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EL OJO DE SANCHEZ
30/11/2006 - Hotel Bauen

Por: María de la Paz Spera - Paz@recis.com.ar

Al bajar por una empinada escalera caracol se llegaba una sala muy propia de un hotel continental, plagada de mesas circulares y cómodos sillones, perfectos para acomodarse detrás de una copa de martini. Claro que esta similitud es razonable si se tiene en cuenta que la escalera (y la sala propiamente dicha) se encontraban dentro del Hotel Bauen. Pero un primer contacto con el lugar dejaba la sutil impresión de estar inmerso en el decorado de una película de espionaje.

El escenario, enmarcado en medio de paredes de espejos, contaba con todos los instrumentos ordenados. Un denso cortinado de color rojo dibujaba el límite del escenario, y una solitaria botella de Villa del sur reposaba al costado de un micrófono.

Convocados por un ecléctica música proveniente de los parlantes, EL OJO DE SÁNCHEZ tomó su lugar detrás de sus instrumentos. Abrieron la noche con “Me fui”, mientras la gente tomaba asiento en el piso, rodeando a los músicos con sus cámaras en mano. Cada tanto se disparaba un flash, llenando la sala de una blanca fluorescencia que era un complemento más de la presentación.

Haciendo una breve pausa entre temas, Felipe Guntern (voz y guitarra) preguntó: “¿Todos saben que somos El Ojo de Sánchez?”. A lo que la gente contestó con una entusiasta afirmación. Aclarada la posible confusión de identidad, El Ojo de Sánchez presentó un tema nuevo titulado “Sancho”. Luego, un bloque de dos canciones (denominado por Felipe como Sweet en La menor ) llamó la atención de los plácidamente acomodados espectadores. Compuesto por los temas “Frasco” y “Néctar”, Sweet en La menor demostró la versatilidad de la banda, capaz de aglutinar sonidos inesperados con letras que construyen una casi táctil imagen imaginaria.

Al terminar “Serpientes”, decimocuarta canción y último tema nuevo, El Ojo de Sánchez se despidió. Los músicos salían del escenario uno a uno, y el público pedía “una más” con insistencia. Haciendo gala de sus dotes de persuasión, los espectadores convencieron a la banda que retornaran al escenario y encendieran sus equipos. Pero nada viene gratis en esta vida. La condición para una canción extra era que la gente abandonara los mullidos sillones y se parara, dejando de lado su acolchonada comodidad. La concurrencia pareció multiplicarse al dejar los asientos, y el entramado de cabezas frente al escenario logró tres temas fuera de la lista programada. Ya tomando peticiones, El Ojo de Sánchez cerró la velada con “Versace” y se deslizó del escenario antes de que la concurrencia pudiera convencerlos de extenderse en una canción más.