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CAFÉ Y BAR CIENCIA FICTIONA


Hugo Fattoruso
2009
Por: Matias Recis

Un haz de música dentro de la caverna



Evolucionar es variar;
solamente se varía
mediante la invención.

-Jose Ingenieros-



A lo largo de su carrera musical, Hugo Fattoruso siempre descubre un giro nuevo hacia donde torcer su obra para rejuvenecerla; aunque la oscilación artística siempre apaga el “aplauso fácil”, realiza una búsqueda fugitiva sobre el sonido. Así, su desafío, frente un instrumento mudo o una partitura vacía, es más voraz que el habitual.
Su nuevo disco retoma las direcciones conceptuales de su antecesor: Ciencia Fictiona (2007). De este modo, en Café y Bar Ciencia Fictiona, su piano acústico tamiza la música de cámara y estilos populares como el tango, hasta desembocar en la música contemporánea.

El álbum abre con una exquisita versión de “Drive my Car” de The Beatles. Desde un enfoque jazzero, el músico desgaja aquel tema de Rubber Soul hasta entregar un arreglo ingenioso e irreconocible.

Editada por “S-Jazz”, Café y Bar Ciencia Fictiona es una placa básicamente instrumental; las voces se demoran -eficazmente- en un plano secundario, como en “Ritmo”. En esta composición, Fattoruso utiliza por momentos una armonía circular arpegiada y juega con la aceleración y distensión en la cadencia del piano, mientras este instrumento y el falsete de su voz “scatean” al unísono. Formas similares envuelven la corteza de “Fábrica de Fábricas”. Aquí Fattoruso entreteje los ritmos sincopados del bebop a su voz, para luego surfear sobre los timbres ondulantes del piano.

Paralelamente, el músico uruguayo Carlos Quintana se adhiere a esta producción solista, y desprende luces folklóricas de su guitarra en “Mi Prima Mabel (El Júbilo)”. Otro invitado que lleva esta placa es el baterista Osvaldo Fattoruso. Estos dos hermanos, ex integrantes de Los Shakers (el primer conjunto de rock latinoamericano), yuxtaponen sus colores en “Botijas”, una composición a dúo en la que los parches despliegan un indeleble swing con perfume a candombe.

“La partida” -como su nombre lo anticipa-, cierra la última puerta de este álbum. El montevideano expande su voz distorsionada, sobre un poema de su autoría -acompañado del teclado- y genera un bloque armónico entre ambos instrumentos, desplazando al álbum hasta la música psicodélica.

Al perpetuar en esta placa ese “intento de tocar con el mayor cuidado y desparpajo” -que subraya en el libro interior de Ciencia Fictiona-, Hugo Fattoruso no retrocede sobre fórmulas gastadas con la excusa de transportar un estilo propio; a los sesenta y seis años su incorregible luz busca, tácita y frenéticamente, transgredir: un objetivo artístico que ya no abunda.