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FESTIPULENTA #25 - DÍA 1
24/02/2017 - Club Cultural Matienzo

Por: Rodrigo Capeans - rodrigo@recis.com.ar

Que el Festipulenta es un punto de reunión indispensable en el under argentino ya lo sabíamos. Ahí estuvimos cuando la cita se daba en el Zaguán, cuando todavía no se habían celebrado las 20 ediciones y cuando la cosa duraba a lo sumo un par de jornadas. ¿Cómo nos íbamos a perder entonces la edición número 25, primera tras un hiato de dos años? Recargado y en formato extra-large, durante las 4 noches (!) del fin de semana largo de carnaval el Club Cultural Matienzo se convirtió en una fiesta, con el paso de más de 20 artistas por su escenario: algunos ya clásicos en el festival, otros debutantes. Pero eso sí: para todos los gustos y preferencias, en sintonía con el espíritu siempre ecléctico del festival.

El puntapié inicial se daba en clave de continuidad: volvía el Festipulenta, volvía el acústico. Al igual que en otras ocasiones, el primer turno de cada noche fue en formato unplugged. O sea guitarra acústica y a cantar a voz pelada en el patio del Matienzo, como se hace en el fogón. A eso de las 21 pasadas, JOE PALANGANA nos presentaba su repertorio cancionero, acompañado en bombo por un amigo. Temas predilectos: el (des)amor, las despedidas que tanto duelen y el peso de lo vivido y la memoria. Así pasaban la sentida "Lori" y la catártica "Te convertiste en árbol", repitiendo el estribillo cada vez con un poco más de fuerza, saliéndole bien de adentro. Para el final, un recordatorio: “no voten a la derecha en las próximas elecciones y sean felices”.

Ya dentro de la sala cubierta, las cosas tomaban un giro de 180 grados con la presentación de VERDE Y LOS CABALLOS A MARTE, en reemplazo de Las Edades, grupo originalmente pactado para esa hora. El caso de Verde no es tan disímil al de otras bandas indie actuales, más cercanas a texturas instrumentales y la experimentación que al pop-rock de verso y estribillo: no es raro encontrarse por festival al menos un grupo que haga shoegaze, post-rock o un híbrido entre ambos. Tres guitarras, muchos efectos sonoros y un bombo como único soporte percusivo marcaban la curiosa propuesta, que en su afán por volcarse tanto hacia lo atmosférico (largas suites en su mayoría sin voz, muchas veces sin siquiera crescendos o cambios de intensidad) quizás se volvió mayormente para fanáticos acérrimos del estilo.

Se podría decir que con la subida al escenario de CHILLAN LAS BESTIAS retornábamos a aguas más normales, pero sería una verdad a medias. Difícilmente se puedan encontrar otros grupos en el país con una propuesta similar a la del conjunto uruguayo-argentino: una pata en el rock y la otra en el blues y el jazz, mientras un violín (pocas veces reclamado por el rock, pero cuando se lo hace siempre es bienvenido) pinta de fondo arreglos sobrios y oscuros. Y el cantante. Imposible quedarse indiferente ante la presencia de Pedro Dalton (también vocalista de la banda de culto uruguaya Buenos Muchachos), una suerte de Tom Waits rioplatense que canta/relata sus historias de impronta tanguera directo de un libro enorme apoyado en una silla. Música de medianoche, de bar con silencio de ultratumba. Algunos puntos altos: "Mecha Corta", "Nafta & Bic" y el cierre con "La Bestia".

Era medianoche cuando NAHUEL BRIONES + ORQUESTA PERA REFLEXIVA tomaban por asalto el escenario en lo que sería uno de los shows revelaciones del festival. Antes de empezar Briones, con vestido negro y uñas y labios pintados de rojo, se acercaba al micrófono y con tono seguro nos decía: “si no se paran, no hacemos nada”. Es que la cosa pedía una actitud más activa por parte del público, que ahora tenía la difícil tarea de tratar de seguirle el ritmo al ecléctico crossover de géneros propuesto por el grupo: baladas folky ("Flores"), jugueteos con un sonido electro-pop ("Fetiche") y una larga lista de otras variaciones estilísticas, incluso mezclando un charango sobre bases de sintetizador en un momento del recital. Como punto de conexión se podría arriesgar de respuesta la presencia de Nahuel, showman con todas las letras, saltando de un lado a otro de forma hiperactiva o gesticulando al cantar las letras. Teatral y dinámico, pero eso sí, también con la capacidad de ponerse serio según las circunstancias, como al cierre del show con la canción de protesta y denuncia "Rinocerontes".

Otro grupo también debutante en esta edición del Festipulenta fue el de MARINA FAGES Y CHICAS DE HUMO, responsables de darle a la primera fecha la dosis necesaria de rock, en el sentido más clásico del término: potente, ruidoso y guitarrero. A Marina ya la conocemos de otros proyectos, tales como su notable disco solista Dibujo de Rayo, del año 2015. Ahora muestra que también sabe elegirse buena compañía, y su cuarteto derrocha energía y actitud. Todavía estamos a la espera del álbum debut que compilará las canciones que les escuchamos tocar el viernes (N.del. Ed: el EP está al salir), pero el diagnóstico es que hay con qué entusiasmarse: así lo probaron la reversión de "Anillo Radioactivo" (del anteriormente mencionado Dibujo de Rayo), o el cierre con "Lleváme", que pidió a gritos (y consiguió) pogo por parte del público.

Ya nos acercabamos a las 2 y media de la madrugada cuando el calor se empezaba a poner pesado: lugar cerrado, mucha gente, horas de estar parado y saltar. Más de uno emprendía el camino a la barra, a pedir otra cerveza con la cual bajarle lo dramático al asunto. Pero ni pensar en irse, porque se venía el gran cierre: los MI AMIGO INVENCIBLE iban a coronar la primera fecha, redonda por donde se la mirase. Y así lo hacían, arrancando su set con "Alas Baten el Cielo", de su disco de 2013 La Nostalgia Soundsystem. Ya desde temprano se ponían en el bolsillo nuestra atención. Al poco tiempo, canciones de La Danza de los Principiantes (2015, todavía gratis en su Bandcamp; no hay razones para no escuchar) se colaban en la lista: "Adiós a las Nubes", "Me Cuidé Tanto", "Los Lobos". En cualquier caso, el mix de temas de sus distintos trabajos sirvió para ilustrar lo bien que se le da al grupo moverse entre climas y emociones, sonando igual de convincentes con la balada folky bajonera de "Noches de Ciencia Ficción" (difícil no cantar a coro) o descubriendo su lado más intenso con un potente instrumental al final de "Nada Peor que la Sed". Al cierre volvían para los bises con "Días de Campos Minados" y al terminar se la jugaban con una zapada a pura percusión: un lujo.

Sólo había pasado la primera fecha del festival y ya nos habíamos sacado todas las dudas que podríamos haber llegado a tener sobre su vuelta: cantamos a coro, transpiramos, hicimos pogo y también nos quedamos quietos, con las orejas bien abiertas, dándole una oportunidad a esa banda que no conocíamos pero que estaba por volarnos la cabeza. Si eso no era un testamento de lo viva que está la escena independiente, todavía nos quedaban tres días más para convencernos.

Fotos: Fernando Stefanelli

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