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LA ELEGANCIA


Alvy Singer Big Band
2008
Por: Matías Recis

Todas las luces


Alvy Singer (alter ego de Jano Seitún) transitó una carrera musical endulzada con tantas variedades como exquisiteces. Ejecutando contrabajo, violonchelo y bajo, integró diferentes grupos y orquestas, entre los que se destacan La Orquesta Académica del Teatro Colón, La Orquesta de Salón de Pablo Dacal, el grupo de ska- jamaiquino Satélite Kingston, La Ludwig Van de Pablo Grinjot y distintas orquestas de tango.
El proyecto solista de Singer (iniciado en 2005 con Volumen Uno) no deja de lado toda la maestría cosechada durante estos años.

Así, La Elegancia es una producción que principalmente reposa sobre el pop- rock y el jazz orquestal, en el que aflora la impronta dixeland, swing y hot jazz; al tiempo que prospera el despliegue de adhesivas melodías pop. Por otro lado, en el tema “Te Dije”, se agrega la música centroamericana.

Para incidir sobre estos ritmos, Singer formó una big band. En esta placa participan: Nacho Rivas, Franco Sardella y Carla Vianello en batería; Federico Llach y Lucía Martínez en contrabajo; Mariano Gianni en piano; María Compte en guitarra eléctrica; Gisela Orlandini en trompeta; Juan Zambo Kiss y Lucía Calmet en clarinete; Santiago Castellani y Sebastián Romero en tuba y trombón; Vanesa Zdanienia en saxo alto; Tomás Balicora en saxo soprano; Maia Perduca en flauta traversa; y Guadalupe Recalde en coros. La banda se presenta muy sólida en las interpretaciones, y exhibe brillantes individualidades, como la de Mariano Gianni. Indudablemente, la elección de los instrumentos dibuja sobre el álbum un contorno musical de embellecedores caracteres.

Esta segunda producción ofrece la matriz sonora de su anterior disco, ya que conservó a gran parte de los músicos, utilizó el mismo estudio de grabación (Estudios El Uno), la mezcla y post producción continuó confiándosele a Juan Stewart, la producción artística nuevamente estuvo a cargo de Alvy Singer, quien además se metió otra vez en el traje de multiinstrumentista; y se ocupó de la composición y los arreglos del disco y de interpretar voz, guitarra, violonchelo, mandolina, banjo y percusión.

Si bien, en La elegancia, la lírica medular es la relación amorosa, este tópico está abordado desde un enfoque novedoso, absurdo, humorístico y hasta dramatizado, como en “El Ruido” (“Que yo te quiero lo sabés, pero me quiero más a mí” ) o en “No Me Traiciones” ( “No me traiciones por lo menos por hoy. No te vayas con él, si yo nunca me voy con ningún Rafael” ). Por otro lado, los versos desmenuzan una mirada cotidiana preservada por la musicalidad de la rima, como en “Insectos” ( “Mis cortinas, mejores amigas; mis persianas, mejores guantes; mi pijama, mejor abrigo; mi almohada, mejor amante” ). Por último, en “Tema de Ine”, Alvy Singer avanza sobre un concepto poético que recuerda a Leo Masliah, protagonizando una de las canciones más inspiradas del disco junto a “El Barco” (tema en el que participa Pablo Dacal en voz).

Indudablemente, en este álbum, (que cierra con una versión de “Dejé A Una Mujer Esperando”, de Leonard Cohen) la perfidia amorosa es una de las aguas más incursionadas por Singer. Traición y abandono, quedan abreviados en el diseño artístico realizado por Daniela Podlubne, en el que incluso logra capturar el perfil irónico que se desprende de cada historia. A estos relatos, Singer, en la función de arreglador y compositor, le ensambla finamente una música festiva y bailable.

La grandeza de Singer vive en la capacidad para barajar instrumentos tan diversos entre sí, mediante una perfección que estimula a cada nota a introducirse bajo una luminosidad sutil pero impredecible. Aquí logra, a partir de una insistencia en el concepto del disco, sintetizar y ofrendar un punto justo para cada pieza utilizando una insaciable expansión de lucidez.