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VINILICA


Vinilica
2007
Por: Matías Recis
Las tristezas se ponen a bailar


Si bien en el oeste del Gran Buenos Aires existe una extensa pluralidad musical, también es cierto que suele conocerse simplemente a los artistas que frecuentan el rock latino, el rock o el reggae. No obstante en esta zona del conurbano habita una cofradía de grupos que se orientan hacia otro sonido. El primer disco de Vinilica funciona como un ejemplo clave y pisa sobre la topografía menos recorrida en la música del oeste. Este conjunto de Haedo, Provincia de Buenos Aires, (formado por Romina Cerri en voz, Fher Giani en teclados, coros y programación, Oscky Marzullo en guitarras, coros y programación y Leo Peire en bajo, coros y programación) transita básicamente por el pop-electrónico. Sin embargo el rock también gana espacio a partir de las delicadas y rabiosas armonías de la guitarra eléctrica post- punk de Oscky en “Doctor de Muñecas”, “Vampiro” o “Asesino de sueños”, tema en el que, al igual que en “Besar”, aflora un excelente groove de bajo.

Los temas obtienen infalibles melodías bailables pop- electrónicas y una influencia capital del pop de la década del ochenta que puede apreciarse en “Misteriosa”, “Vampiro” o “Besar”. En este último, además se impone la música dance y disco y algunas guitarras con armonías funk.

Por otro lado, “Vampiro” es el tema en el cual la estela de los ochenta más germina. Dueño del tempo más rápido del disco, se convierte en la carta más energética de Vinilica. Paralelamente, este primer corte de difusión, esgrime un excelente trabajo en las guitarras -ahora distorsionadas- que junto al acompañamiento del teclado aportan una fuerza apasionada.

Pero estos temas además custodian magníficamente los detalles compositivos como en “Tango Cicatriz”, en el cual algunas armonías de guitarras o las melodías de teclados marcan el gran cuidado sonoro.

Simultáneamente, el álbum adquiere la forma más rica en Romina, una de las voces más iluminadas de esa región bonaerense. Sus cuerdas vocales son capaces de atravesar las más diversas atmósferas compositivas con una habilidad prodigiosa.
Los coros también desarrollan un gran trabajo como en “Resucitar”, el cual adquiere elementos gospel; en “Misteriosa”, el estribillo se torna teen-pop ejecutando los coros con falsetes; y en “Mandioca”, el estribillo posee coros de hip-hop, creando uno de los momentos más brillantes del disco.

“Ranquel” es una canción nostálgica de tempo lento que comienza a guitarra acústica y voz, con una lírica que no esconde el dolor de una ausencia (“¿Por qué algunos cuerpos dejan de funcionar tan pronto? […] La lluvia sigue mojando, ella ya no la siente. Quiero romper la muerte. […]Quiero matar la muerte”).

Vinilica posee un esquema de composición simple, efectivo y cargado de melodías. Sin embargo, aunque esta primera producción resulta bailable no olvida la tónica nostálgica y casi gótica que tienen los versos. Así, se conforma una dinámica combinación que urde una obra medular para descubrir esta esfera anónima y exquisita que esconde la música del oeste del Gran Buenos Aires.