grupo se pierde entre el montón de bandas con propuestas similares, el buen oído para el estribillo con gancho que exhiben en temas como “Do you wanna go out?” o “For the girl I want” hace que sea injusto descartarlos completamente. Será cuestión de ver por dónde encaran sus próximos trabajos.

Tras un corto receso que bien podía servir para revisar los trabajos a la venta de los artistas del festival (como es usual en Niceto, hubo mesa dedicada a este fin), llegaba la hora de escuchar a la segunda banda de la noche: KILL WEST. El grupo de Quilmes, que estrenó álbum debut a principios de junio tras hacer ruido con un EP homónimo, subía a eso de las 20:30 hs a entregar una muestra del pesado y sucio sonido por el que se los conoce.

No es de extrañar que hayan decidido llamar a su primer larga duración Smoke Beach: adentrarse en el sonido de Kill West es adentrarse en el humo tóxico que emanan desde sus poros cada uno de los temas que interpretan; es chocarse contra una implacable pared de ruido formada por ladrillos de reverb y feedback de guitarra. Su visión del surf es de aguas empantanadas, con referencias a distintas corrientes del rock, desde las bases kraut de batería al noise-pop de Jesus and Mary Chain en las guitarras, e incluso cierta mística stoner. En otras palabras: puro ruido del bueno.

Desde un escenario tenuemente iluminado que profundizaba este sentido desorientador que genera su música, a Kill West le tomó unos pocos temas entregar una fiel muestra de lo que hacen. Si bien el show fue relativamente corto, las pesadas texturas que genera el quinteto dan una sensación de que el tiempo se ralentiza, contradiciendo al reloj. La mejor prueba de esto llegaba con “Signs”, un verdadero tour de force que no decae en intensidad a lo largo de sus ocho minutos.

RIEL es una banda que no tiene bajo: no lo necesitan. El dúo formado por Mora y Germán en guitarra y batería respectivamente (más la ocasional voz por parte de la guitarrista) se las arregla sin problemas para hacer ruido prescindiendo del instrumento de 4 cuerdas, y lo demostraron ante un Niceto que poco a poco comenzaba a llenarse de gente.

Desde su debut con el tibio Riel LP (el cual si bien es en cierta medida un trabajo menor posee joyas como la excelente “Celina”) hasta el lanzamiento de su más reciente y lograda placa, En Viaje, el dúo ha expandido su paleta sonora y alcanzado una madurez que hacen de su propuesta una de las más interesantes del indie local. El sábado contaron con una chance de demostrarlo, y lo hicieron.

Su presentación comenzó con el instrumental “El Misterioso”, en el que su deuda con el rock alternativo a lo Sonic Youth se hace patente en los desenfrenados aporreos de batería y en esa intensa guitarra llena de expresividad que alterna con gracia entre la melodía y el estruendo. La presentación en vivo hace más notoria la relación simbiótica que funciona de sostén del grupo, que adquiere la forma de un diálogo musical fluido en el cual nada está de más. Uno de los puntos altos de la presentación llegaba con “Infinita Conjugación”, tema que con su pegadizo ritmo de guitarra y la cálida voz de Mora hacen de este un potencial corte de difusión.

Un par de canciones después, los Riel nos anunciaban que ya era hora de despedirse, entre luces blancas y una distorsión de guitarra que seguía sonando. “Teníamos más temas para ustedes pero no los vamos a poder tocar”, explica Mora Riel al público, probablemente en referencia a los acotados tiempos de presentación con los que contaron cada artista. Quedaban cuatro bandas más por presentarse y se contaba con un único escenario, por lo que los plazos se debían cumplir a rajatabla: 20 minutos por presentación (salvo en el caso de Moon Duo) y cerca de 15 de descanso entre medio.

A las 21:30 llegaba el turno de subir al escenario de LAS KELLIES, grupo que cuenta con diez años de surcar las aguas de la new wave y el punk pero que comenzaba a hacer ruido en el under local recién a partir de la salida de su tercer álbum, titulado simplemente Kellies. Es con ese trabajo que logran pegar el salto necesario no solo en términos de llegada al público sino también de sonido, al organizar sus ideas y entusiasmo en una atractiva propuesta que combina diversión y baile.

