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SEIICHI YAMAMOTO - YUJI KATSUI
05/06/2005 - La Trastienda, Cap. Fed.

Por: Alejandro Hanevy - hanevy_a@hotmail.com

En uno de sus viajes a Japón, Fernando Kabusacki, uno de los músicos más interesantes (y también de los más controlados y digeribles) de la música experimental argentina, tocó con agrupaciones como Boredoms y Rovo donde conoció a dos de los principales músicos de ambas bandas, Seiichi Yamamoto y Yuji Katsui. Este año Tribulaciones TV, (Canal à) programa responsable en años anteriores de traer a la Argentina a músicos y bandas como Stereolab, Medeski Martin & Wood, Bill Frisell y Primus, tomó la iniciativa de volver a juntar a los tres músicos, esta vez en Buenos aires.

Seiichi Yamamoto (Boredoms, Omoide Hatoba, Rovo), uno de los puntos de referencia más comunes al hablar de la escena noise japonesa que inició en los 80’s, pero en su caso con un reconocimiento expandido fuera de Japón a partir de su trabajo con John Zorn en Naked City y la participación de Boredoms en una edición del Lollapalooza a mediados de la década pasada, y Yuji Katsui (Bondage Fruit, Rovo), otro músico que se mueve en las mismas coordenadas con el mismo prestigio y que comparte proyecto con Yamamoto en Rovo, grupo de improvisación que gira en torno a estos dos músicos principales donde se alejan de ruidismo radical de Boredoms para crear ambientes que son más acordes a una psicodelia cercana a lo que fue el kraut-rock alemán a finales de los 60’s, se presentaron el domingo 5 de Junio en el escenario de La Trastienda para compartir un show con una formación armada para la ocasión.
Después de participar (improvisadamente?) sin mucha difusión previa en el recital que dio Francisco Bochatón el día anterior en el mismo local, Yamamoto y Katsui se acoplaron al grupo compuesto por Kabusacki en guitarra y samples, Santiago Vazquez (Será una Noche) en percusión, Alejandro Franov (Puente Celeste, Juana Molina) en teclados y eventualmente sitar y arpa; y el Mono Fontana (Mono Fontana) en teclados, para convertirse en un sexteto que luego (veremos cómo pero no por qué, nadie lo sabe) derivó lamentable e innecesariamente en un octeto.

El recital, que consistió en improvisaciones extensas unidas por sutiles cambios de ambiente, estilo y ritmo se dividió claramente en dos partes:

La primera fue lo que se esperaba de la conjunción entre los dos músicos japoneses con una banda formada por Kabusacki: el armado de ambientes sonoros improvisados con pauta de experimentación sobre la marcha (demostrado en este caso por la presencia de pedales de efectos que no fueron usados en ningún momento por Yamamoto) pero totalmente controlados y sin desbordes, lo cuál desilusionó a algunos que esperaban ver a Boredoms encarnado en la persona de Yamamoto. Pero convenció a los demás, que entendieron que en cualquier formación donde haga peso Kabusacki (y me refiero a agrupaciones que de alguna manera estén lideradas por el guitarrista) habrá control por sobre el descontrol que significa volverse noise (sabemos que el ruido es difícil de controlar), lo cuál en realidad no llega a verse en extremo en Kabusaki con mucha frecuencia. Algo que en éste caso tuvo un buen resultado, salvo para quienes esperaban otra cosa. Más allá de cualquier expectativa y duda que podía generarse previamente, llegado el momento el grupo funcionó muy bien, sin que ninguno de los músicos se excediera con su instrumento, algo que en éste tipo de presentaciones significa una falta grave. Por suerte, esto no ocurrió… hasta la segunda parte del recital.

Después de varios minutos de improvisación sin descanso pero descansada ayudada por un sonido perfecto que es común en el local, se anunció un intervalo de cinco minutos que fueron diez.

Lo que en la primera parte fue un balance perfecto tanto en la relación entre los seis músicos que estaban sobre el escenario, como en los volúmenes de cada instrumento, en la segunda parte del recital, se convirtió en algo así como un olvido de los dos invitados. Como escribí antes, lo que menos le hace falta a una improvisación en la que se construyen atmósferas delicadas es romper ese clima con excesos. Y eso fue precisamente lo que pasó, cuando inexplicablemente a alguien se le ocurrió que era una buena idea agregar una segunda batería para Fernando Samalea que no tenía a nadie más para molestar. Esto hizo que lo que se había construido en la primera mitad del recital, se partiera en dos cada vez que Samalea intentaba volver rockera una presentación que no necesitaba volverse rock. Mientras alguien del público se incendiaba, y una chica bailaba desaforadamente, se escucharon algunos gritos en contra de la actuación descolocada este segundo baterista que, con algo de suerte, habrá escuchado y sabido lo que pensaba parte de la gente que no quería cambios innecesarios. Y con mucha razón, porque hasta el momento, Santiago Vazquez había hecho su trabajo más que bien en su batería armada con diferentes instrumentos percusivos orientales y occidentales. Y una segunda batería, estúpidamente microfonada, no podía hacer otra cosa más que tapar a los demás instrumentos y modificar todo el tiempo la dirección que estaban tomando en conjunto. Solamente durante unos pocos momentos (bajo evidente presión), lo que se escuchaba se volvió casi funk y el constante ritmo, insoportablemente tosco, y sin variaciones de Samalea no pareció del todo fuera de lugar.
Por cierto, en ésta segunda parte también se les unió Charly García en un tercer teclado, pero no hizo gran diferencia más que aportando algunos de los sonidos Casio que a él tanto le gustan y un par de gritos del público.

En resumen, un buen show a mitad de camino, que con la división en dos partes, pareció también dividir al público en “Samaleistas” y “anti-Samaleistas” (quienes probablemente fueron los que, indignación de por medio, se robaron una computadora del escenario). Entonces: una muy agradable y relajante primera parte donde predominó la atención en los instrumentos tanto de los músicos como del público, y una segunda parte donde lo más interesante fue ver como alguien del público practicaba la combustión humana espontánea.

Como nota al margen, puede agregarse que terminado el recital y mientras Yamamoto regalaba discos a los fanáticos, Mario De Cristófaro, productor y conductor de Tribulaciones me comentó que parte del recital podrá verse editado en aproximadamente un mes en la transmisión regular del programa. Y en poco tiempo, a partir de un acuerdo con el canal, se verán especiales donde se trasmitirá buena parte de los shows producidos por Tribulaciones, dentro de los que se incluirá seguramente éste mismo.

Mucho más al margen, tengo que mencionar dos momentos tristes que me quedaron grabadas de esa noche. El primero: un tipo asegurándome, mientras armaba un porro, ser “amigo de Spike Lee”. El segundo: Charly García subiendo solo a una limosina blanca con luces de neon azul a los costados en la madrugada del lunes.