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EN BUSCA DEL BESO MÁGICO


Guillermo Beresñak & Burbujas Amarillas
2010
Por: Matías Recis
La cuerda visceral

Por encima de su fértil actividad como productor, GUILLERMO BERESÑAK se extiende como uno de los artistas más intrépidos del oeste del Gran Buenos Aires: actualmente, integra “Tamarisco” (reggae), “Dúo limón” (tango), “Le mikrocosmos” (electrónica), “El Chávez” (cumbia, dub y electrónica) y “Jenifer y su auto mágico” (un collage de todos estos géneros tomados desde un formato canción). En paralelo a estos conjuntos, desarrolla su hemisferio solista junto a “Burbujas Amarillas”, proyecto con el cual editó su primer álbum de manera independiente: “En busca del beso mágico”.

Este disco extrae la esencia más pura de la canción. Beresñak desemboca en la sonoridad acústica que ofrece el piano, la guitarra criolla y la voz (mientras sutilmente entran en fricción con sintetizadores, programación y fx).

En simultáneo, y sin neutralizar el lineamiento estético de cada pieza, se ensamblan voces, guitarras, coros, batería, contrabajo, vibráfono y scratch, ejecutados por músicos invitados (como su fiel paladín, Juan Ignacio Serrano) que profundizan así los matices tímbricos del álbum.

“En busca del beso mágico” compagina elementos de la música académica y el pop/rock. La cadencia de este disco se dilata y repentinamente acelera y se contrae, enhebrando una dorada elasticidad en su dinámica. En composiciones como Martes 13 y Vuelve a suceder, Beresñak utiliza armonías circulares para fraguar las tensiones sobre cada pieza. Su monotonía abre el dramatismo. En Serpientes, construye con el piano una atmósfera suspensiva y espectral; mientras en Quiero saber, cincela beats electrónicos hasta descubrir un pulso bailable.

Beresñak se desplaza con equilibrio entre su instinto salvaje y su serenidad. Su voz gestual aflora en susurros, melodías vibrantes o graznidos desesperados, en versos que desnudan su universo interior, como un espejo espiralado de deseo, miedo, duda, paranoia y caos.

Indudablemente, las letras son otra puerta luminosa en su obra: su poética tintinea con premura en ejemplos como Señales de humo (“Estoy girando sin moverme del lugar// Guardar granitos de tiempo en los relojes de arena/ con la cordura despintada enmudeciendo la pena/ sobrevolando las escamas de este imperio estreñido”); Soledad (“El aire blando es sordo y espanta de ausencia”); o No te vayas (“Estoy fuera de foco, parezco un huracán/ la luna es muy hermosa, me tiro por un tobogán”).

Su percepción nostálgica del amor gira sobre su eje para suturar esas llagas con soliloquios dulces y empecinados que actúan como lenitivos. De este modo, Beresñak traza una simbiosis voraz y vertiginosa entre su voz y su piano, reencarnando así a su naturaleza más desgarradora y transparente.