No es difícil ver por dónde van las influencias del ahora dúo femenino compuesto por Ceci y Sil Kelly, que tras la salida de la bajista Betty Kelly para formar su propio grupo (hoy día se la puede escuchar hacer cumbia bajo el seudónimo Betty Confetti) recurre a pistas pregrabadas de ese instrumento en sus presentaciones en vivo. En “Post Post”, tema que dio inicio a su show, una percusión tribal se complementa con el sonido metálico y entrecortado de una guitarra a lo Gang of Four y a un bajo prominente que impone ritmo a fuerza de vibrantes grooves. Es bastante obvio: las chicas hicieron los deberes a la hora de empaparse del sonido del post-punk y new wave de los 70/80s, y se nota.

Si bien la propuesta de Las Kellies introduce frescura al recuperar sonidos un tanto olvidados en el rock local, a veces su música se acerca peligrosamente a un retro-fetichismo más parecido a la imitación que al uso de sus influencias como punto de partida para desarrollar un estilo propio. En ese sentido, su notable álbum de 2013, Total Exposure, marca un punto de quiebre al unir su amor por grupos como Delta 5 con una actitud más reposada, deudora del dub y el reggae. Además, por suerte para ellas, incluso cuando se entregan por completo a seguir a sus mentores salen bien paradas: su cover del clásico “Erase You” de ESG no tuvo nada que envidiarle al original y fue uno de los puntos altos de la velada.

“Hola, somos In Corp Sanctis” , se presenta el quinteto de rock psicodélico, y rápidamente comienzan a tocar. Ya de entrada, la deuda de los muchachos con el hard rock y prog de los 60 y 70s se hace evidente: la vestimenta y pelos largos a lo Led Zeppelin, la remera del clásico Trout Mask Replica de Beefheart que viste el baterista, pero por sobre todo el sonido, que indefectiblemente trae a la mente asociaciones con los grupos clásicos de la historia del rock.

Como carta de presentación eligen “Marionetas”, uno de los temas con mayor protagonismo de la voz de su álbum El Magistrado (en líneas generales, el resto del show fue mayoritariamente instrumental). En este, una slide guitar le imprime sonido desértico a un blues con tintes de crítica política (“unos dirigentes pacifistas / se la dan de buenos con vos / las marionetas de madera /se balancean al compás”).

Las influencias clásicas del grupo mencionadas previamente los ubican en la nueva corriente revivalista de bandas como Tame Impala o Radio Moscow, aunque sería injusto decir que In Corp Sanctis se quedó estancado en el pasado. El uso prominente de sintetizadores y efectos especiales (dos elementos que según la banda cobrarán mayor importancia en su próximo álbum, Libres Van) se hacen sentir con mayor fuerza en el vivo que el estudio, dándole un sonido futurista a la propuesta.

El cierre de la presentación contó con adelanto del nuevo álbum, un demoledor instrumental llamado Púlsar que nos dejó con ganas de más. A estar atentos de lo que se viene.

Finalizado el show de IN CORP SANCTIS, Niceto retorna a la música de fondo, aunque el new wave y synthpop que venían sonando hasta ese momento comienzan a dar paso al dub y al reggae. Se trataba de una entrada en calor para la quinta presentación de la noche, en manos de NAIROBI. Su álbum debut, que contó con la bendición de los legendarios Mad Professor y Lee “Scratch” Perry en una suerte de proyecto old school meets new school del dub, rápidamente los posicionó como representantes del género en el país, llegando a ser la primer banda Argentina en presentarse en Glastonbury.

En la noche del sábado, el grupo se encargó de darle un cambio de sonido a la velada, hasta ese momento más concentrada en el rock de guitarra. Tras un comienzo accidentado a raíz de problemas con el bombo, la banda encontraba rápidamente su sonido atmosférico y cósmico, que invitó a un público ahora ya sí completo a acercarse, a contagiarse de la energía que bajaba del escenario.

