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LOS CAFRES
21/11/2008 - Captain Blue XL

Por: Facundo Miño (Para Recis! desde Córdoba) - facundo@recis.com.ar

NO TAN DISTINTO



Con la explosión del hit “Si El Amor Se Cae”, LOS CAFRES se convirtieron en una figurita repetida: alta rotación radial, aparición constante en medios de comunicación y asistencia casi perfecta en los festivales de Buenos Aires y del interior del país.

Con esas presencias frecuentes, el grupo más importante del reggae argentino abandonó el ghetto, adquirió visibilidad y cosechó un notable crecimiento en convocatoria. En ese marco, sus visitas de los últimos años a la ciudad de Córdoba proponían un repertorio basado en sus canciones más difundidas, hecho lógico y justificable si se trata de un evento donde mucha gente no fue a verlos a ellos en particular.

La estrategia Cafre, de eficacia inobjetable de cara al público más nuevo, comenzó a sonar reiterativa para quienes los siguen desde épocas no tan masivas. Las mismas canciones, los mismos enganchados y similares arreglos generaban dudas. Flotaba en el aire cierta sensación de piloto automático de parte de la banda de Guillermo Bonetto. El doblete previsto para este fin de semana acarreaba esa carga.

Luego del merecido aplauso que recibió LA ESTAZION, uno de los números locales de la apertura, y tras una espera prolongada, la intro de “La vela”, continuada con “Sin semilla” y “Objeto sexual” parecían confirmar el pronóstico previo. Nada nuevo bajo el sol. Nadie podría discutir su nivel de profesionalismo y sus ajustadas performances cada vez que pisan suelo cordobés pero, a veces, no alcanza para colmar las expectativas. El playlist siguió dentro de lo previsible con “Suena la alarma” y “Nadie reclama” hasta la llegada de “La foto de Zapata”, un quiebre dentro del set. Sin mucho preámbulo se despacharon con un segmento dub y el cover de Black Uhuru, “Who’s coming to dinner”, sin ser anunciado siquiera.

Aprovechando al máximo su capacidad para el reggae romántico y arreglos sutiles (el segundo teclado, tan en boga en las grandes bandas de reggae latinoamericano, ayuda bastante en ese sentido), fueron apareciendo viejas perlas y temas nuevos no tan conocidos, mechados con fragmentos ajenos, y, claro está, hits. Para los bises guardaron “Bastará” (la que todos querían escuchar) y cerraron una performance de hora y media exacta.

Si bien no despejaron todas las dudas sobre el piloto automático, Los Cafres se las arreglaron para entretener y obtener crédito abierto para sus próximas oportunidades en vivo. El reggae es belleza y no monotonía decían hace muchos años. De vez en cuando se acuerdan de rendirle honor a esa máxima aunque su show sea no tan distinto de los anteriores.