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NOISEGROUND FESTIVAL #5 - DIA 2
20/08/2016 - Teatro Vorterix

Por: Rodrigo Capeans - rodrigo@recis.com.ar

Noise (ruido): “…un sonido no deseado por el oyente, ya sea porque es desagradable, fuerte o interfiere con la escucha…”

Ground (tierra): “…superficie de la tierra, terreno, campo…”

El pasado sábado 20 el Teatro Vorterix, bajo la excusa de ser sede de la segunda fecha del festival que reúne las dos palabras expuestas arriba, se convirtió precisamente en eso; en el terreno marcado para contener toda la violencia y suciedad de los géneros más pesados y malditos del rock. Durante un poco más de seis horas, el ex-Teatro Colegiales fue templo de la congregación de docenas de fanáticos del metal, sedientos de colosales riffs de guitarra, punzantes líneas de bajo, destructivos aporreos de batería y la ocasional voz poseída y llevada por el trance.

Trastocada a raíz de súbitos cambios organizativos en sede y line-up, la fecha de cierre quedó conformada por un equipo 100% nacional, siendo los actos internacionales agrupados en el día uno. Pero lejos de extrañarse lo de afuera, el sábado sirvió de panorama para conocer quién es quién en la más-viva-que-nunca escena del stoner y metal local. A fin de documentar el fenómeno, Recis! acudió al llamado del diablo y el humo, siendo testigo de la conclusión de la quinta edición del festival Noiseground.


Es inevitable; casi un axioma: cada vez que hay fecha larga de festival, la primera banda del día abre para un pequeño grupo selecto, aquel de los que se animan a llegar temprano con ansias de no perderse de nada, entusiasmados por escuchar aquellos grupos que tal vez no son los que más resaltan por nombre en la grilla pero que sin embargo pueden resultar ser una grata sorpresa. Tal fue el caso de MONTAÑA ELÉCTRICA, que a las 5 de la tarde daban arranque a la jornada con su heavy psych estilo setentas, presentando temas de su álbum debut, Sobre lo Sagrado. Y la puntualidad valió la pena: con logrados pasajes instrumentales, en los que la banda juega a pausar y volver a arrancar, inyectando ácido a la guitarra y disonancia en iguales medidas, la propuesta del grupo fue una de las joyas ocultas de la noche.

Una vez finalizado lo de Montaña Eléctrica, llegaba el turno de GRIPE, quienes sentaban la base que transitaría buena parte de la jornada: stoner, stoner y stoner. Sludge sucio y pesado con algunos puntos altos y un buen manejo del factor ruido, como en la épica “Bromuro de Pancuronio”, tema de cierre de su participación, lo de Gripe convence, si bien la banda de a ratos se pierde entre lo común del género. Por su parte, la presentación de PERSONA a eso de las 18.40 marcaba un interesante y bienvenido quiebre ya que si bien el ruido que supo conjugar de a ratos el cuarteto no tuvo nada que envidiarle al de sus pares, su sonido en buena medida apuntó en otra dirección, con sus trabajos instrumentales regidos en buena medida por el prog como norte y no tanto por la brutalidad física del metal. Así pasaron temas como “El Eternauta” o “Los Perros”, pertenecientes a su debut homónimo, disponible de forma gratuita en Bandcamp.

Luego, un retorno al stoner, primero de la mano de SUTRAH y más tarde a cargo de AUDIÓN. Mientras que el trio formado en el 2006 se despachó con un correcto set de 40 minutos, pesado como indica el género, el caso de Audión se vio afectado por adversidades ajenas a la banda. Es una lástima que ciertos problemas técnicos de a ratos silenciaran la guitarra de Dizzy Espeche, y si bien esto estuvo lejos de empañar del todo la presentación del grupo (hay demasiada magia de por medio en este supergrupo como para que ese sea el caso), sí influenció el discurrir del show: incluso cuando más adelante se optó por otro parlante como canal para la viola, esta quedó unos escalones por arriba de sus pares en la escala de sonido, tapando un poco al bajo y la batería.

El sexto turno de la noche correspondió a BANDA DE LA MUERTE, con el grupo enchufado a mil, arengando al público y devorando el escenario. Concisa y vertiginosa, la presentación del cuarteto se sintió como una inyección de adrenalina: si hay algo que la Banda sabe hacer es mezclar pesadez y rudeza estilo metal/stoner (temas como “Ejército de Uno”) a la vez que se sienten igual de cómodos dotando a sus canciones de la velocidad y pulso del hardcore, como en la confrontacional “Cerdos”.

Por su parte, aquellos que vienen siguiéndole el rastro a los cordobeses de SUR OCULTO hace rato (que al juzgar por la excelente recepción que tuvieron el sábado son cada vez más) se alegrarán al saber que el grupo se mantiene tan inclasificable como el día que debutaron, con su ecléctico jazz/rock/prog/lo-que-sea siendo una efectiva manera de volar cabezas donde sea que suene. El trío teclado/bajo/batería desempolvó algunos de sus mejores instrumentales, a la vez que presentaron un par de novedades, incluido una con irresistible base funk que hizo momentáneamente intercambiar el headbanging por baile. Impecable.

Y si bien ya se habían sucedido más de cinco horas intensas, con cortes tan breves que apenas dejaban tiempo a recobrar el aire entre presentación y presentación, todavía faltaba la frutilla del postre: la esperada presentación de LOS ANTIGUOS y un cierre a puro rock pesado, salvaje y demoledor. Al igual que les sucedió a Audión en su turno, Los Antiguos también corrieron con un desperfecto en su contra. Lamentablemente, la voz de Pato Larralde, una de las más personales y reconocibles del metal local, con bastante frecuencia quedaba enterrada tras los instrumentos de sus compañeros de banda. Y si bien esto difícilmente sea de extrañar en el rock pesado, donde es más que frecuente que en la búsqueda de la ferocidad haya superposiciones de este estilo, en esta ocasión de a ratos fue demasiado, con temas en los que apenas se escuchaba palabra alguna.

Al público, sin embargo, no pareció importarle: la simbiosis alcanzada por la banda es demasiado imponente como para resquebrajarse, con el grupo siempre a punto, dejando todo en cada solo y arengando en el momento justo. Un nivel y tipo de entrega que, sin dudas, los seguidores saben registrar y apropiar, contestando a puro headbang y pogo. Y si no se llega a escuchar algo, no importa: ¿cómo no van a poder ellos completar el canto, si se conocen de memoria la letra de “La Culpa Al Viento”, “El Inventor Del Mal” y demás himnos de la banda? Ellos lo saben, Larralde también y, tras un “gracias, locos, sin palabras” , se tira hacia el público que lo vitorea y levanta por sobre sus cabezas.

Para el final, un gesto ejemplar: la idea de la cultura metal como una gran familia, de la que se podía ir apreciando partes en el hecho de que cada banda agradeciera compartir la fecha con las otras y que más de una llevara remeras con el logo de sus pares, se refuerza cuando a la hora del cierre suben a tocar y a saludar varios de los músicos de la fecha ante el aplauso generalizado del público. Lejos de la lógica “blanco o negro” que parece imperar en muchos ámbitos, según la cual se es de un grupo u el otro, el mensaje de unidad hacia el final del festival mostró que en el panorama del rock local, a veces la hermandad puede ser tan sólida como la música.

Fotos: Héctor Palacios para Enarmonía - Fotografía