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LA MANZANA CROMÁTICA PROTOPLASMÁTICA
07/03/2008 - Niceto Club

Por: Julieta Berardo, Gimena Herrera & Norman Flores - julieta@recis.com.ar

La noche de viernes nos arrimaba a Niceto para disfrutar de una de esas bandas que prometen un futuro cercano muy popular. Una cantidad de seguidores se distendía en la puerta esperando la apertura del local porteño. Entre ellos se saludaban, caras conocidas, amigos, mucha gente del Oeste que le harían el aguante a la última gran banda con nombre extravagante: LA MANZANA CROMÁTICA PROTOPLASMÁTICA.

Cerca de las diez de la noche el Pórtico Cromático se abriría para permitirles el ingreso a una docena de músicos materializados; músicos más conocidos como cromáticos, entre los cuales ninguno se destaca sobre el resto debido a la necesidad generada por la propia riqueza de la complejidad y heterogeneidad musical desplegada sobre el escenario; cromáticos que dejan de lado el hecho de ser músicos y pasan a ser los títeres (en un buen sentido de la palabra, y también en un sentido estricto de dicha, por ejemplo en el Sr. Peléle, tecladista hecho marioneta) y protagonistas de un espectáculo que va más allá de lo musical.

Actuaciones en vivo, cambio de vestuario y la gran interacción con el planeta tierra del cromático protoplasmático Botis, juglar, cantante y guitarrista. Canciones cantadas que invitan a una alegría extasiada (“Barriletes”, “Jerónimo”, “Elástico” y “Pequeña Flor” sobre el final de la lista de temas), canciones interactuadas que invitan a una sonrisa alargada (“Escape en el Circulo de las Pulgas”, “Los Comediantes” “Luz Semilla” , “El payaso Existenciale” y “Los Dominios del Señor Calabaza” entre otros) y la gran historia canta-recitada “Duplex”.

Por momentos el mundo cromático se une al nuestro: Botis se pone a recordar que una gran banda del metal se estaba presentando en ese mismo momento, por lo cual decide bajar un poco tras un impecable riff de su guitarra. Esa tranquilidad se vio disipada luego de que un elemento contundente fuera arrojado sobre el escenario, pero nada de agresiones, no podría haberlas, serían inentendibles. Este elemento no fue nada más y nada menos que el disco de la banda: El tren de la Vía Láctea. Dos veces sucedió esto. La segunda derivo en un juego entre dos personas del público para ver quien se ganaba el disco: había que adivinar quién cantaba los temas que se pasaban de atrás para adelante, como quien busca mensajes satánicos en las grabaciones. El resultado fue un empate técnico luego de que una chica y un chico adivinaran los temas (Azul y Está Saliendo el Sol, respectivamente).

Los cromáticos debían despedirse luego de una hora y media de felicidad, el Pórtico Cromático se estaba por cerrar, si no se iban podían quedar atrapados dentro de esta dimensión. Si esto sucedería no podrían seguir viajando en el Tren de la Vía Láctea, en consecuencia no habría más Manzana. Se despiden, los doce (He-Man, los hermanos Bravo –uno el más alto, el otro enano- Menócles, Lúpitor -el niño pochocho-, Chantilly, entre otros) otra vez con esa música que deja de ser sólo música y pasa a ser parte de la combinación más perfecta para crear los mundos utópicos que siempre quisimos, para dejarnos satisfechos, felices y con ganas de que vuelvan pronto al planeta tierra.

Alimento para el corazón cantan en “La llave dimensional” y el que tuvo y tiene la posibilidad de ver a esta banda en vivo sabe que es mucho más que alimento para el corazón; es vida, es aire y es (lo próximo suena evangelizador, pero no lo tomen como tal) esperanzador. Viendo a La Manzana nos damos cuenta de que hay una infinidad de sonidos que al ser mezclados pueden a llegar a crearnos los mundos más inverosímiles, más impensados y los mundos más mágicos. Esto puede sonar un tanto infantil, y tal vez esa sea la gracia de que la música que escuchamos previo al comienzo del recital nos haga recordar a viejos dibujos animados.

Fotos: Gimena Herrera (http://gimenaherrera.blogspot.com), Norman Flores y Julieta Berardo



Mail del fotografo: gimena@recis.com.ar