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NOFX
27/02/2010 - Estadio Malvinas Argentinas

Por: Alexis Valido - alexis@recis.com.ar

El sábado 27 de febrero tuvo lugar en el estadio Malvinas Argentinas el LET'S GO FEST, evento que culminaría con la presentación de la banda paradigma del sueño del pibe, NOFX.

Los encargados de dar el puntapié inicial fueron los oriundos de Temperley, el trío EUFORIA. Ya desde el vamos hubo una falla: muchos de los chicos que fueron a verlos a ellos estaban afuera cuando empezaron su set, por lo que tuvieron que hacerlos ingresar casi a las apuradas. Los Etchegoyen sonaron ajustadísimos, con un choque (o más bien, un agradable cruce) entre el entusiasmo y la emoción por estar ahí, que como factores externos ayudaron a que sea uno de los puntos altos de la noche. Euforia, además, adelantó algunos temas de su tercer disco, aun inédito, pero que contiene algunos nombres rutilantes en los créditos como Tery de Carajo y Ray Fajardo.

Llegó el turno de los oriundos de San Miguel de Tucumán, ROLO Y LOS FUCKIN´ADICTOS. El ex -448 lideró un show dinámico y que iba encendiendo a todos los que se iban acercando al lugar, con mucha arenga D.I.Y. y haciendo hincapié más de una vez en la necesidad de reforzar el concepto de la autogestión en las bandas, su mixtura entre el punk melódico sumado a algunos toques reggae terminó por cautivar al público que se iba agolpando frente al escenario y entonaba algunos de sus más conocidos temas como “América Oprimida” y “Perdedores”. La idea madre del festival de abrir el abanico de posibilidades de las bandas a escuchar (y así los oídos) le cayó como anillo al dedo a Rolo y sus amigos: una enérgica presentación que culminó con el Himno de los Fucking Adictos, sin duda uno de los estribillos más gancheros de todo el festival.

La siguiente banda en subir al escenario fue DASKATE, oriundos de Mercedes. El combo mostró un cúmulo de influencias, pero con una preponderancia mayormente del hardcore de la costa oeste. Los muchachos estuvieron presentando algunos cortes de su disco que recientemente está en las calles, “Piacenza” y también despidieron algunos viejos hits de “Bhopal”, su primer trabajo. Un hardcore al palo contundente y poderoso; con él, el público pareció captar perfectamente el mensaje y durante el set de Daskate se vieron los primeros pogos. Y si bien no estaban con su bajista original, el Tano (de la banda MLC) disimuló las falencias perfectamente. Qué decir cuando subieron los primeros invitados de toda la jornada, a esta altura un prócer de la escena. Guille de Eterna Inocencia agarró el micrófono para entonar “No Estás Solo”, junto a su compañero Ciri en guitarra, y el clima se armó solito: otra declaración de principios apuntalada por la banda que dejó el escenario en el punto álgido de su presentación.

Rosario puso su granito de arena en el line up trayendo a ALL THE HATS, la ascendente banda de Luck Moreno, que fue una de las grandes ganadores de la jornada. Contaron cuatro y la adrenalina se disparó para no bajar nunca más a lo largo de un llamativamente corto set para una banda que se encontraba dentro de las más populares. Numerosas virtudes a destacar: el peso de Billy Gómez, un baterista que allanaba el camino para que Matías Damato como mínimo se postule al mejor bajista de la escena. Sonó “Revolución” y la gente se encendió. El final estuvo a la altura de lo que los rosarinos habían ofrecido: “Blitzkrieg Bop” con Corvata de Carajo como invitado. Al dejar el escenario, la sensación que sobrevoló el ambiente fue que estuvieron muy temprano y demasiado adelante en la grilla. De todas formas, el gustito de haber formado parte del evento no se lo saca nadie, pero que lo merecían, lo merecían.


Los multitudinarios RUNNING POTATOES fueron los encargados de ponerle un poco más de sabor ska a la noche: la ronda se armó a lo largo de todo el show de los muchachos, que se notaba estaban de fiesta. Por momentos era difícil precisar quién estaba tocando qué instrumento y también era envidiable la capacidad toráxica de su sección de vientos: con tiempo para correr por el escenario, buscar flyers para tirarle al público, hacer coros y hasta sacarse fotos. “”Brainless”, “Anda la Osa” y el excelente (de nuevo y para que se entienda: excelente) cover de Los Ramones de “Howling at the Moon” fue el corolario más acertado de un show que se caracterizó por una energía de celebración constante: la banda estaba de fiesta y en ningún momento se preocuparon por disimularlo, ni siquiera esa fue la intención.

