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MAÑANA NO DEBE SEGUIR SIENDO ESTO


Gabo Ferro
2008
Por: Matías Recis
Melodía sobre espejo de esperanza

Editar un disco cada año era un hábito que en la década del sesenta y del setenta muchos de los referentes del rock y el pop tenían, en lo que posiblemente sea el lapso de mayor creatividad y desarrollo compositivo dentro del género. Sin embargo, en la actualidad, publicar crónicamente un álbum es una práctica que desafortunadamente se está extinguiendo. No obstante, Gabo Ferro retoma esta acción y el concepto de artistas de ese periodo, como Bob Dylan, Joan Baez, Leonard Cohen, Nick Drake, Tanguito y Atahualpa Yupanqui, para entrelazarlos en sus composiciones armónicas con la música académica y el fado.

Si bien este álbum, por un lado, continúa el formato que venia desarrollando en sus antecesores Canciones Que Un Hombre No Debería Cantar (2005) y Todo Lo Sólido Se Desvanece En El Aire (2006), por otro lado, es dable mencionar que Mañana No Debe Seguir Siendo Esto se eleva sobre sus producciones anteriores. Aquí, el experimentado Mario Breuer, logra potenciar en el estudio el timbre desgarrado de Gabo. Su voz nasal, aguda, embebida en vibrato, vive salvaje en Mañana No Debe Seguir Siendo Esto. Por momentos, la fuerte naturaleza de sus cuerdas vocales parece tan corpórea que se expande y retumba sobre el pecho del receptor. Mientras su guitarra propone el ardor del flamenco, los matices se enredan en su voz y cada nota florece apasionada en forma de susurro, graznido, suspiro. Esta pureza en la voz encuentra relación con su primer trabajo, también realizado en “Estudios ION” en vivo, una forma de grabación que potencia su obra de forma decisiva.

Aunque en esta tercera placa independiente lo acompaña un conjunto (formado por Claudio Lafalce en guitarra acústica, clásica y mandolina, Bruno Delucchi en piano, Diego Goldszein en contrabajo, Diego Moller en violín y guitarra sarracena y Rogelio Jara en percusión), el disco traza un enlace intimo entre la voz y la guitarra clásica de Gabo; este es el formato en el que más brillan sus canciones y es el esquema que alimenta el desenlace de la mayoría de las composiciones. El acompañamiento de los demás instrumentos es sutil, preciso, como las falanges de Delucchi, que siempre respetan y potencian el protagonismo del cantautor.

Los versos de Gabo se imprimen sobre el amor, concebidos desde un espacio poético, esperanzado y puro: la lírica de “El cuadro de mi daño” (“Que hay hombres para ser hombres nomás y hay hombres para ser arte”) y “Para traerte a casa” (“La paloma toma el aire y el cazador siente celos porque el aire es la frontera entre el cazador y el cielo. Un hombre y una paloma no podrían enamorarse. El cazador es de tierra y la paloma es del aire”) actúan como ejemplos.

Mañana No Debe Seguir Siendo Esto se abre como una imponente flor. Las composiciones de este disco adquieren, en relación a los anteriores, un desarrollo más preciso y efectivo que se transcriben sobre el cenit de la producción de este solista. Conjuntamente, la constancia y prodigalidad creativa que Gabo Ferro manifiesta, y que irradia un modo pulsional de profundizar su arte, hablan de un compositor trascendental dentro de la nueva escena. Sobre este álbum, se apoya su melodía y como ascua refleja una hálito romántico en el cual Gabo contempla el pasado. Así, extiende lo pretérito como una vital herramienta dormida para una trasformación del futuro protagonizada por el arte, el amor y la naturaleza.