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PANZA
04/03/2006 - La Castorera

Por: Martin Debaser - debaser@recis.com.ar

El cuarteto continua presentando canciones de su inquietante y ultimo album “Nada es rosa” ante un nido de castores repleto y con la banda moldeando un show distinto con interesantes versiones y cambios sumado a una vocalista que arrastra emociones contagiosas.


En este hueco, se respira con facilidad. El sitio acobija a las 150 personas (en su mayoría sentadas) que esperan a Panza en un concierto que asombra por lo temprano de su inicio: las 20 horas. La audiencia no tiende a levantarse y en este instante arriba la vorágine musical del combo con toda una declaración de principios en “DNI” (Si ser femenina es estar siempre hermosa… no lo soy/Si ser masculino es querer y no poder. No lo soy…) dejando claro su perfil feminista y achacando el sexismo para demostrar carácter y personalidad como performer. “Que pasa que no saltan y cantan? ¿Tienen miedo porque hay una chica en el escenario? encara Mariana Bianchini, desafiante e intimidante, con postura e idea tomada.


Ella se arrastra por las tablas. No importa la suciedad que adquiera. Expulsa con suavidad sus melodías con sentimientos cruzados, entre desesperación, violencia y caricias morbosas.
El sonido es parejo y la destacable labor vocal de Mariana le da un tipo de brillo que parece indeleble. Muchos se miran y algunos no “caen”. Después de unas canciones la banda logra paulatinamente aumentar la adrenalina con temas como “La Conspiración”, la sorpresiva versión de “21 días” (grabada originalmente en un tono rock-punk pero esta vez convertida a una velocidad más show).


Ahora la audiencia se relame frente al escenario y se arrima sin vergüenza. Comienza “Hilanderas” (de su EP “El Marajá de San Telmo) y la perplejidad vocal sigue viva en los cuerpos. Es el turno de “Popstar” y la temperatura sube a un grado no tan efusivo pero con mucha más aceptación y con pogo incluido. Los trabados ritmos percusivos de “Argentina” abren la persiana para que la guitarra de Sergio Alvarez destile sutileza y armonía. Casi en puntas de pie, Bianchini desfila como una verdadera “Bailarina anarquista”, canción que cierra el concierto con un resabio en el pecho y gusto agridulce. Panza puede ser denso a la hora de revolver miserias del humano, ser una generadora de múltiples interpretaciones y estados anímicos como así tomar una ideología firme como el feminismo y el anarquismo, que no son un estandarte de la banda en sí, pero se muestran como una fuente de influencia resonante para ellos.




Mail del fotografo: Eliz, Danyland y Matias