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TRAVESTI - AUTO
25/10/2007 - Plasma

Por: Bernardo DimanMenendez - bernardo@recis.com.ar

Feedback

Auto y Travesti, se presentaron en Plasma, el jueves pasado, buscando a través de la contundencia sonora, llevar a la audiencia al escucharlos, a un plano de riesgo absoluto resultando el público partícipe de un viaje en dónde la experiencia en el cuál se enmarca, pone decidida y valiosamente en juego, su capacidad de tolerancia media de lo audio y la visual.

La calle Piedras, al 1800, parece ser un extracto de excepción, del barrio Barracas, ya que por lo prolijo de sus veredas y casas que allí se encuentran, poco estas tienen que ver con un lugar que por historia y naturaleza arquitectónica, depositan la visual del transeúnte en un nivel elevado de atención frente a cualquier imprevisto contratiempo.
Ese vértigo implícito del transeúnte, en el sentido de la incomodidad y lo lúgubre que tiñe sus esquinas, frente a la moderna concepción de circulación que detenta inherentemente el ciudadano Cosmopolita, fue traspolado, bajo el concepto de música, y a partir del adjetivo riesgo, por las agrupaciones Auto y Travesti, en las respectivas perfomances que ofrecieron dicha noche.

AUTO, es un proyecto electrónico experimental encabezado por Gabriel Lucena, en dónde se rastrean influencias de la electrónica de Pan Sonic, (a partir del uso de “loops” de un eco asfixiante, y “beats” estridentementes continuos), describe en su música, un viaje sonoro y conceptualmente “maquinizante”, que pone en jaque cualquier presupuesto de confort en el oyente que se dispone a escucharlos.
Apoyado por una pantalla, en dónde se proyectaban colores lisérgicos, que se movían de manera tranquila o violenta, según el clima sonoro que Lucena tendía, a través del manejo de su “switch”.

La manera de Auto, de proyectar su arte, es directa y plana. Respetando, la idea connotada que parece avistarse, en su nombre, propone, un viaje circular, en dónde el recorrido, escapará siempre a caminos sonoros de parsimoniosa armonía. En su repertorio, la tensión se instala desde un principio, a partir de los sonidos de latidos que van intensificándose, y que instalan lentamente al oyente, en un lugar de “voyeaur” sin retorno.

Así, el kilometraje de su música parece acelerarse con el transcurso del repertorio, (de hecho la nominación de sus temas parecieran asemejar los km, desandados por un transporte terrestre, así pasan, entre otros, “070706”, “100505” y “220506”.
En un show que no da respiros, y cuya performance podría ser definida como “ruitóxica”, se percibe en el medio del caos sonoro como se va convirtiendo en adicto al oyente, el cuál, una vez abordado por el mismo, no podrá despojarse de este, sino solo esperar una buena conclusión del viaje en el cuál es abducido.


Es de relevancia como en el intermezzo que recorre cada tema, desde el inicio hasta el cierre del show, (en dónde lentamente se van escuchando unos latidos que se van perdiendo intensidad hasta finalmente concluir), como “Auto”, parece dejar escuchar en su sonido, elementos sonoros que intentan dar indicios de distintos transporte de comunicación, como lo pueden ser el ruido de trenes, aviones, camiones, retomando o citando, (sin necesidad de plagio), un legado audiovisual iniciado por Kraftwerk, en su álbum basamental, en lo que respecta a la electrónica, como lo es “Autobahn”.

Alrededor de las 12 de la noche, TRAVESTI cerró la noche. El “feedback” , de Travesti en cada recital, es lograr un particularismo único que permanezca sellado por siempre como acto originario e irrepetible. Mezclando la ironía, y la ya conocida capacidad para llevar a puntos límites sus temas grabados, el show arranca con “El Filo Perverso” , (perfecta metáfora al film de culto, “La Caja Oblonga”, que se proyectaba en la pantalla), para luego volcarse a una veta decididamente sónica/electrónica industrial y violatoria de toda regla sonora o de performance con “Bloody Marie” , en dónde por momentos parecía que los amplificadores iban a volar por los aires, y por otros, aprovechar la contundencia lúdica de los sintetizadores y programaciones, (valga como ejemplo, “Juventud Residual” ), y causar en el oyente, la sensación de estar asistiendo a un ritual pagano y a la vez purgador, mientras cierran el show con “Poder Florecer”.

Así concluyó la noche, en dónde tal como indica el título de la nota, el oyente fue expuesto (tal como ocurre, con dicha técnica en la música), a una cantidad de estímulos, en dónde el mayor desafió de ambos artistas, pareció por el contrario, causar el rechazo o incomprensión de los oyentes, sino , que partiendo de la retroalimentación, que se producía en estos, (mientras prestaban sus oídos a las bandas), se genere una nueva interpretación del texto musical originario, (ya sea que lo dispusiera “Auto” o “Travesti”), y una vez acaecido esto, nuevas ideas o formas de entender a la música, aparecieran en sus neuronas, incluso, (a partir de esta reacción), influir en la concepción que tienen las dos agrupaciones, con respecto a su propio arte.