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EL ATOLON DE FUNAFUTI
27/06/2007 - Teatro Arlequines

Por: Gabriel Kirchuk - gabriel@recis.com.ar

San Telmo fue siempre un barrio preparado para albergar al rock en Buenos Aires, y el Teatro Arlequines ubicado en la calle Venezuela y la gigante 9 de Julio es un ejemplo de ello. Los miércoles no son prohibidos para que se prendan los amplificadores, entonces tres bandas distintas en género, pero con un objetivo común, el de hacerse escuchar, encendieron el fuego con sus instrumentos y así apaciguaron por un rato una noche bastante fría.

El primer turno estuvo a manos de DE LAS AGUAS, la ya clásica formación de un power trío, con la voz al mando del bajista, un registro alto y lúgubre. Un show cortito, que funcionó como un muestreo rápido de su propuesta, hard-rock rozando lo sicodélico, canciones breves y oscuras, característica dada por la combinación de la música y la letra. Además es menester comentar el detalle del vestuario, los tres de negro. Lo más destacado de la banda se notó en el guitarrista y los juegos que creaba entre la pedalera y los climas de la canción, encontrando su lugar con los solos en distintas partecitas de cada tema. Quizás a este trío se le puede encontrar un parecido sujetado con pinzas a Placebo.

El traspaso del escenario de un grupo a otro sucedió acertadamente rápido. La tarima ya estaba ocupada por sólo dos personas, algo que no se ve todo los días en el ámbito musical local, denominados EMMA PEEL, una chica: Andy Fasioli en batería, y un chico: Marian Gilmore, guitarra y voz. Es inevitable la primera impresión y comparación con los White Stripes, por la formación, por un fetichismo de colores (en este caso el blanco y el negro), y finalmente por el mismo rock crudo pero arreglado que lucen. Una recopilación de estribillos pegadizos, canciones inclinadas al punk desde lo musical, pero que producen ambivalencia con las temáticas de las letras, provenientes de un mundo con otro tipo de sensibilidad, sensibilidad que se desnuda también en la elección de realizar un cover de Almendra, “Ana No Duerme”, en una versión plausible y desestructurada comparada con la original.; y en la frase mencionada por el cantante entre tema y tema: “A veces uno desea querer irse a cualquier lado, pero no siempre se puede, entonces se hace una canción”. Otra cualidad de este dúo es el entendimiento producido entre ellos, y la simpleza al ejecutar, que lamentablemente a veces cae en monotonía, característica rescatada por la actitud en escena, que hace recordar a grandes estereotipos del rock, y por un cierre “al palo” digno de ser presenciado.

El plato principal de la noche llegaba… pedidos desde el público con gritos y ovaciones (“la banda atolónica” que los acompaña en diversas ocasiones), el último conjunto hacía pie en el escenario, seis integrantes y un aire en el ambiente que pronto iba a pasar de expectativa a hecho, la bomba explotaba, y esa bomba tiene nombre y apellido de accidente geográfico, EL ATOLÓN DE FUNAFUTI. A días de la salida de su primer LP “Pequeños Rostros en Piezas”, el orden de los temas fue el mismo que se verá en el disco.
Abriendo con un pegadizo e intenso “Rock 50 miligramos” donde los remos los lleva con su violín Marilina Calos, la violinista, clarinetista y única mujer del grupo, seguido por el prolijo y emotivo “Cintura Lunar”, donde una figura femenina es admirada y aquí comienza a destacarse la función del cantante y guitarrista Tino Moroder (ex – El Soldado) como letrista. El inicio del recital era ideal y cumplidor, promesa sonora que no decaería en las próximas tres canciones, que serían la parte más fuerte del show y me parece importante verlas como un bloque: “El Maldito”, un cortito vals rock con aires ricoteros; “El Paladín”, futuro potencial de hit con un arreglo de coros encantador; y “Viajeros”, bellísimo tema de amor que no abandona la potencia rockera de la banda.
El sexto capítulo de la noche era un “Hechizo”, el lugar se llenaba de calma y misterio para escuchar una balada que mostraba otra cara del Atolón. Luego, invitados a sumergirnos en el mundo de las bestias, una selva sicodélica se apodera del teatro y el protagonista animal de la estampida es Martín Irrazábal, rugiendo su poderosa guitarra a fuerza de distorsión y slide. Continuando en este mundo fantástico, ahora de castillos urbanos, hacen su aparición las “Princesas del anochecer” desgarrado rock mostrando oscuridad sobre tanto brillo instrumental. Como si todo este logro de diferentes climas fuera poco, el circo llegaba, musicalizado con “Enciéndete para mí”, única canción que no estará en el próximo álbum.

El Atolón De Funafuti es un mar de canciones repletas de distintos paisajes, y también es ruta de historias llevaderas mezclando cotidianeidad y fantasía, “Tiempo, Espacio Y Canción” música viajera donde la nave es conducida por el Bambino Lucas Herrera desde su hammond alegre y teclados. Posteriormente un cuento de nuestra infancia es transformado y rockeado “Caperucita Y El Huésped”, y aquí como a través de todos los cuentos atolónicos, Edu Baeza con su bajo nos genera placer auditivo, sin olvidarnos por supuesto del otro encargado de la base rítmica, Martín Genova en batería, hombre que se luce en uno de los temas anteriores, el imponente “Fuego Idiota”.

Llegando al final, “Pequeños Rostros En Piezas”, además de ser el apropiado nombre del esperado cd, ya sean vistas la piezas como las canciones mismas, o que también puede ser comprendido como las distintas facetas de los integrantes del grupo formando un solo concepto, es un divino rockabilly contagioso, que dan ganas de largar todo y como dice la canción “escapar” y escuchar a “los que hablan con sustancias”. El último tema del concierto tendría a un solitario Tino Moroder con su guitarra y voz, interpretando “Canción de Julia”, obra de amor dedicada a su chica, una manera rara, pero linda de terminar un evento rockero.
Es más que agradable ver a una banda a punto de estallar, de dar el gran paso hacia escenarios más grandes, notar un proyecto que en vivo tiene mucho esfuerzo, y esto provoca que el disco pronto a habitar distintas tiendas de venta sea ansiado.

Fotos: Lara Garay



Mail del fotografo: cronicas@recis.com.ar