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DOÑA MARÍA


Doña María
2009
Por: Matías Recis

Doña María editó su primer álbum

Rayos de música sobre el prisma

En el oeste del Gran Buenos Aires es habitual que en algunas cofradías, los músicos se intercambien y así convivan en distintos proyectos, que pueden estacionarse sobre el free-jazz, el rock, el folk, el tango o la cumbia. Entre estas comunidades se extiende Doña María (grupo integrado por María José Galliano en voz, radioreloj y percusión; Juan Ignacio Serrano, en guitarra criolla, acústica, sintetizador y voz; Rafael García, en scratch, sampler y percusión; Sergio García Marín, en contrabajo y voz; Fer Radl, en percusión, sirena y voz; y Marcelo Von Schultz, en percusión).

En paralelo a este conjunto, sus integrantes se desenvuelven como solistas (Checho Flá y Juanito el Cantor) o en grupos (Jennifer y su Auto Mágico, Yicos, Derviche, DeVidrio y Dúo Limón, entre otros). De este modo, el sexteto sintetiza la heterogeneidad que desprende cada una de sus aristas. Doña María galvaniza su repertorio con piezas populares del folklore latinoamericano (El pescador, Plantita de alelí y Perdí las abarcas, entre otros) que se abren hasta friccionar con nuevos compositores sudamericanos –y desembocan en la electrónica, el dub, la cumbia, el hip-hop y el rap.

Este grupo no abusa de ningún recurso musical, sino que adquiere un equilibrio que recorta lo predecible: las canciones paulatinamente van desmenuzando su topografía, hasta pivotear y finalmente resguardarse sobre otras texturas (como las variaciones rítmicas que surcan “Vidala del monte”). El montaje del álbum traza una cadencia vertiginosa, mientras que las melodías y armonías circulares le adhieren un intenso pulso bailable.

No obstante, el centro de este álbum guarda algunas bocanadas de aires acústicos, como la zamba “La diablera”, la chacarera “Beatriz durante” y la suave canción “Doña María”, con Juan Ravioli en piano. Sobre estos tres temas el grupo desnuda su sendero más gestual y perceptivo. Doña María toma la estética musical argentina desde una ochava cosmopolita.

Grabado en “Del Abasto al Pasto”, “Beso astral” y “Heterogénea” (mezclado en “Nómade” y masterizado en “Arte Facto”, Santiago de Chile), este primer disco alcanza una frondosa claridad sobre estos vértices, incorporando así una herramienta medular en el resultado sonoro.

Sobre cada ápice de este álbum (de lozana gráfica compuesta por Rafael García, Sergio García Marín y los dibujos de Bam Bam Ink), la voz de María José Galliano desenvuelve su enorme plasticidad, al tiempo que cincela un exquisito contrapunto con Fer Radl, quien –en breves rimas rapeadas– imprime de compromiso social los renglones de esta placa independiente. En paralelo, la cantante ofrenda una de las pocas composiciones propias que contiene esta producción: “Ignatia”, un pop-electrónico que preludia el cierre integrado por dos remixes.

De este modo, Doña María entreteje la cultura prehispánica y la contemporánea, pasando así del canto con caja al scratch y el sampler. Retroalimentándose de esa diversidad de lenguajes, su metabolismo anfibio traza una línea recta hacia diferentes hemisferios espaciales y temporales.