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La Tabaré: Entrevista con Tabaré Rivero, cantante de la banda uruguaya

''La gran mayoría de los nuevos músicos “rockers” no van al teatro y ni siquiera al cine (excepto a ver El regreso de Rambo 9)''

Por: Matias Recis - matias@recis.com.ar

Tabaré Rivero es un pintoresco y singular artista de la ciudad de Montevideo. Su obra se desplaza con insolencia por dentro y fuera de la poesía, el teatro y la música. Estos tres lenguajes, constituyen el eje medular de su grupo: La Tabaré. Junto a este floreciente icono del rock uruguayo -surgido tras el último Golpe de Estado-, este cantante, compartió escenarios con Sumo, Charly García y Os Paralamas, entre otros. En paralelo, publicó tres obras teatrales y once álbumes, que entrecruzan rock, jazz, folk y música rioplatense. Siempre pivoteando desde una estética dadaísta y grotesca -hacia un horizonte contracultural-, esta banda (que actualmente completan Lucía Trentini, en voz; Alejandro Ferradás, en guitarra; Martín García, en bajo; y Andrés Burghi, en batería) festejó sus 25 años el pasado mes de mayo. La celebración tendrá dos vértices: por un lado, antes de fin de año se publicará el documental “Ni estrellas ni fugaces”; y en segunda instancia, un box set con un disco doble que repasará los distintos periodos del quinteto. En esta entrevista, Tabaré Rivero, con su lancinante percepción y su cancerbero romanticismo, reflexiona, entre otros temas, sobre este cuarto de siglo con La Tabaré, mientras aguza su mirada sobre el pasado y presente de la cultura rock.



Recis!: ¿Cómo, luego de más de veinticinco años, sobrevive un artista independiente y con tendencias anarquistas cuando la música que hoy se difunde masivamente es estimulada por grandes empresas que entienden al rock como una distracción y a las bandas como productos articulables?

Tabaré: Con gran dificultad y a veces con dolor. Dolor, porque cuando adolescente, imaginé otra cosa con respecto al rock y hoy siento que alguien manoseó mis sueños. Jamás pretendí hacerme millonario, sí en cambio utilizar esta forma artística para combatir, para resistir, para romper lo establecido. Casi, casi me rompen a mí… Pero no, doy un paso al costado del rock y busco otra manera, por lo menos otro nombre que no me involucre con toda la gran payasada del mundillo del rock y todo su “entertainment”. Por suerte vengo de haber escuchado mucho del llamado Canto Popular, donde ahí no hubo “estrellitas”, sino verdaderos músicos comprometidos y así puedo mezclar. El arte sobrevive siempre, con más o menos aplausos, pero sobre todo, nos hace sobrevivir.

R!: Siendo que te iniciaste artísticamente en la década del `70, ¿cómo es tu relación con los nuevos músicos? ¿Qué elementos encontrás a favor y en contra en tu generación y en la actual?

T: A veces me encuentro por ahí diciendo que el rock murió. Y eso es un error que cometo al referirme a banditas nuevas que no tienen la menor idea de nada y que carecen de ideología, de filosofía y de inquietudes artísticas y sociales. Antes el rock era de aquellos jóvenes que no encajábamos en ningún lado y pretendíamos cambiar todo, pero que soñábamos con un rock masivo. Sí, hoy el rock se masificó y tanto, que eso trajo consigo que la gran mayoría de sus escuchas e intérpretes no tengan la menor idea de lo que se trata. En Uruguay, el daño está hecho por bandas (algunas nada jóvenes), que repiten esquemas e imitan una y otra vez, la ondita “Ramones” (o la versión argentina de Ataque 77), o la facha “rollinga”; y de críticos que alaban o premian esas bandas, desde sus poses, hasta su postura vacía. Pero hay otras bandas, mucho menos publicitadas, por supuesto, que sí saben lo que hacen y que a pesar de su juventud, todavía gritan (a su manera), todas sus broncas. La banda más publicitada, más conocida y que me merece gran respeto, es La Vela Puerca. Siempre están buscando un cambio y siempre con letras y actitud de combate.

R!: Sí; y al mismo tiempo, entre ambas generaciones se trazó un enfoque conceptual diferente: en las décadas del `60, `70 y `80, los artistas entretejían naturalmente la música, el cine, el teatro, la literatura y las artes plásticas. Vos, a mediados de los `70s, participaste del proyecto Euterpe y Pro-Art, y hoy, con La Tabaré, continuás utilizando casi todas las vertientes del arte. Teniendo en cuenta estos rasgos, ¿cómo ves la relación de los nuevos proyectos musicales con el resto de las disciplinas artísticas?

