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Libro sobre la Orquesta Nazi
Por: Matías Recis - matias@recis.com.ar
Editorial Edhasa publicó el libro “La orquesta del Reich” de Misha Aster

Avestruz embanderado en el pentagrama



La música, una de las expresiones más populares y masivas del arte, ha sido históricamente utilizada por los diferentes gobiernos como un puente para propagar su idiosincrasia mediante determinados compositores.

Uno de los periodos en el cual tomó mayor relieve este vínculo fue en el nazismo. Este régimen apuntaló su lineamiento estético y político sobre las masas mediante la Filarmónica de Berlín.
“La orquesta del Reich”, libro escrito por el canadiense Misha Aster, se introduce en los engranajes de esta relación asimétrica.

Este estudio (que deriva de documentos y actas del Tercer Reich, archivos y cartas de ex integrantes de la orquesta, colecciones privadas y del archivo de la Filarmónica) no está organizado cronológicamente. Cada capitulo aborda un bloque temático. Así analiza, desde diferentes aristas, el epicentro de esta orquesta fundada en 1882 a través de la autogestión y el esquema comunitario.

Aster describe cómo la hiperinflación, desatada en Alemania -luego de la Primera Guerra Mundial-, dejó en bancarrota a la Filarmónica de Berlín. En ese momento, el nazismo en principio, se hizo cargo de las deudas de la orquesta, y luego compró las acciones de sus músicos. Poco tiempo después, en 1933, Hitler y su ministro de propaganda (Joseph Goebbels) aprobaron a la filarmónica como la orquesta del Tercer Reich. La “joya musical del nacionalsocialismo”, se convertía en una herramienta medular para la propaganda cultural del régimen.

A partir de este viraje (que puso fin a su pretérita horizontalidad organizativa), no se contrató ni se aceptó más a ningún judío. Dentro de la Filarmónica de Berlín, muchos de los músicos, algunos miembros del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), exigían que se desplace a sus compañeros no arios. Se disolvía así el espíritu comunitario del conjunto.

Entre las obligaciones de la Filarmónica de Berlín, se incluyó jurar lealtad al nazismo y honrarlo fuera y dentro de la orquesta; hacer ejercicio físico y realizar conciertos benéficos y político-culturales (tocaron en los Juegos Olímpicos de 1936, cumpleaños del Fürer y para los soldados nazis en el extranjero).

Además, el gobierno utilizaba los conciertos en el exterior para exhibir la superioridad artística de Alemania y de la raza aria. A cambio, la orquesta recibía los mejores honorarios que ofrecía el gobierno y un incremento de su actividad laboral, nunca antes alcanzada (no obstante, durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo problemas para trasladarse y varios ataques aéreos durante los conciertos, provocaron la suspensión de algunas funciones). Al mismo tiempo, fueron los únicos hombres que estaban totalmente eximidos de combatir en el frente de batalla: para el gobierno eran más importantes haciendo propaganda cultural que con un fusil. Sin embargo, cuando las tropas alemanas comenzaron a replegarse, los músicos eran obligados a hacer guardias nocturnas de protección antiaérea desde el edificio de la Filarmónica.

Indudablemente, los líderes nazis sentían una conexión ideológica y una preferencia por la orquesta: Hitler asistía a sus conciertos con frecuencia. Cuando la ocasión se hacía presente, interpretaban el himno nazi. Ya con la afiliación, en 1935, a la Asociación de Conciertos de Berlín, comenzaron a incorporar simbologías nacionalsocialistas a sus conciertos.

En la segunda mitad del libro, su autor dedica un capítulo para analizar el repertorio musical, celosamente supervisado por el Tercer Reich: a partir de 1942, todas las obras debían ser previamente aprobadas para interpretarse. Entre los autores más abordados, se preponderaba a Bruckner, Schumann, Wagner, Strauss, Beethoven y Mozart, entre otros.

Misha Aster se fabrica espacios entre la documentación recabado para cruzar algunas opiniones personales. En algunos de estos párrafos, justifica los mecanismos de seducción utilizados por el nazismo sin contemplar, por momentos, la raíz de estas adulaciones: “La orquesta tenía muchos motivos para estar agradecida”, afirma el autor en este libro. Así, el canadiense, describe como beneficiosas y lujosas las dadivas del Tercer Reich, argumentando que este gobierno sacó a la Filarmónica de la bancarrota; aseguró su situación financiera; le brindó una popularidad nunca antes alcanzada; favoreció con un plan de viviendas del Estado a los músicos para que vivan en Berlín; y les otorgó la posibilidad de viajar fuera del país.

Pero dejando a un lado las arbitrariedades del autor (y su carencia para elucubrar un panorama preciso sobre las libertades dentro de la orquesta), esta investigación revela su trascendencia vital en el frondoso material cosechado: Aster bucea bajo la piel del metalenguaje nazi desarrollado a través de la sumisión colaboracionista de sus músicos.