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RUCHOFEST #8
24/03/2017 - Ciudad Cultural Konex

Por: Rodrigo Capeans - rodrigo@recis.com.ar

Viernes 24, de feriado, de noche libre, de ganas de salir. Y si la salida incluía música, la cosa iba por el lado del Rucho Fest, volumen 8 (más que las Rockys, ojo). Porque las cosas buenas merecen una secuela (y otra, y otra, y otra…), el ciclo tomaba el Konex por asalto de la mano de seis artistas, para todos los gustos, sin discriminar.

Nuestro repaso de la noche, en el orden de presentación de los músicos.

Neo Pistèa:

Puede que por ahora el trap rap no haya pegado con tanta fuerza en el país, todavía siendo un campo de nicho en comparación al gigantesco espacio que ocupa en el mainstream de otros países, donde ya es una referencia ineludible. Pero eso no quiere decir que no contemos con algunos tempranos exponentes que comenzaron a adaptar el sonido popularizado por Young Thug, Future y Gucci Mane en Estados Unidos al ámbito local.

El primer turno de la noche con el rapero NEO PISTÈA (más amigos) a la cabeza fue una muestra de por dónde va el género cuando es versión made in Argentina: cuatro MCs intercambiando líneas sobre joda, faso, la ocasional autocelebración del talento rimero propio (y el bardeo a los que tratan de rapear pero no saben) y demás yerbas sobre instrumentales con los toques clásicos del estilo, pero eso sí, con el lunfardo local en oposición al slang estadounidense.

Le jugó una leve mala pasada a la presentación que el sonido no permitiera dilucidar con claridad las letras, y de a ratos el entusiasmo hizo que los raperos pudieran llegar a pisarse los unos a otros. Pero igual hay cosas con qué entusiasmarse: presencia rapera a puro swag, gesticulación y pose; lograda química entre los emcees, cediéndose el centro de la escena y los tiempos para rimar con criterio; y el estilo cool que siempre tiene que tener el buen trap.

Los Reyes del Falsete:

El segundo turno de la noche iba a para LOS REYES DEL FALSETE, y acá ya se revelaba una de las claves del festival: la yuxtaposición de sonidos y mezcolanza estilística. Hay eventos dedicados al indie (de sobra) y al rap, pero no siempre se encuentra alguno que se anime a juntar ambas escenas. Por suerte la jugada del Rucho Fest salió bien, revelando que se puede ser fanático de un buen beat hiphoppero y un riff pesado sin entrar en cortocircuito.

La primera aparición de la guitarra eléctrica, entonces, venía de la mano de los Reyes. ¿Qué se puede decir de ellos? En primer lugar, que siguen enormes en lo suyo, tan vitales como siempre. O como nunca, quién sabe. Sea como sea, el trío se subió al escenario y pronto dieron comienzo a la fiesta de la forma (rota): ruidismo, pasajes melódicos, de pronto un interludio jazzístico seguido al toque por un toque más pop, todo porque sí y porque les sale bien.

La cuota de eclecticismo que no siempre abunda en la escena, pero que cuando escuchamos nos damos cuenta que la andábamos buscando. “Las cosas como son”, “El lugar” y “La fiesta de la forma” fueron algunos de los temas que pasaron por el setlist, en el cual convivió lo nuevo (canciones de Lo que nos junta, del 2016) con las que ya nos conocemos de antes. Nada de qué quejarse.

Mi Amigo Invencible:

A los muchachos de MI AMIGO INVENCIBLE ya habíamos tenido la chance de verlos hace poco en la más reciente edición del Festipulenta, cerrando la primera fecha, por lo que todavía nos quedaba fresco el recuerdo de esa presentación. Esta vez el contexto fue diferente (y de ahí que hubiera recordatorio por el 24 incluido), pero las cosas salieron igual de redondas.

En el repaso de temas ganó la pulseada el material de La danza de los principiantes, ya no tan reciente (un par de añitos), pero al que todavía le seguimos sacando jugo: el riff enorme con el que arranca “Gato blanco atrincherado”, la pausa bajonera y melancólica con “Noches de ciencia ficción”, o la propulsiva “Edmundo año cero”. Las referencias a los temas más viejitos fueron más escasas pero igual de bienvenidas (“Me cuidé tanto”, “Mansa curda”).

El gran final, en paralelo con el del Festipulenta, los encontró abandonando el formato canción hacia el final para una jam basada alrededor de la percusión, más rítmico, menos guitarrero. Truquitos que ya nos conocemos, pero que igual nos siguen ganando.

Cabeza Flotante:

La velada seguía por el palo del rock con CABEZA FLOTANTE, quienes se subían al escenario tras un breve descanso. Noche sin dudas especial para la banda del sello LAPTRA que además de tocar oficiaban de organizadores: junto con su hermano actor Esteban los Lamothe (Antonio, Manolo, Nacho) son los creadores del Rucho Fest, por lo que no podía faltar su presentación.

Para el que todavía no los haya escuchado, la referencia previa al sello de La Plata no es del todo casual: muchos puntos de contacto con la escena que sin duda remitirán al oyente a grupos como Bestia Bebé, con los que comparten ciertas afinidades en sonido y energía (¿o acaso no se imaginarían a estos tocando un tema como “El Final”?).

Indie guitarrero, pegadizo y con gancho, para mover el piecito a la par mientras veíamos el escenario. “Último día de verano”, “Esta noche” y “Nuestros sueños” fueron algunos de los temas que sonaron en vivo y que más de uno habrá chequeado en estudio más tarde.

Hojas Secas:

La repetida (y bienvenida) presencia de los HOJAS SECAS en varios festivales de los últimos meses hacen que a este cronista –disculpen la irrupción de la primera persona- se le esté volviendo difícil encontrar formas creativas de describir cómo suenan los platenses en vivo. En buena medida la cosa es intercambiable para todas las ocasiones: mismos adjetivos, similares puntos altos y sensaciones.

Lejos de ser una acusación, esto es, en cualquier caso, un punto fuerte: la rompen cada vez. El piso de calidad está asegurado. Suena “ap” o “Malambo de acero” y nos vamos todos adelante a hacer pogo. Terminan con “La vida que te embrolla” y la verdad es que hay que ser poco humano para no gritar “HOY TE VOY A DAR UN PEDAZO DE CARNE CON ARROZ” a la par, salido bien de adentro.

Eso.

Marcianos Crew:

El cierre quedaba a cargo de MARCIANOS CREW. El rock dominó el tramo medio del festival pero los extremos fueron para el rap. Aunque lo de Marcianos, hay que decirlo, no fue del todo similar al primer acto: en esta ocasión las bases instrumentales fueron más variadas, no tan apegadas al trap. Algo de scratching, ritmos latinos, reggae y demás influencias aderezaron los beats sobre los que rapearon los emcees.

De la mano de Marciano (Sergio Grasso), arengando al público constantemente (“¿ESTÁ AHÍ, MI GENTE?” ), la cosa terminaba en fiesta. Invitados, los hubo: en un punto Neo Pistèa y compañía se sumaban a intercambiar rimas sobre un beat mutante, cruza de trap con cumbia, y al poco tiempo la cosa sonaba a reggaetón. Música de baile, sin preocupación de romper barreras entre géneros y estilo.

Final apropiado para un festival que apostó por la variedad y ganó.

Cruzando los dedos por otros ocho más.

Las fotos son una vez más de Nadia Guzmán (también una vez más va nuestro agradecimiento por su buena onda ante los reiterados pedidos de fotos)