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MI PEQUEÑA MUERTE
22/05/2009 - La Castorera

Por: Cecilia Testa & Fernando Stefanelli - cecilia@recis.com.ar

La Castorera se llenó despacio, ya era tarde. La propuesta reunía a Sebastián Kramer, a los Jackson Souvenirs y a Mi Pequeña Muerte, que presentaba nuevo material. La espera fue prolongada pero, cuando se abrieron las puertas, pudimos ubicarnos en las selectas mesas ubicadas en aquél espacio frío, oscuro. El escenario era pequeño, algo precario, algo melancólico. O quizás es solo la sensación que me dio aguardar por artistas que me transportan a esa época de adolescencia tardía.

Los JACKSON SOUVENIRS fueron los primeros. Un batallón de personas lideradas por la presencia fuerte de una batería: Javier Diz. Las canciones suenan siempre como en el disco: sentidas, pero frías y distantes. Es inevitable el viaje a otros lugares, el recuerdo de otros espacios… También el pensar en mundos pasados, mientras todo se calma, solo para volver a estallar en sonido y armonía. La sensación de pertenencia es muy grande cuando tocan, como compartir un pequeño secreto con personas desconocidas: los Jackson Souvenirs son melodías hermosas y cuidadas.

Si todo hubiera terminado después de esos cuarenta minutos, nos hubiéramos ido a casa satisfechos, calmos, felices de ver a una banda donde, por suerte, las palabras sobran. Sin embargo, nadie se bajó del escenario y, sin dar respiro, sonaron los primeros acordes de “Invierno”. Después de escuchar este disco (La Futura Mirada del Ex Tenista) una y otra vez, esta canción es la que más me provoca. Quizá sea la letra, la música, el hecho de que me recuerda a otras épocas o solo que cuando imaginaba estar viendo a SEBASTIAN KRAMER, él siempre tocaba este tema. Porque claro, quizás algunos comprendan lo que significa tener a uno de los Kramer tocando de nuevo.

Después de ese tema vinieron otros, Kramer casi ni se dirigió al público; estaban todos muy callados, ensimismados, en un lugar cada vez más oscuro e íntimo, con algunos flashes momentáneos y aplausos tímidos. Tal vez fue el horario, el ambiente, el hecho de que a Sebastián hay que escucharlo y no opacarlo, o tal vez me imaginé todo esto porque sus canciones me transmiten eso y ya no puedo despegar esa imagen de mí. Lo cierto es que fue corto. Preciso, pero algunos nos quedamos con ganas de más.

Con Un Futuro Brillante (tercer disco) bajo el brazo, MI PEQUEÑA MUERTE cerraba esta primera edición del llamado Festival de la Amistad (para aquellos desprevenidos, las tres formaciones compartían al menos un par de integrantes…) largando con “Los Días de Sol”, “Nada va a Cambiarme” y esa remarcablemente redonda y notable canción llamada “La Primavera”.

El despojado escenario, la iluminación más bien minimalista y la disposición del público en mesas y sillas hacían que la atención se centrara total y únicamente en lo que producían sobre las tablas esos cuatro tipos (por momentos cinco, ya que Norman se sumó promediando el set, y a esta altura el partido uno duda si es un integrante “fijo” o un invitado cuasi permanente), quienes, al contrario de lo que uno podría imaginar, seguían haciendo temas de los discos viejos.

Por el medio del set se vino el esperado bloque de canciones del nuevo disco, y así una detrás de otra fueron desfilando no menos de cinco o seis. Este cronista se queda con la ya casi conocida “Blues de La Mente” (que incluye en su letra esa verdad absoluta que reza “… no hay castigo peor/que la mente si no cesa” ), aunque es justo agregar que varias no tan familiares prometen bastante, y que en general la línea del trabajo consolida la dirección más “luminosa” evidenciada en El Cazador.

Pasada otra presentación del nivel que La Muerte tiene acostumbrada a su público, solo hubo lugar para el acostumbrado final con ”San Martin Returns”, los aplausos de despedida y no mucho más, ya sábado y con el frio otoñal aguardando por nosotros en la avenida Córdoba.



Fotos: Fernando Stefanelli



Mail del fotografo: fernando@recis.com.ar