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CANCIONES


Puente Celeste
2009
Por: Matias Recis

Un puente de conexiones e intercambios



Sin dudas, los eslabones que tejen este grupo son de los más activos que conoce la escena nacional. El trópico adamantino se transparenta sobre Santiago Vázquez, -quien dirige “La Grande”, “La Bomba de Tiempo”, “Punch!” y “Monoambiente”-. Al igual que el resto de los músicos de “Puente Celeste”, este multi-instrumentista (quien utiliza, entre otros elementos, bombo legüero, coquitos, gong chino, claves, hoja de palmera, maderas, violín de juguete, radio, cuerda de sabares, latas, cacerolas, tabla, kalimba y mbira) encuentra diversas latitudes hacia donde ramificar su arte.

Pero cuando sus pasos se cruzan sobre este puente con los de Marcelo Moguilevsky (flauta dulce, armónica, clarinete bajo y saxo soprano), Lucas Nikotian (piano, teclado, acordeón y guitarra acústica), Edgardo Cardozo (guitarra y requinto) y Luciano Dyzenchauz (contrabajo, bajo eléctrico y maderas), sus bocanadas celestes enhebran una forma bestial. Aquí cada integrante desnuda las diversas estéticas musicales que transporta, y al tiempo que interactúa y permuta, Canciones se transforma en un expresivo laberinto musical.

Aunque la anatomía de Canciones es capitalizada por una estructura de composiciones cantadas (salvo “Gincana” y “Pampa”), al ser orquestadas y arregladas por estos músicos, las piezas ascienden hacia una creatividad de color cenital.

Entre Moguilevsky, Vázquez y Cardozo intercalan una frondosa gama vocal. La constante rotación de voces y registros es matizada por coros, gritos y silbidos que despiertan doradas armonías y contrapuntos (mientras el grupo pivotea sobre la música folclórica argentina, centroamericana y uruguaya). Así, la dinámica y el ritmo son vértices siempre expectantes, y apuntalan la topografía de este disco.

El desenlace de las canciones de Puente Celeste es impredecible y sus texturas desajustan la monotonía, enhebrando una orquestación inquieta y sorpresiva, como en “No hay después” o “Pasadizos”.

La forma narrativa que adquiere cada tema desenrolla un metabolismo mutante y cargado de direcciones cruzadas: son distintos puertos conectados por un puente sobre un horizonte de acertijo.