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LIBRO DE LINIERS
Por: Matías Recis - matias@recis.com.ar
Este artista, que ilustró el envase de discos de Andrés Calamaro, Alvy Singer, Kevin Johansen y Chúcaro, desplegó todos sus personajes en un enorme libro de una presentación y un diseño exquisito.

SENSIBILIDAD ANIMADA

Ediciones de la Flor editó el libro de Liniers, “Macanudo Universal”

Scalabrini Ortiz analiza, en su obra “El hombre que está solo y espera” (1931), la palabra macanudo, un elemento típico del lenguaje popular porteño: “Macanudo es por igual el despilfarrador, el aquiescente, el enérgico, el débil de carácter y ‘seguidor’, el voluntarioso, el expansivo, el pundonoroso, el austero, el emprendedor y el apático”. Cada una de estas conductas que el escritor menciona, afloran diariamente en las historietas que Liniers publica desde el año 2002 en La Nación (y que precisamente llevan como título Macanudo).

Aunque gran parte de estas tiras fueron reunidas por Ediciones de la Flor para componer los primeros cinco volúmenes de Macanudo, su reciente libro, Macanudo Universal, esgrime la totalidad de su producción editada (más algunos bocetos, historietas inéditas y extras, en los cuales distintos colegas continúan su obra). Si bien en una de sus tiras Liniers puede retomar un lenguaje absurdo y representar a las dudas, las pesadillas, las melancolías y las ideas, sentadas juntas en una mesa tomando café y comiendo palmeritas, asiduamente las viñetas de Macanudo Universal fagocitan una infinidad de personajes –--en su mayoría seres antropomorfos--- que desprenden sátiras hiperbolizadas sobre la idiosincrasia y la cultura porteña. El humor de estos actores enhebra la inocencia con la denuncia política. Estas polaridades se conectan sobre Enriqueta, una niña similar a Mafalda con un insondable universo interior, que reflexiona y juega con sus mascotas, estimulada por la naturaleza y los libros.

Sin dudas, Liniers espera de su interlocutor un cierto desarrollo en su preparación cultural: la temática de sus tiras articulan distintas áreas del arte –como música, pintura y literatura-. Al mismo tiempo, traza un profundo anclaje en lo cinematográfico, principalmente en su composición estética: varios de sus personajes parecen soltados de películas de Lynch, Kubrick o Bergman.

En consonancia, Liniers vuelca algunos recursos visuales de este lenguaje sobre sus viñetas: cambios de ángulos, planos fijos y una cadencia lineal, como en un cuadro- secuencia. Sobre sus encuadres pivotea el adentro y el afuera: el dibujante intenta en cada plano yuxtaponer los renglones de lo que se muestra y lo que se insinúa. Así, enhebra con suspenso algunas de sus mejores bocanadas, mientras en cada escena se retroalimenta el presente y el pasado -y aquello que se ubica atrás y adelante.

Pero quizás la característica más distintiva de la obra de este artista sea la fragmentación y la irregularidad que traza sobre la forma de los cuadros y los textos, los cuales adquieren sobre el espacio una distribución disonante y desequilibrada.
Liniers galvaniza un puente con sus creaciones y junto a éste reverbera cada uno de sus pliegues ideológicos: fricciona su agudeza sobre la televisión, la telefonía celular, la publicidad, la rutina, la ciudad y los políticos.

Para direccionar su obra sobre estos hemisferios, se apoya en sus vértices surrealistas, cubistas y dadaístas, desordenando así todo aquello que el lector espera de una historieta. Su humor se ríe del humor.