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ATITAYTETÉ


Chúcaro
2007
Por: Matías Recis
Este grupo formado hace cinco años en Devoto (y constituido, actualmente, por Mariano Loredo en bajo y coros, Julián Mourin en voz, guitarra, piano y coros, Nicolás Soares Netto en batería, percusión y coros y Roberto Connolly en guitarra, teclados y coros) recorre en su segundo disco un espectro musical inagotable. Cancerberos de una poética lírica substancial, entre los tópicos se cruzan, primariamente, la armonía espiritual y la naturaleza.

Trazando antinomias con su debut discográfico, donde su sonido se circunscribe a un tradicional trío de rock austero, (y en el que no llegan a complementar un buen trabajo vocal): en estas falencias arcaicas se eleva la fortaleza de “Atitayteté”: aquí Chúcaro consigue generosos arreglos vocales y su intención desborda el rock, llegando, así, hasta el candombe, el pop, el folklore, el reggae, la murga uruguaya y la canción.

Este segundo disco de Chúcaro abre con “Vamos a caminar”, el cual manifiesta una lucha por cambiar la situación social desde una mirada introspectiva (sintiendo el amor a lo sencillo y mundano): “Y en tu interior, en silencio como un temblor, una canción renacerá; ya no serás, carne y sudor, serás la luz, serás unión, te expandirás y como la luz renacerás”.

El reggae “Azul y mágica” narra la búsqueda por aprisionar un sueño por sobre toda las cosas (éste indómito anhelo es, para Chúcaro, el camino de la música).

Estos objetivos son confeccionados por la banda desde un flanco optimista, así lo refleja “Ese paso”: “Si no me alumbra el Sol, buscaré algún resplandor en las noches de Luna, si no encuentro el amor en las manos de otro, luchará el alma sola, no retrocederé, no daré el brazo a torcer...”.

Es evidente, así también, destacar piezas como“Un perejil”, (una fábula, posiblemente intertextual de “Durazno sangrando” de Invisible, donde una persona estática y gris ansía dejar fluir sus emociones como llevadas por un río), “La Piedra y Las Alas”( la cual comienza con una sonata para piano, aunque luego se acopla una gestual voz) y “Fuera Telgopor”, (cantada con un fraseo similar al del carnavalito y escoltada por una guitarra criolla);aquí comienza a entrometerse el telgopor como disparador en la lírica de los temas.

Con anterioridad destaqué el superlativo trabajo armónico de las voces, que por momentos los posiciona cerca de la murga uruguaya, como en la canción de cierre “Atitayteté” (la cual encuentra el pináculo compositivo en el candombe final donde se suman las cuerdas vocales de Ayelén Molinari, Nicolás Carmen, Gabriel, Martino, Ángeles y Gloria Foster y Francisco Cantero). Aquí es igualmente imprescindible la tarea de Soares Netto en lo percusivo.

Sin embargo, resplandece la escasez de recursos en las guitarras, que permite que temas como “Azul y Mágica” o “Las Hojas Saben” resulten eunucos de texturas sonoras.

El cuidado de la gráfica de la producción es un punto que vienen agudizando desde su primera placa homónima en la cual estuvo a cargo el dibujante Liniers. Ergo, “Atitayteté” posee una preocupación por lo estético que sorprende desde su portada (donde se aprecia una influencia de René Magritte): una frondosa enredadera verde se ahorca en un insondable vacío acromático.
Conjuntamente, la tarea fotográfica de Facundo Mourín es exacta a lo largo de las 40 fotos (donde se matizan personas, telgopor y naturaleza) y adivina perfectamente el concepto de “Atitayteté”.

El libro interno del disco contiene una poesía en prosa que da un sentido circular a la producción, donde Chúcaro conceptualiza la idea del telgopor como sinónimo de opresivo y causante del vacío espiritual y humano de la sociedad; Es aquí donde Chúcaro expone a la música como herramienta salvadora del mundo y fuente de perenne creación. De este modo nace “Atitayteté” (figura totémica): es una declaración pura, acompañada por una estela diáfana y veraz contra todo lo intolerante del sistema (quizás por eso se remiten al tambor como instrumento básico en los pueblos originarios para manifestarse).

Editado bajo el amparo de la Unión de Músicos Independientes y luego de casi dos años de trabajo en Estudios Galápagos e Hinojo Records -en donde también grabaron su primer disco-, este grupo logra un segundo material donde se ve un colosal progreso sonoro y narrativo, acompañado por un formato conceptual (donde el idealismo es el actor protagonista). Simultáneamente, por encima de “Atitayteté”, sobrevuela una mirada romántica y esperanzadora de un quiebre social que florece en cada individuo.