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ATRÁS HAY TRUENOS - MI NAVE - JULIÁN DESBATS
18/02/2017 - Xirgu. Espacio Untref

Por: Rodrigo Capeans - rodrigo@recis.com.ar

Nunca se ve dos veces a la misma banda. La frase tiene olor a lugar común, pero es así: los músicos pueden ser los mismos, pero el contexto siempre cambia. Distintos escenarios, distintos ambientes y circunstancias.

En el caso de Atrás Hay Truenos, la presentación del pasado sábado distó de ser la primera a la que asistimos. Sin ir más lejos y retrotrayéndonos al pasado más o menos reciente, ya habíamos tenido la oportunidad de verlos en vivo en dos situaciones completamente distintas: como acto principal de una fecha dedicada a la presentación de su más reciente álbum, Bronce, en el teatro Caras y Caretas en agosto del año pasado; o como parte de la escudería LAPTRA, en el festival del sello, también a fines del 2016 en el Konex. Mientras que en la primera ocasión los neuquinos gozaron del centro de la velada, aprovechando para explayarse tanto en música como puesta en escena a sus anchas, lo ajustado del cronograma de la segunda ocasión implicó que la presentación fuese más sobria y corta: nos gustó, pero nos habían dejado con ganas de más. Mucho más.

La fecha en el Teatro Margarita Xirgu, entonces, vino justa: lugar íntimo y tiempo para que los Truenos hagan de las suyas. Pero antes de que se subieran al escenario, la cosa ya se iba condimentando con la música de JULIÁN DESBATS, en el primer turno de la noche. El guitarrista y cantante de Los Rusos HDP también le entra al formato cantautor y ahí estaba, guitarra eléctrica en mano, regalándonos las canciones que cocina como solista, descriptas por el mismo autor como “viajes de noche por los corazones rotos” . Hay bastante de cierto en la valoración de Desbats: la dura “Racing Campeón” toma el conflicto banal como disparador para la violencia reprimida (“mató a su hermano en la navidad / discutían por el Racing campeón” ), mientras que para el final nos contaba del desazón de la rutina obrera.

Un rato pasadas las diez, los que se subían a tocar eran los rosarinos de MI NAVE. El quinteto navega por aguas también transitadas por otras bandas actuales, tomando referencias del shoegaze, dream pop y otros géneros afines. Música nocturna, debatiéndose entre lo oscuro del negro y lo sensual del púrpura, llena de distorsión, cantos etéreos y atmósfera soñadora. De a ratos las voces quedaban un tanto enterradas bajo las bases musicales (algo no tan raro en el directo de este tipo de música), pero en cualquier caso nos permitió apreciar que instrumentalmente saben lo que hacen.

Ya nos acercábamos a la medianoche cuando, ahora sí, los ATRÁS HAY TRUENOS finalmente hacían acto de presencia. Para esta altura la sala ya estaba llena y los que estaban sentados, ya no lo estaban: atención al escenario, que el show iba empezar. Casi a oscuras, solamente iluminados por la ocasional luz pálida e imágenes psicodélicas de la pantalla a sus espaldas, los muchachos daban el puntapié inicial con la suave “Para siempre”, de su último trabajo. La elección no era casual y develaba bastante las líneas por donde iba a ir la noche: mucho material de Bronce y espacio para su costado más tranquilo y ambient, aquel que fueron descubriendo en el último tiempo. Aunque, claro está, sin olvidarse de su lado más energético y directo. Es por eso que la clave estuvo en el moverse con gracia entre climas y estados, algo que les sale notablemente bien. Como cuando hacia el final de la emotiva “Encuentro”, con la evocativa frase “no puedo encontrarte en ningún lado” sonando por sobre los últimos acordes, de a poco la banda comenzaba a agarrar ritmo de vuelta, enganchando “Cara de Mapa”. Tramos más relajados y contemplativos, contrastantes con los más violentos: reposo y descarga.

Puntos de encuentro (un par de covers o, como ellos los llamaron, “interpretaciones libres” de temas que los marcaron como banda) pero también de quiebre con las presentaciones anteriores a las que asistimos. Durante la noche de agosto en el Caras y Caretas, los neuquinos de a rato le entraban al misticismo y se ponían a recitar poesía improvisada, además de hacer juegos vocales o soltar frases enigmáticas entre tema y tema. Esta vez no lo hicieron.

Quizás porque se dieron cuenta que no era necesario; que con su música ya nos atrapan lo suficiente y pueden acaparar nuestra atención cuanto quieran. Hay ratos en los que están particularmente afinados y logran canalizar todas sus influencias con maestría, ya sea con Aleandri cantándole a la nada, mirada perdida a lo Curtis; o con un ritmo motorik bien hipnótico directo de la batería de Zuñiga (no por nada mencionan a Neu! de referencia)… y ahí nos cae la ficha: Atrás Hay Truenos no solo se ganó el título de gran banda, sino también el de pertenecer a aquellas que hoy en día son imprescindibles.

Las fotos son de Nadia Guzmán (muchas gracias)