“Vamos a hacer una única dedicación esta noche. Como ya saben, mañana hay elecciones y a nosotros nos chupa un huevo la política. Necesitamos más psicodelia” , dice Ivi Lee, cantante de la banda. La propuesta es clara: olvidarse de todo y simplemente dejarse llevar, flotar entre los cálidos paisajes que con maestría conjuga el grupo. Tras repasar varios temas de Wax, su por ahora más reciente placa, y finalizar su presentación con un rock and roll, se despedían del público prometiendo que ya faltaba poco para el debut de Moon Duo en Buenos Aires.

Cerca de la medianoche, MOON DUO finalmente hacía acto de presencia, subiendo al escenario ante el aplauso general de un público entusiasta y deseoso de psicodelia. El dúo que el guitarrista Ripley Johnson (también miembro a su vez del grupo de space rock Wooden Shjips) formó junto a la tecladista Sanae Yamada en 2009 viene de sacar nueva placa en marzo de este año, el aclamado Shadow of the Sun, además de potenciarse con la incorporación de John Jeffries en batería. Así que tras una breve introducción en la que Johnson afirmó estar “muy contento de presentarse en Buenos Aires por primera vez” , sin más demora iniciaban su esperado debut en el país.

El tema destinado a romper el hielo fue “Wilding”, primer track de Shadow of the Sun. Con este, los Moon Duo sentaban las bases por las que transcurriría el resto de la noche: hipnóticos grooves krautrock y bases minimalistas de sintetizador en la línea de Suicide (una de las principales influencias del dúo de San Francisco, y se nota), la ocasional introducción de voces difusas y enterradas bajo los instrumentos, pero, por sobre todo, los demoledores solos de Johnson, que atraparon la atención generalizada en cada ocasión. Se trata de una fórmula que constituye el modus operandi por defecto de la banda, la cual vienen ensayando con menores y mayores variaciones desde sus primeros singles y EPs.

Si bien este apego a una misma receta hace que de a momentos el sonido de Moon Duo se torne un tanto predecible y cansino, ocasionalmente transformándose en música de fondo ante la falta de variación, esto se ve en parte contrarrestado en la presentación en vivo: la banda gana inmediatez, y el sonido se torna más hipnótico que nunca, produciendo un estado narcótico y de ensueño en el oyente. Asimismo, una nueva sensibilidad pop que aflora en canciones como la corta “Animal” (de dos minutos, en oposición a los más de cinco que suelen durar los temas del dúo) quita cierta claustrofobia al sonido de los previos trabajos, mostrando que tal vez al grupo todavía le quedan caminos por explorar.

En el costado izquierdo del campo, cerca de los baños, una chica saca su celular del bolsillo en mitad del show y comienza a grabarlo. La interfaz de grabación cuenta con un simple sistema de barras que indican el nivel del volumen: mientras más arriba llegan estas, más fuerte es el sonido que se está captando. La pantalla no miente. Las barras rara vez bajan, indicando un sonido sumamente fuerte. Y es que a excepción de unos pocos precavidos que tuvieron la ocurrencia de llevar tapones para los oídos (un uso que cada vez se revela más necesario ante lo ruidoso que pueden llegar a tornarse algunos recitales de rock), el volumen extremadamente alto del show jugó una mala pasada a más de uno, en lo que probablemente fue el único problema notable de lo que por demás fue una organización correcta.

A lo largo de un poco más de una hora, el grupo alternó la presentación del nuevo álbum con el repaso de distintos hitos de su discografía, en un setlist variado y parejo. Tras una despedida parcial, Moon Duo volvía al escenario para el momento de los bises, y tras entregar otra muestra de su aplanador sonido, ponían fin al festival, agradeciendo nuevamente al público. Una vez bajo el telón, la gente comienza a dirigirse a la salida, entre el clack clack producido por las involuntarias patadas a las latas de cerveza desparramadas por el piso. Afuera, el frío de la calle detiene el hechizo psicodélico que mantenía a Niceto en su propio mundo y nos devuelve a la realidad de la Buenos Aires de trasnoche.

Fotos: Martina Stelian - http://martinastelian.wix.com/martinastelian