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PEPSI MUSIC DIA 6
04/10/2008 - Club Ciudad de Buenos Aires

Por: Kike Bianchi (en su retorno triunfal como cronista invitado) - cronicas@recis.com.ar

¿El culto al rock esta bien? Mejor dicho. ¿El rock admite su sacralización? Tal vez ya lo hizo. La admitió, la armó, empaquetó y le puso moño hace rato. Tal ves todo lo sagrado de esta otrora gran expresión de lo vivo y lo real es hoy solo un enbase vacío. Tal vez esa sea la razón por la cual cuando uno bebe el agridulce licor del pasado uno se llena de tantas emociones y añoranzas. Tal vez por eso, cuando miramos el enbase lo único que nos queda es desear que no este vacío y que, algún día, su contenido vuelva a llenarlo (al enbase) para así volver a bañar nuestras gargantas y, de esta manera, hacer reaccionar a nuestras tripas de la manera mas sensible posible.

Mi nombre: desconocido
Ocupación: Dron del sector 7-f de la planta de investigación Recis!.
Misión: Buscar el cáliz sagrado en el festival de la bebida cola que no se debe mezclar con Fernet.

Así es, una vez mas me subo al Recis Movil 03 en acalorada travesía hacia el Club Ciudad. Allí me espera una maratónica jornada de bandas y mates a precios exorbitantes.

Arribo temprano. Mi idea es ver las bandas que se presentan en el escenario Sónica hasta que los tanques arriben a los escenarios principales.

Me abro camino entre puestos de diversas franquicias que bordean el camino al escenario recordándome a cierta travesía que alguna vez vi en la película Missing de Costa-Gavras. El horario de mi arribo: 16:00 A esta altura la banda que suena en el ya mencionado escenario/carpa es CABEZAMIL. Alcanzo a escuchar duros acordes que me hacen reflexionar sobre el porte rockero de la fecha en cuestión. El interesante trío mendocino aporta un poco de filo al atardecer. Me dejan con ganas de más pero este escenario solo admite cinco temas por banda. Los sigue RAVIOLES, creo haber escuchado que eran de Rafael Castillo. La banda es otra de aquellas bandas de Rock and Roll del país en sintonía con Pier y Jovenes Pordioseros. Un sonido bastante ajustado y rockero, una voz de la cátedra intoxicante y la apuesta al perfil más afinado de la escuela de Pity. A continuación, sin descanso, sube IOJA SOUND SYSTEM. Un grupo de singular pose pues son radicalmente distintos a las bandas anteriores. Muchacha de bello andar a cargo de voces de hip hop, percusionista y DJ con bandeja. Interesante apuesta que contó con bailarinas y un poquitín de break dance. Siempre es bienvenida la multipropuesta de esta clase de artistas aunque muchas veces termino preguntándome por qué los pasajes melódicos serán tan difíciles de sobrellevar. Big thumbs up (pulgares arriba) para Ioja.

A continuación uno de los platos fuertes de mi merienda. Mi menú de esta noche incluía, entre las seleccionadas degustaciones, a la banda CARMEN KARMA, ganadora del concurso para tocar en el festival que estamos reportando. Resulta ser un muy bienvenido primer plato pues las chicas, que individualmente han recorrido la escena under durante varios años, son realmente un sabor distinto. Una impronta rockera, con personalidades bien definidas sobre el escenario pero con un discurso (musical) altamente emotivo, poderoso y único. Las palabras de este cronista podrán sonar algo cercanas a las de un fan de esta agrupación pero no es mi piel de gallina la que tiene la última palabra. La afirmación llega por parte de los que se acercaron a ese inexpugnable rincón. Mucho entusiasmo de parte de los transeúntes reafirma mis dichos. Esto solo sucede cuando el artista entrega algo distinto de lo que uno escucha constantemente en las callezuelas habituales del rock. Los 5 memorables temas de Carmen Karma pasan y yo decido que es momento de visitar otros escenarios. Observo la siguiente banda, TIERRA DE FUEGO, que me sorprende por ser un trío correcto, ajustado y altamente Zurdo. No por que sean de alguna agrupación de Izquierda sino por que dos de sus instrumentistas guitarrean a la siniestra. Cuak.

Me alejo de las llamas del escenario Sónica y arribo al escenario principal. Debido a que eran pasadas las 18 horas la banda que suena son los acartonados RATONES PARANOICOS. Los avejentados émulos de algún lejano estadío Rolling Stonero suenan con sus temas de siempre, aquellos que tanto sonaron en rockerías y viaje de egresado del ayer. Ciertamente que el público se muestra muy poco entusiasta con la proposición del tipo de Rock de los Ratones y yo no hago más que hacerme eco de esa sensación. La piel de gallina que permanecía erizada desde Carmen Karma se me alisa y pierde su elasticidad como si sus células se hubieran petrificado un poquito. Dejo el imponente escenario Pepsi para encontrarme con una minúscula carpita de Glamnation que explotaba al saludo WELCOME TO THE JUNGLA!!!! Una banda tributo de Guns and Roses sacude los adormecidos pies de este cronista que recibe con felicidad la justeza y poderío del tributo.