HYNTU salió al escenario y el hardcore melódico volvió a escena. El buque insignia de Patea Discos puso lo mejor de sí y combinaron temas de sus dos discos para lograr un set ajustado y sin mayores sobresaltos. Nuevamente las arengas (pro D.I.Y., anti-bicentenario) volvieron a ser parte de la fecha y la gente, entre pogo y pogo, escuchaba las consignas y las aplaudía. Uno de sus temas más celebrados “El Santo Imperio” también fue precedido por un agite, esta vez anti-Vaticano. “Hijos del dolor” fue el preámbulo a un final que se hizo más old school hardcore. Una celebrada participación de la banda de Oscar y Lucho, que por momentos subió (aún más) la temperatura del lugar.

Turno de LOS RESTOS, los ex Restos Fósiles. Los liderados por Mane dieron rienda suelta a una catarata de clásicos, solventados en más de 15 años de carrera. En lo que fue su show más grande desde la vuelta al ruedo, la banda cumplió con creces las expectativas que habían generado sus anteriores participaciones: con guiños a otros clásicos ya no sólo del género sino también de la historia del rock: la intro de Pretty Vacant de los Sex Pistols encendió al público que los acompañó con el pogo y el stage diving a lo largo de todo el show. También hubo un turno para Bad Religion: “Anesthesia” fue la excelente elección por parte de la banda para terminar de cautivar a todos los allí presentes. El cierre dibujó algunas lágrimas en aquellos a los que se les empiezan a caer un par de sotas: “La Máquina de Perder”, punto álgido en la escena de los ‘90, volvió en una noche que ya, a esta altura, se había tornado memorable.

SHAILA era la última banda pre- NOFX, y salió a las 20 en punto. Los oriundos de Flores ya se han convertido en los líderes de la escena y al ver la reacción y la interacción de la gente con ellos despejaron todas las dudas cuando se genera esa sensación de absoluta tranquilidad en su performance. El oficio y los años sobre las tablas (y de reconocimiento) se hicieron notar a lo largo de todo el set: sin fisuras, sin nervios, sin problemas técnicos. Tan sólo la música y la diversión resultaron ser suficientemente un gran entremés para lo que estaba por venir. “Dios Ha Muerto”, “Somos”, entre otros, fueron los temas que más movieron a la muchedumbre y los que finalmente convirtieron a la banda en un plato fuerte, independientemente del marco del festival que los acogía. Es también notorio el alto grado de exaltación femenina que produce Shaila: decenas de adolescentes ( y no tanto) ganaron su espacio cerca del escenario y saltaron y poguearon codo a codo con varios que tranquilamente podían aspirar al trono del más punk del condado. Previa invitación de Joaco a la presentación –festejo por los 10 años del primer disco, “Progresar”, en el Salón Imperial, haciéndole honor a ese título, cerraron con “Exarhia” uno de los puntos altos de su último disco. Ahora sí, Shaila había dejado el lugar casi a punto de ebullición: se venía NOFX.

Aunque, claro, el “se venía” se fue transformando en “se viene”, que devino en “están tardando”, para más tarde mutar a “salgan, che” y terminó con puteadas varias (aunque no en un sentido totalmente hostil) a los asistentes de la banda que todos habían ido a ver. Algún problema de sonido, con los equipos o con los retornos tuvieron en vilo a las más de 5 mil personas allí presentes durante no menos de una hora y pico. Se sucedieron los temas de Flema cantados por los allí presentes, el “puto, puto” a Kent, el sonidista de NOFX (que muy valientemente asumió las culpas del retraso) y la falsa expectativa que se iba creando a medida de que se apagaban o prendían las luces.

