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Música y Matemática
Por: Matías Recis - matias@recis.com.ar
“¡Matemática, Maestro!, un concierto para números y orquesta”, libro de Pablo Amster.

Los ángulos de los bemoles

“El azar no existe; Dios no juega a los dados”.
Albert Einstein


La relación entre el arte y la matemática es tan estrecha como inseparable, a tal punto que resulta difícil delimitar los contornos de cada uno.

Sin embargo, Pablo Amster, doctor en matemática (UBA), comenzó un primer estudio titulado “La matemática como una de las bellas artes” (2004).
En su nuevo libro, Amster es cautivado por su actividad paralela como guitarrista, y compone “¡Matemática, Maestro!, un concierto para números y orquesta”.

Guiado por un eje musical, este texto (publicado por Siglo Veintiuno Editores y la Universidad Nacional de Quilmes), está organizado por un preludio y cuatro movimientos. Aquí, el autor, inicia su análisis en la Antigüedad clásica, atraviesa la Edad Media, el Renacimiento, el Romanticismo, y llega hasta el siglo XX a través de la música atonal.
En estos capítulos, fricciona los conceptos sonoros de Pitágoras, Bach, Platón, Bela Bartòk, Descartes, Mozart, Aristóteles, Arnold Schönberg, Ptolomeo, John Cage, Newton e Iannis Xenakis.

Pivoteando a partir de los pensamientos de estos autores, Pablo Amster, examina el proceso de la afinación, los armónicos, las notas musicales, los acordes y la acústica, a través de la aritmética, la geometría, el álgebra y la matemática.

Al mismo tiempo, traza simetrías, proporciones y relaciones numéricas entre los intervalos, ritmos y reglas armónicas; multiplica notas y las divide, buscando la afinación de una cuerda de guitarra; expone la relación entre el eje cartesiano y el pentagrama, en el cual, “X” representa el tiempo de duración de la nota, e “Y” su altura; compone un reloj a partir del círculo de quintas que forman las doce notas de la escala cromática; analiza, mediante fracciones y logaritmos, las imperfecciones sonoras de esta escala, la natural, la pitagórica y la temperada.

Si bien el preludio y sus cuatro movimientos representan un material cautivante, en este concierto, Amster, intenta -en el “Primer bis”- explicar las peripecias del matemático a través de diferentes versos de tangos, pero ambos van en diferentes compases y no terminan de ensamblarse entre sí, ni con el resto del libro. En el “Bis de bis” agrega notas y aclaraciones sobre las canciones que utilizó para las vinculaciones, lo cual resulta redundante, desprendiéndose además del eje central de la investigación.

No obstante, a pesar de los últimos párrafos del libro, en “¡Matemática, Maestro!” Pablo Amster desarrolla experimentos curiosos y originales, articulando sus conocimientos en ambas áreas. El lector no requiere una preparación previa, ya que Amster parte desde conceptos musicales básicos hasta profundizar en estudios complejos (en las notas al pie de página, amplifica sus teorías ofreciendo Internet como un canal de consulta).
Pablo Amster enhebra el lenguaje de la matemática con el de la música, utilizando el humor como tónica. Así, a través de su singular naturalidad, juega y entrecruza los filamentos más íntimos y sigilosos del sonido.