Regreso energizado a los escenarios principales para enfriarme nuevamente. PIER está sobre el escenario Claro y dista mucho del poderío de los Guns. Aquel elixir que mencionaba parece estar totalmente agotado aquí. Un sonido que deja mucho que desear y una actuación muy pobre son los condimentos de este plato. Tal vez lo radicalmente descarnado de la propuesta de la banda sea lo que me deja un mal sabor de boca. Tal vez simplemente no tengo el paladar necesario.

Llega el momento de uno de los platos fuertes. LAS PELOTAS. La histórica banda ya desprovista de Alejandro Sokol y con Germán Daffunchio como su único frontman despliega su sapiencia en el escenario. El set es considerado por muchos como “bajonero” y se puede entender ese sentimiento. Algunos de los temas que suenan son: “Capitán América”, “Desaparecido”, y ‘La colina de la Vida’ el cover de Greco. Roberto Petinatto se suma en “Perdedores Hermosos”, “Peces” y “Levanta polleras”. Los temas que recuerdan a Sumo llegan al final. “Mañanas en el Abasto” y “El Ojo Blindado”.

Las Pelotas es así y el que no le guste es por que esta totalmente desprevenido o en una necesidad excesiva de adrenalina. Como siempre Daffunchio y compañía regalan un show emotivo, sarcástico y a la altura de las luminarias internacionales. Pocas bandas tienen tanto conocimiento de como se hace un show de rock hoy día. Pocas bandas Argentinas mejor dicho.

Este último comentario da lugar al plato sorpresa. BEATSTEAKS. Banda alemana que como toda maquina salida de esa nación europea suenan a prolijidad y rebosan de caballos de fuerza. El escenario punk/hardcore que propone la banda de salivazo fácil es francamente sorprendente. El mejor de los acompañamientos. Una justeza sonora envidiable. La profesionalidad de los germanos sorprende hasta el punto que uno no puede imaginarse que un Stage Dive (salto desde el escenario), por parte de un cantante de una banda desconocida, pueda salir tan bien en una tierra tan lejana y un público tan apático, solo coreografiándolo podría ser tan bueno. Mortal hacia el público que lo ataja y lo devuelve mientras la máquina sigue sonando. La factoría rockera crea esa euforia que solo alcanzamos cuando probamos nuevamente el tan añorado brebaje. El rock en estado puro ha arribado.

Parece casi una transición perfecta pues nos deja inquietos para recibir a THE CULT. La banda liderada como siempre por el sacerdote rockero Ian Astbury sale a escena y ya desde el comienzo el mensaje parece ser: ¡Esto es un recital de rock! ¿Recuerdan? Las palabras que el propio Astbury balbucea mientras se queja de que hemos estado escuchando demasiado Dave Matthews son claras. El rock hace rato que necesita que sus cultores recuerden sus raíces y bandas como The Cult son el camino hacia la luz. Los éxitos o himnos demoledores de la banda suenan y resuenan de una manera que uno ya había olvidado que era posible. Algunos de estos son: “Nirvana”, “She Sells Sanctuary”, “Rain”, “I assassin”, “The Witch”, “Fire Woman”. “Illuminated”, “Horse Nation”., “The Phoenix”, “Dirty Little Rockstar”, “Wildflower”, “Love Removal Machine” y “Sweet Soul Sister”.

La banda que tan lejana podría sentirse de su Inglaterra natal tiene un termómetro perfecto y mide una inusitada frialdad de parte del público. El electroshock de los temas no deja a nadie aparte. Las grandes bandas son así, son capaces de recordarnos como se hacía, volver a ponernos en ese lugar que tanto amábamos, nos excitan hasta el punto de salir con ganas de armar un proyecto para formar parte del rock y nos inspiran. Esto es lo que falta y uno se pregunta por qué. ¿Por qué antes era una experiencia chamánica, movilizadora, perdurable e inagotable y ahora no? ¿Por que los individuos necesitamos a un Astbury que sin hablar nuestro idioma nos pueda atravesar con su mirada y darnos tan descarnado diagnostico?. Tal vez por eso sea que la gente piensa que sus rabietas sobre el escenario fueron solo las actitudes de un viejito mañoso. El amor que expresó The Cult en este espectáculo al brindarnos una actuación tan sobresaliente es algo innegable.

Hasta el cable del micrófono presagiaba que nos estamos quedando cortos en algo. Tal vez nuestra bebida sea demasiado dulce y la diabetes ya nos ha costado una pierna.