T: En general la gran mayoría de los nuevos músicos, están mucho más interesados en saber tocar muy bien su instrumento, en “sonar” mejor, y no en el arte en general. La gran mayoría no tienen idea de lo que significa el arte, ni les interesa averiguarlo. La gran mayoría de los nuevos músicos “rockers” no van al teatro y ni siquiera al cine (excepto a ver El regreso de Rambo 9); no tienen idea de lo que es la expresión gráfica, ni para lo que sirve… Pero claro, hay algunos hurgadores en otras expresiones, en otras sensibilidades, pero claro, no está de moda, ni siquiera está bien vista la cultura, y hasta la contracultura parece ser demodé…


R!: Al respecto, la lírica de tus canciones focaliza, entre otras cosas, sobre una vivaz mirada sobre la sociedad, las instituciones, la política, el sexo, el rock y el ocio. Pero como característica propia, estas observaciones son captadas desde un enfoque humorístico. ¿Cómo desarrollaste la forma de abordar, desde este lenguaje, conceptos tan arraigados a la idiosincrasia y la cultura popular?

T: Supongo que estoy enamorado de una mina que no me gusta nada -¡las rarezas del amor!- . Esa mina, que es la que me inspira, se llama Montevideo. Puedo verme en ella, haciendo el ridículo junto a mis conciudadanos y cantarlo. Cantar todo lo que no me gusta de nosotros, rezongar y querer cambiarlo absolutamente todo, porque lamentablemente no pudo desenamorarme.


R!: Otra fuente de inspiración para tus composiciones fueron los distintos cambios tecnológicos. En la canción “Vivir (es mucho)”, de 1989, escribiste los siguientes versos: “Amo el árbol/ y odio la computación”. ¿Cómo es actualmente tu relación con los avances de la comunicación?

T: (se rie) Hoy “odio el árbol y amo la computación”… Justamente, mis amigos me citan ese verso, para burlarse, cuando estoy mucho rato en la PC…
Bueno, la PC me divierte mucho. Googleo bastante ante cada duda, pero no ahondo en nada, estoy más en contacto con alguna información -generalmente acotada- y veo la pornografía que quiero. En Youtube, puedo ver todos los videos de los ’60s y ’70s que me perdí en su debido momento, y al único juego que le entro es al Fifa 2002. Pero en la comunicación como tal, no veo avances. No me gusta ni el chat, ni el Facebook. Más te digo, ni siquiera uso teléfono celular. Siempre seguiré prefiriendo los bares, para mí esos son los templos de la buena comunicación.



R!: Si bien en tu obra siempre mantuviste una perspectiva escéptica sobre los políticos, en el último concierto en La Trastienda de Buenos Aires (el pasado 7 de mayo) hiciste referencia al entusiasmo que te provoca la asunción de José Mujica como presidente uruguayo. ¿Pensás que en su gobierno podrá conservar su ideología de los años `60? ¿Cómo vislumbrás la cultura y los movimientos artísticos dentro de este nuevo marco político en Uruguay?

T: Cuando subió Mujica me preguntaron qué esperaba de él y respondí que artísticamente, nada. Que en primera instancia, me conformaba con que luchara por sacar a los miles de niños que piden limosnas por las calles y les dieran educación. Y estoy seguro que lo va a intentar. No, no creo que pueda conservar su ideología sesentista ya que está rodeado de otros políticos y que además los tiempos son otros, pero creo mucho en él como persona y en Lucía, su mujer; no así en quienes lo rodean, ni en su partido político. En cuanto a lo artístico, no me importa tanto, cuando hay otras urgencias sociales. Por eso creo que el movimiento artístico musical de hoy, es indudablemente el MPU, la murga y todos sus derivados populares. Pero siempre hay una intención contracultural que aunque menos “exitosa”, también actúa.

R!: En relación a este punto, hace ya varios años, Sebastián Teysera (cantante de La Vela Puerca), afirmó que la última dictadura militar uruguaya había eliminado el rock, pero no así la murga; mientras que con el Golpe de Estado en Argentina había pasado lo inverso (se erradicaron las murgas y perduró el rock). ¿Cómo ves hoy el rock en Uruguay, a veinticinco años de la finalización del Golpe, y a la murga en Argentina ¿Qué diferencias observás entre estos dos géneros entre un país y otro?

T: En cuanto al rock, no veo mucha diferencia entre el uruguayo y el argentino. Ambas son copias anglosajonas o “latinas” y peor el uruguayo, que también copia (lo peor) del rock argentino. Por otro lado, no sabía que la dictadura argentina había eliminados sus murgas. Entonces, sin duda por eso, en el Uruguay se haya evolucionado mucho en este género y no tanto en Argentina.

R!: ¿Cuáles son las imágenes que afloran en vos al recordar tus veinticinco años con La Tabaré?

T: La suerte. La realización del sueño imposible. La cantidad de amigos que hice por medio de la banda. Los dolores que me causaron esos amigos cuando no me entendieron. Los brindis, los abrazos…