Al vigésimo octavo amague, sonó un reggae que parecía tener el propósito de probar una vez más el monitoreo y el P.A., pero para sorpresa de todos ahí estaban los protagonistas de la noche. Y es necesario hacer la salvedad de siempre: difícilmente alguna banda (la que sea) del mundo pueda transmitir esa sensación que transmiten los NOFX de pasarla bien arriba del escenario. Pasaron los 40 años, pasaron los millones de discos vendidos, pasó el revival punk del que formaron parte hace ya 15 años y siguen siendo igual que cuando empezaron. Obviamente, arrancaron el show hablando (todo un sello de la banda) y Fat Mike, previas disculpas por la demora, pidió 5 minutos más para tomarse un traguito más de tequila. Smelly contó cuatro y una breve introducción dio inicio a la razón por la que todos estaban ahí: “Dinosaurs Will Die”, un tema que habla de cómo ellos verán caer el negocio de la industria mientras siguen tocando con los amigos. El tema ideal para abrir un show de estas características, en donde la autogestión se enarbola no sólo como una necesidad sino también como orgullo. Ya está, entendieron todo, eso es lo que NOFX venía a decir. Pegadito nomás vino “Stickin In My Eye”, uno de los primeros (sino el primer) clásico de la banda, y el Malvinas se vino abajo. La única novedad con respecto a su versión original es que Eric Melvin se hizo cargo de la voz del tema (algo que ya habían mostrado en su última visita) y la fiesta fue total. Resulta llamativo ver cómo una banda como NOFX tiene una impronta tan fuerte en la gente, casi –y con esto no se está comparando a las bandas ni musicalmente ni por convocatoria, sino por una cuestión fundamentalmente de público- como si hubiesen accedido al trono de los Ramones, porque el idilio fue total y desde el primer momento. Pasaron varios temas, “Murder the Government”, un “The Brews” que mostró a todo el campo (sí, todo el campo) haciendo pogo, “Perfect Government” y “Franco Un-American” hasta que El Hefe (aquejado por una diarrea producto de los parásitos que afirmó haber contraído en Perú) peló la trompeta por vez primera y cantó “Eat the Meek” majestuosamente. Hay que subrayar otra cuestión: no existe banda más lejos de la pose de rockstars que NOFX. Es como ver a Cha–Cha-Cha pero tocando punk, porque dan algo que bien puede ser definido como “saltitos” y en el único momento en el que se pudo esbozar una pose ya reconocida en otros artistas, el Gordo se fue al piso del pedo que tenía (producto también de los numerosos tragos que le sostenía su pié de micrófono, otro signature de la banda). NOFX sigue tocando con “los pibes” y “para los pibes”, por lo que es hasta entendible que algunas cuestiones (como los escupitajos, una supuesta señal de fraternidad punk) les sean no sólo censurables sino también motivo de que uno sea expulsado del show por la propia banda.

Pasaron dos temas de “Coaster”, su último trabajo (uno de ellos un hermosísimo adiós de Fat Mike a sus padres –fallecidos en 2006- en clave hardcore melódico al re palo) y “Fuck the Kids” como intro de “Linoleum”, otro de los puntos más altos de la noche. Gran elección de la lista, que pasó por todo el repertorio de la banda en los últimos 20 años (tocando un tema al menos de cada álbum que sacaron, salvo de Heavy Petting Zoo y S&M Airlines), algunas sorpresas para los fans de siempre (“Soul Doubt”, “Six Pack Girls” con la formación original de NOFX –la banda sin El Hefe, que ya no podía más con su alma ni con sus parasitados esfínteres-), la confirmación de algunos temas relativamente nuevos que van en camino a convertirse en himnos de la banda (la declaración de principios “Mattersville”, “Seeing Double at The Triple Rock”) y un final que siempre parecía estar al caer. Pero la cuestión es que Fat Mike estaba contentísimo con el show que estaban haciendo, casi maravillado. Y se notaba, porque empezaron a deliberar qué tocar ahí mismo arriba del escenario. El Gordo tomó un hilo conductor: su disco favorito de la banda, So Long and Thanks For All The Shoes. Así salieron “Punk Rock Elite” (otro tema que hubiese servido para musicalizar la velada entera en concepto, al menos) y “Quart in Session”. Le hicieron lugar a otros clásicos, “Bob” y “Reeko” –con Fat Mike tocando la guitarra y Melvin el bajo- y un final que este cronista agradeció en demasía: La inmemorizable “We Threw Gasoline on the Fire and Now We Have Stumps for Arms and no Eyebrows”, tema que habían grabado especialmente para el Punk-O-Rama N°5, “I Wanna Be an Alcoholic” y el cierre definitivo con “Kill All The White Man”, como solían hacerlo de antaño. En un receso del bis, Fat Mike contó que estaba tan contento que, debido a la suspensión del show que tenían al día siguiente en Chile, al tener que estar 3 días en Buenos Aires, quería armar un show en un lugar chico, pero eso es harina de otro costal. El fin del show llegó y con él la sensación inequívoca de que difícilmente haya algún otro grupo en el mundo capaz de generar tanto en vivo como NOFX. Vuelvan pronto, pero de verdad.


