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EL MATO - GO NEKO! - LOS REYES DEL FALSETE
23/02/2008 - Niceto Club

Por: Cecilia Testa & Bernardo DimanMenendez (Los Reyes del Falsete) - cecilia@recis.com.ar

El Mató A Un Policía Motorizado es una de esas bandas que uno tiene que escuchar aunque sea una vez en la vida, ya sea gritando como si no hubiera un mañana entre fanáticos o saltando solo en el balcón de tu casa. Como sea, el sábado por la noche me encontró en Niceto, quizá sin gritos ni cantos, pero sí decidida a entregarme a esa energía peculiar que despiden ellos a los que muchos conocen como "Él Mató A Un Policía Motorizado".

De todos modos, las multitudes inquietas no llegaron rápido: Los Reyes Del Falsete y Go Neko! tuvieron su momento también. Para la primera banda decidimos cederle la palabra a los expertos; en este caso, el verborrágico de Bernardo, cuyas ganas de cubrir a los Reyes superaban las mías de hablar sobre las interesantes animaciones en la gran pantalla o sobre los coros pegadizos de estos tres muchachos:

Uno muchas veces se pregunta cuales son las cosas que determinan que una generación sea diferente de otra, ya sea en gustos, costumbres o actitudes. Bueno básicamente lo que siempre resalta en todo esto parecieran ser los estímulos “audio-visuales”, con los que lidiamos especialmente en los primeros años de nuestra existencia.

De ahí que la decantación de nuestros actos, se declaren en un universo diferente ya que nuestro mapa de acción de manera invisible fue alterado por diferentes masajes nuestras neuronas.

Como ejemplo vale decir, que no es lo mismo la constitución de los adolescentes del 60’, estimulados por la Familia Falcón, el ácido lisérgico, y los Beatles, que los 70’, con Rolando Rivas Taxista en TV, militares castrenses y rock progresivo.

La diversidad de los 80’ que se dio en Argentina, tampoco surgue porque si. Al advenimiento de la democracia, la cocaína, la TV color, y la “New-wave”, hace que el posmodernismo grité presente por estos lares.

Así llegan los ‘90, en dónde algunos de los ítems mencionados a partir de una mirada retro, se actualizan, drogas y la música mediante, (función ritual similar entre el LSD, y el éxtasis, Nirvana y Oasis, entre otros, con la mirada en padrinos punks y de los 60’). Los 90’, en Argentina, se nutren de todo eso, y obvio, la decadencia económica sin retorno, que terminaría en el famoso “cacerolazo”, del año 2001. La TV brinda la última mirada sobre la hoy fósil clase media, con “Son de 10”, para luego terminar aggiornando su discurso al presente, a través de tiras laxas como “Gasoleros”.

Así, llegamos a los 2000, década en dónde el rock, se adapta a una formalización discursiva virtual, y al no plantear los repertorios o géneros dentro de lo concreto e inesperado de la vida misma, hace estéril por lo general cualquier intento de fresca escena estética y musical.

Así, en este cambalache grotesco, entran los REYES DEL FALSETE. Quizá en su por momentos “carcajada musical”, las cosas se lean a primer escucha como irritantes, o teñidas de cierta “poesía snob surrealista”. Por eso para evitar confusiones vamos a tratar de recortar su genealogía musical, antes de que algún “dinosaurio de la opinología”, los deposite en escatológicos precipicios.

Los Reyes del Falsete, representan una extensión particular del “Adrógue Sound” , (ese que Victoria Mil y otros definieron hace casi 10 años atrás). Esa peculiaridad se debe a que no hay rastros claros de hedonismo, (quizá la corta edad de sus integrantes o también porque hoy ni siquiera existe la chance práctica de poder llevarlo a cabo). Tampoco pareciera haber indicios de suntuosidad instrumental y menos de una filosofía enmarcada en “sueños hippies construidos en plaza Francia”.

Así, pareciera que los Reyes, son un trío musical que le canta al mundo, desde una particular perspectiva. No hay formación clásica, (son dos guitarras y batería), no hay una línea sonora en los temas, y tampoco parecen pertenecer a ese “naif punqueque irritante”, que tanta atañe al adolescente argentino y tampoco esas ganas de querer brindar adultez, ocultando miedos y dudas púberes.
Entonces la cuestión pasa por una especie de “infanticidio”,
desarrollado en un tracto de toxicología adolescente, cinismo púber y una “musicología”, que no levante bandera alguna de solemnidad, obteniendo como resultado positivo una frescura ridícula pero no carente de reflexión.

