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CAPRICHO


Pequeña Orq. Reincidentes
2007
Por: Matías Recis
Separado virtualmente en tres capítulos, el octavo disco de la Pequeña Orquesta Reincidentes contiene, por un lado, versiones de temas que afectaron su música, piezas de la banda de sonido de la película “Whisky” y versiones en vivo de temas propios (así como también, filtradas, composiciones nuevas: “Ventana” y “Puede ser”).
Continuando el orden establecido en el disco, la primer parte contiene seis versiones entre las que aparecen obras de The Cure (“A Night Like This”), The Police (“Invisible Sun”) y Talking Heads(“Heaven”); estas, aunque son bien construidas, no logran despegarse de la métrica compositiva original. Sería más audaz el hecho de que lo hubieran abordado desde su música, así, admitirían otra tonalidad en su interpretación y no serían tan rígidamente respetadas.

Pese a esto, es acertado enfatizar sobre “Panis Et Circenses” (Gilberto Gil- Caetano Veloso) donde se incorpora Carola Besasso en voz (quien ya había desarrollado la misma tarea en el disco homónimo de la banda) y destierra hasta el último rastro de identidad de la Pequeña Orquesta Reincidentes (principalmente cuando sobre el final del tema se permeabiliza la extraña fusión del tropicalismo con el punk).
Conjuntamente, se aprecia el trabajo en la adaptación de “Nyigo Nyigo” (Pascal Comelade), una canción instrumental que recuerda la banda de sonido de la película “Amelie” (compuesta por el francés Yann Tiersen). “Nyigo Nyigo” fue grabada, al igual que “Bonnie & Clyde”, en vivo para el ciclo “Traducciones” en Alianza Francesa (del cual se desprendió un compilado que contiene estas dos canciones).

Quizás el cenit de Capricho florezca en el segundo capitulo, donde aparece la banda de sonido de la película uruguaya “Whisky” (dirigida por Pablo Stol y Juan Pablo Rebella y donde la música es compuesta por la Pequeña Orquesta Reincidentes).Ya instrumental, conquistan una delicadeza en el sonido que no logran en el resto de la placa. Construyendo ambientaciones a partir de polifonías y contrapuntos acertados, el disco entra en otro terreno sonoro y compositivo (exiliando la distorsión de las guitarras propias de la primer parte): instrumentos como el acordeón se hacen protagonistas, ahora junto con el piano. Asimismo, resplandece el contrabajo ejecutado con arco, las baterías lucen escobillas y alguna guitarra (ahora en segundo plano) susurra una melodía respaldada por el banjo. Aquí, sonidos e instrumentos aparecen y se deshacen con facilidad a lo largo de temas encuadrados en un clima de exagerado cuidado musical.
La inclusión en “Whisky” (2005) no es la primera participación de la Pequeña Orquesta Reincidentes en la banda sonora de una película (aunque sí la primera en la que su contribución es absoluta) Ya habían intervenido en films como “Viaje en Falcon” (2005), “Los Perros” (2004), “Argentina, Una Democracia En Peligro” (2002) y “Mataperros” (1999).
En referencia a las dos composiciones nuevas, se destaca la anáfora como recurso musical-literario utilizado por Rodrigo Guerra en “Puede Ser”. Aquí la banda consigue una canción donde aparecen trabajados arreglos de trompeta y acordeón.
La restante (y hasta ahora inédita “Ventana”), propone una línea musical guiada por la melodía de una guitarra criolla y la armonía del acordeón (que acompañan la gestual voz de Fernández).
Ya en la última parte del material brota “La Colina De La Vida” (León Gieco), sin duda, la versión más despegada de la original. Aquí, gracias a que la banda se apropia del tema, logran cambiar el tempo de la canción.
Inmediatamente prosiguen cinco versiones acústicas en vivo de temas propios como “Colmena”, “Siempre” (ambos del disco “Que Sois Ahora?”) y “Peluca” y “Noche De Espinas” (pertenecientes a “Nuestro Años Felices”).
Aunque si bien la acción interpretativa del grupo es de un nivel eximio, es destacable la generosidad en la tarea de las guitarras a lo largo de toda la producción, al igual que el acordeón (dueño de una enriquecida expresividad).
No es dificultoso darse cuenta que la Pequeña Orquesta Reincidentes, persigue como un de los objetivos de este disco, compilar gran parte de las grabaciones sueltas en distintos terrenos. Precisamente, hay cintas que datan de 1998 (como la versión en vivo de “Peluca”, donde participan Ana Chujman en saxo, Fernando Buonavita en trombón y Adi Azicri en trompeta).

En el plano técnico, Eduardo Bergallo se ocupó de la masterización del material (así como también de la mezcla de varios temas). Esta última sucedió en varios estudios como “Revolver”, “El Pie”, “Del Parral” y “Concreto”.
El arte del disco (propiedad de Sebastián Santana) encarna un sujeto solo, de espaldas y cruzado de brazos: encaprichado.
Aunque es cierto que el significado del sujeto de espaldas tiene muchas lecturas posibles: dar la espalda al publico es mostrar la cara menos visible, cierta timidez, o, seguramente la mas acertada explicación, caería en despreocuparse por quien escuche este trabajo y la opinión que sostenga.
Por lo tanto, “Capricho” respeta una concepción solitaria, nostálgica y nocturna a lo largo de toda la producción (desde la grafica esta intención se manifiesta a través de un ermitaño personaje y la gama de colores en los que se sumerge Sebastián Santana). Ergo, este disco es casi una mirada introspectiva hacia ellos mismos (aquí afloran distintas etapas de la banda, desenvolviéndose en diferentes ámbitos).
En resumen, “Capricho” envuelve una producción muy contrastante, donde los propósitos rítmicas más diversos acompañan el bagaje sonoro de la Pequeña Orquesta Reincidentes, conformando un material muy complejo, desestructurado y con una secuencia no lineal en los temas, (resultando casi un collage musical).En “Capricho” el montaje del disco se sucede como fotos de distintas épocas del grupo. Aquí es donde muestran la inquietud artística y un cuidado por de desmarcarse de muchos preceptos musicales.

Compaginando en una misma producción a León Gieco con la música brasilera y The Cure (aunque sin relegar su costado más conocido cercado por la poesía porteña, la música de Kusturica y Tom Waits), en este riesgo de mostrar su cara menos visible esta la fortaleza y lo destacable del disco. La Pequeña Orquesta Reincidentes construye un material musicalmente sólido y con un desprejuicio caprichoso y personal que no abunda en la música (y menos aun en el rock) donde se esfuerzan por cuidar las formas.