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TOMY LEBRERO - LUCIO MANTEL
20/05/2009 - Club Atlético Fernández Fierro

Por: Cecilia Testa - cecilia@recis.com.ar

“Y la historia de cómo encontramos el refugio perfecto para el miércoles por la noche”.

Qué días largos los miércoles para algunos. Qué ganas de llegar, tomarse un tecito e irse a dormir. Sin embargo, la invitación que recibimos por mail nos inquietó y decidimos citarnos en la puerta del Club Atlético Fernández Fierro para ver a dos artistas de nombres un tanto lejanos, no tan familiares. Ya adentro, en el galpón hermoso, bajo la bola de espejos, encontramos la mesa solitaria, nos esperaba. Equipos y mochilas en el piso, cuadernito, cerveza, lapicera y a esperar.

En este punto temprano de la noche, el relato se vuelve personal, visión subjetiva de los acontecimientos. Cuando salió Lucio Mantel al escenario, bajaron las luces, se afinaron algunos instrumentos. Tres personas empezaron a tocar, magia. Silencio. El primer tema, lento y seguro, es “Otoño”. Ya no hay palabras. Si así arrancaba, no quedaban más que sonrisas para el resto de la noche. No me equivoqué. Lucio, pañuelo en cuello, remera blanca, guitarra brillante, cantaba entre la timidez y la seguridad, “hoy ya pasó el ardor, mi verano en tu piel… no hay más, no hay resguardo, no, solo queda este frío…” Aplausos, agradecimientos. Siempre agradeciendo, siempre hablando de sus amigos, de los músicos que lo acompañaban.

Luego de algunos temas, apareció un tema nuevo, junto a Lucas Argomedo en cello, llamado “Afuera o Adentro” y, después, bien distinto y contrastante, “Respiras”, un tema muy viejo, “un tema añejo”, según palabras de Mantel, que nos dejó a todos boquiabiertos con lo que sucedió en el escenario. Yo no dejaba de preguntarme por qué ese tema había quedado olvidado en el pasado, siendo tan hermoso, tan peculiar, tan lleno de energía. Más aplausos.

“Lunar”, un tema que aparece en una película colombiana llamada 1989, tuvo a Leila Cherro en cello y, después, fue el turno de Fer Isella, con su máquina de hacer magia y el piano también. Casi sin luces, se veían las manos de Lucio cerca del pecho, la boca entreabierta, la respiración en el micrófono, las ganas de arrancar de una vez, el miedo, los nervios, una canción difícil que al terminar se sintió un poco como un alivio y que me robó miles de sonrisas y aplausos… Se ve que no le podía regalar más que esas buenas energías.

Para cerrar, y luego de agradecer algunas veces más, vino “Refugio”, primer tema de un disco hermoso, que hay que escuchar. Porque, en vivo, Lucio Mantel inspira ternura y felicidad; y su disco no se queda atrás. Un refugio contra toda la soledad.

Tomi Lebrero y el Puchero Misterioso fueron los próximos en copar el escenario. Casi lo invadieron, ¡son miles! Imaginen: un Tomi Lebrero, un cello, una guitarra, unas percusiones, un contrabajo, una Analía Sirio con una voz increíble, un Pablo Grinjot invitado en el piano... ¿Qué más se puede pedir? Canciones hermosas, risas, letras alegres y juguetonas, baile.

Tomi intercalaba entre el bandoneón, la guitarra y el baile frenético. Sus palabras vienen del norte argentino, hablan de tierra, suenan a calor, a río, invitan a ser libres, a viajar. También las hay simpáticas, como es el caso de “El artista en vacaciones”, donde nos pintan un mundo de mar y dedicatorias a las ex novias. Siempre las sonrisas ante todo, la calidez, la felicidad de todos esos músicos arriba del escenario, su conexión.

Tomi invitó a tocar a un muchacho al que él llama “Jugenio” (¡aplausos para el juego de palabras!) . Después de los elogios, hicieron una zamba hermosa, sin presencia de voz. Tomi se dedicó a tocar el bandoneón durante unos diez minutos y juntos eran la ausencia, solo había música y atención. Después volvieron todos e hicieron algunos otros temas, todos aplaudimos al ritmo de la música, le dejamos saber que sus temas transmiten esa felicidad de estar en otro lugar sin preocupaciones, simplemente bailar y dejarse llevar.

Para cerrar, hubo invitados de lujo. Tomi invitó a Samalea, en primer lugar, y nos dejó saber lo mucho que lo admira, todas las veces que lo llamó para que fuera al ensayo de la banda que tenía allá lejos y hace tiempo, y lo mucho que lo sorprendía compartir el escenario ahora. Y eso no fue todo, también llamó a Pablo Dacal, a Alvy Singer, a Grinjot, a Fer Isella y a Lucio Mantel, que lo miraba desde el público. Todos juntos, cada uno con un instrumento distinto, “río arriba vamos, ya estoy tan cansado…” Como comentamos cuando terminó, estaban todos tan relajados y felices que la música solo fluía y nosotros, espectadores, no teníamos más que contemplar el momento, sonreír junto con ellos, cantar un poco y entregarnos…

Así terminó el reci. Así nos fuimos todos a nuestras casas. Así de felices, porque los recreos en la semana son válidos, son necesarios, sobre todo si vienen de la mano de músicos así de grandes, así de simples y sinceros. Una vez más, solo resta agradecer y seguir buscando ese refugio.


Fotos: Fernanda Do Canto y Javier Di Benedictis(NO ES NUEZ - http://www.flickr.com/photos/noesnuez/)



Mail del fotografo: noesnuez@ymail.com