Desde el primer tema que tocaron “Tifi Rex”, (el único en el cuál pareció haber algún tipo de defasaje en las guitarras), pasando por el derrame efervescente que resulta el “Gran Cohete”, a partir de sus acordes iniciales, hasta la siempre metamorfosis práctica que se da en la “Fiesta de la Forma”, pasando por esa especie de “cordillera hormonal” del desparpajo que resultan “Pacheco”, “El telefonista loco”, hasta el cierre con “Yabrán”, queda claro que las imágenes retratadas, hablan de un mundo doméstico, donde el fastidio, adopta formas directas de demostrarlas (“Me caes mal, realmente mal” ,), enuncia la letra de “El Gran Cohete”, ironía, ( “el pelo se cayó, la cara se cambio de forma” en “La Fiesta de la Forma” . También hay dejo para lo “sexy-nerd”, evidenciado a priori, en “Mi Chica” , (“mi chica esta borracha, mi chica esta en bombacha” ).

Fuera de toda normatividad “farisea estética” , (que tanto constipa hoy al adolescente argentino), y expresando dosis claras de justeza y vileza tanto musical como lírica, los reyes, no abordan la primera nave, que los lleve hacia destinos manejados por “androides palermígenas”, ni tampoco en carretas musicales, que olvidaron los autopistas y túneles de la actual contexto moderno. En su práctica, su música encuentra un espacio, un lugar, en dónde se marca claramente que en cuestión de arte, el relativismo e hibridez en dónde nada tiene explicación es sólo el discurso “cualúnque y sifilítico” de personas que por una cuestión de obligada pertenencia, darían la sensación hoy en día, de que “la ignorancia se paga con arte” , (ej, la ola abusiva de nuevos fotógrafos digitales, etc), cuando en realidad, las cosas que realmente cuentan, son esas búsquedas personales y autárquicas, de un posible territorio, definido de manera fina y sutil.
En suma, “Los Reyes”, determinan conscientes o no, que lo valuable, debe estar bien lejos siempre, de cualquier recurso extraído de “leprosario botiquín”, ya que más allá de los remedios, la cura y purgación, que el arte a priori da, nunca llegará.


(N. del E: vuelve Cecilia) GO NEKO! entonces. Para los que nunca escucharon a estos chicos (como yo, que debo confesar los conocí ese día), las voces solo aparecieron para agradecer los aplausos y la buena onda. También hubo algún que otro mensaje para la última banda, "ya llega lo mejor chicos, ya llega". En síntesis, y con cuatro ojos que te miraban penetrantes desde el escenario (me refiero a los dos maniquíes de ojos verdes y rojos luminosos), Go Neko! se las arregló para entretener a un público que ya anticipaba lo que estaba por venir, melodías que fluían sin ningún problema nos hicieron saltar y bailar, se notaba que disfrutan de lo que crean sobre el escenario y eso se transmite.

Con aplausos y gritos de por medio, Go neko! anunció el último tema, tras el cual se retiraron del escenario, dejando lugar a la espera interminable (al menos para mí lo fue). Sin ningún tipo de presentación, empezaron a sonar los acordes de "El Héroe De La Navidad" y así, sin más, se abrió el telón dejando ver a los cuatro integrantes de Él mató a un policía motorizado, sencillos, simples, tranquilos pero transmitiendo ese no sé qué, algo que te da ganas de gritar las canciones como si no hubiera nadie a tu alrededor, una necesidad de que se escuche lo que decís.

En la pantalla gigante no dejó de verse a Mel Gibson en "The Road Warrior", algo así como el guerrero del camino, muy oportuno para esta segunda parte de la trilogía que están presentando. Tema tras tema un agradecimiento, el muy educado y simpático Santi dejó que se subieran algunos a cantar o gritar o simplemente estar ahí, haciendo real lo que yo mencionaba sobre la energía que se generó en ese lugar: si bien los ritmos pueden no ser roqueros hasta la violencia y la voz de Santi no es un grito desgarrador constante, hay algo en ellos que incita a la libertad de hacer lo que querés, de romper todo si así te lo indica tu cuerpo, de gritar hasta quedarte sin voz. Eso es, para mí, ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO.

Los mejores temas de la noche tienen que haber sido (nada de orden aleatorio, aclaro) "Terrorismo En La Copa Del Mundo", "Viejo, Ebrio Y Perdido", "Navidad de reserva", "Vienen Bajando" y sigue… Eso sí, aún si presentaron temas nuevos y todo, me faltó "Un millón de euros", pero más allá de eso, el recital fue completo, fluía, uno quería estar ahí.

Para cerrar, "Prenderte Fuego" y una multitud arriba del escenario, robándose las listas, tirándose al piso, cantando; el resto de los motorizados inmutables, cada uno ensimismado en su instrumento hasta que finalizó la canción. Y nada de volver a escena una vez que se habían despedido, se ve que se tomaron muy en serio ese comentario de Santi, "vivimos lejos y nuestra mamá se preocupa si llegamos tarde".

Fotos: Berenice DimanMenendez (El Mató a Un Policia Motorizado) - Estamos Felices (www.estamosfelices.com.ar) (Los Reyes del Falsete)




Mail del fotografo: cronicas@recis.com.ar