Bonus Track – NOFX en el Salón Pueyrredón

El lunes siguiente recibí un llamado de un amigo que me avisaba que el show que había anunciado Fat Mike se hacía y que él estaba en la Bond Street a punto de sacar entrada para el show que NOFX iba a brindar en el Salón Pueyrredón a $30. Procuré haber escuchado bien y cerciorarme de que lo que él me decía era así, le pedí por favor que me saque mi entrada y 3 horas y media después tenía cita para cumplir un sueño, literalmente. Hasta pensé (tras pasar ajeno a internet y a la interacción con demás amigos que podían ser de la partida ese día) en llevar alguno de los 7” que 10 años atrás me hice traer directo de Fat Wreck Chords para que me lo firmen, ya que iba a estar en un reducto en el cual solían tocar las bandas de mis amigos y hoy tocan las bandas de los hermanos de mis amigos, pero por suerte, desistí, más que nada por no querer dar la impresión de tener esa actitud ostentosa de “yo los sigo desde hace 15 años”, más cercana a Figuretti que a lo que uno considera ser. El sentido común (o del ridículo, o la timidez, quién sabe) me dio un guiño esta vez, porque el escenario cuando arribe al Salón era casi Dantesco: gente en la puerta, a los gritos, otros tantos que se acercaban y querían enchufarme entradas al módico precio de $200 con el mismo nivel de persuasión que tienen los vendedores de heroína en las calles de Amsterdam. Pibes puteando a todo el mundo por los falsos rumores que se hicieron correr del mini show (para el que había 120 entradas para vender y cortaron la venta para agregar a 80 invitados más), inclusive con gente que se fue a Peteco´s, pibes que se metían al hotel de al lado para pasar de balcón a balcón y cruces de acusaciones varios y yo que entre avalancha y avalancha pude meterme al Salón pero me arrancaron la entrada de la mano. En definitiva, era un lindo recuerdo, pero al menos ojalá que le haya servido a aquel que me la arrebató para poder entrar. Tras haber experimentado una sensación similar a la de estar en una strike minera inglesa, ingresé al Salón y mientras tocaba Hyntu (y hacía el aguante porque NOFX no llegaba porque, según decían, Fat Mike estaba demasiado borracho en el hotel, lo que obligó a la banda a estirar un poco más la lista de temas) pensaba si realmente era necesario un show así. Una banda que había metido 5 mil personas a $130 pretendía tocar para 200 personas a $30. La ecuación no cerraba por ningún lado, y las voces que se escuchaban eran las de pibes que afirmaban tener su entrada y no poder entrar porque el lugar ya estaba a reventar.

Finalmente llegó NOFX y traté de aislar lo que iba a pasar de lo que me produjo ver cuán poco resisten un archivo algunos: iban a tocar en el Salón. Fue un set desparejo, con muchos problemas de sonido (de hecho, nunca quedó claro cuándo terminó el show, porque después de que se rompió el equipo de guitarra de Melvin, nadie tenía ganas de dar explicaciones y, mucho menos, de seguir tocando, salvo El Hefe que pelotudeó un rato en la batería). Pero hay que señalar lo mejorcito de la noche: que hayan abierto con “Shut up Already”, que hayan tocado varios lados B de algunos 7” que sacaron (de hecho, “Drugs are Good”, segundo tema, es el lado B de HOFX), que hayan tocado “The Malachi Crunch”, que haya aparecido también “Cookie the Clown” (del Ep homónimo lanzado el año pasado), el lanzamiento de corpiños para las tetas de Melvin primero y luego de Fat Mike. Según se podía ver en la lista, el show se cortó justo después de “Liza and Louise”, y quedaban 7 temas por ser tocados, así que el público argentino se quedó con las ganas de escuchar “Don´t Call Me White” en vivo, por esta vez., (tema que estaba en la última parte de la lista). Cuando se cortó el show, algunos empezaron a escupir, otros a putear y Fat Mike, que ya estaba más fastidioso que borracho decidió emprender retirada y la estadía 2010 de NOFX en Argentina quedó con un final un tanto difuso. Una pena, pero que sirva para la próxima.

Fotos: Fernando Stefanelli (Let’s Go Fest) http://www.flickr.com/photos/recis2008/
Melisa Farfan (Salón Pueyrredon) http://www.flickr.com/photos/labrise