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SU MAJESTAD


Rosal
2007
Por: Matías Recis
Luego de “Educación Sentimental” (2004) y “Rosal” (2005), publicados de forma independiente, esta banda llega a su tercer disco (editado por Pop Art) en el cual recorren un amplio espectro sonoro usando como eje principal el pop.
Desde la primera composición (“Interruptor”) emerge la melodía como un patrón indeleble, al tiempo que no descuidan el costado intimista y romántico de sus obras.
Conjuntamente, “Su Majestad” es una realización donde brillan las guitarras acústicas (de Ezequiel Kronenberg y Martín Caamaño) en ejemplos tan maduros como “Nos encontramos” y “Perdón”. La armonía en las guitarras a lo largo del disco por momentos recuerda a piezas de Carlos Gardel o Edmundo Rivero.
Acompañando este certero nivel aparece el trabajo vocal de María Ezquiaga y Julieta Ulanovsky. Estos dos instrumentos, tanto las guitarras como las voces, funcionan complementándose de una manera cabal en los diferentes climas que proponen las canciones.
Aunque aquí puede adivinarse una relación con su antecesor “Rosal”, por otro lado, también se emplea la sutileza de guitarras eléctricas (las cuales logran una marcada precisión al articularse bajo heterogéneos efectos de sonido).
No resulta aventurado afirmar que “Aburrida Y Predecible” es una de las mejores composiciones de “Su Majestad”: sin perder la raíz lírica propia de Rosal (“todo lo que hago es aburrido y predecible/ cada movimiento tan poco natural/decir lo que queda bien/reír de lo que no entendés”), combinan de un modo serio las variantes dentro del tema.
Si bien la poesía naif de Rosal se mantiene en obras como “Nos Encontramos” (“Muchas veces digo cosas que no son brillantes”), al mismo tiempo asoman relatos no muy indagados dentro de sus tópicos. Surgen ejemplos fieles como “Los ´90”, el cual representa la constante relación de una persona con una vida prolijamente cargada de profusiones (el final sentencia: “Es peligroso jugar con lo que te aleja”). También florece “Junín”, la cual describe -en clave de pop-folk-una estadía efímera en ese pueblo bonaerense (“Hoy caminé por sus calles al atardecer, es lo que ves, Junín es un lugar especial”): aquí se respeta perfectamente la cohesión entre música y letra.
La vasta paleta rítmica a la que en principio hice referencia aparece en “Aburrida y predecible” (donde se entrevén influencias de Jonh Lennon), “Los ´90”, (donde emerge una línea Leonard Cohen) “Remeras” (en la cual se emplean guitarras jazzeras) y “Rogar” (que bordea la obra de Maria Bethania y Gal Costa).
No obstante, cabe destacar que “Su Majestad” se grabó en medio de varios cambios en la formación de Rosal: por un lado significó el alejamiento de Fernando Samalea (quien luego de grabar es fichado por Gustavo Cerati para incorporarse a su banda) y la inclusión de Mauro Conforti en teclados. En principio la lucidez de Samalea radica en la mutabilidad y comprensión que proyecta en cada pieza, donde acierta en la elección del instrumento.
Por otro lado, la entrada de Conforti representa una renovación en la estética de los temas al tiempo que aporta el ímpetu y la variante sonora que Rosal necesita.
El material se realizó en “Estudio Concreto” (donde Rosal produjo su anterior placa), “El Árbol” y “3 Elementos” (en éste último Mauro Conforti intervino en el proceso técnico de grabación).
En la segunda mitad del disco aparecen composiciones básicamente acústicas y sin coros, donde se revela la suave expresividad de la voz de María Ezquiaga.
Igualmente aflora la incorporación de instrumentos no habituales en la banda: en “Remeras” Kronenberg emplea el órgano philicordia y Samalea el Glockenspiel (un laminófono cuyo timbre es similar al del triangulo). Asimismo, en “Perdón” Martín Caamaño utiliza un Ishra (instrumento de un sonido muy próximo al sitar), al tiempo que Conforti alterna entre hammond, piano, rodhes, mogg, farfisa y FX, con sensatez y conocimiento.
Sin embargo, hasta en los pasajes donde la energía los acerca al punk (“Yo Soy Yo”), perduran las guitarras acústicas y la percusión. Esto, lejos de quitarle brío al material representa, al mismo tiempo, una elección acertada en la interpretación, ya que no permite desdibujar todo un concepto muy elaborado.
Es prudente sostener que, el tercer disco de Rosal, por momentos adquiere un formato retro gracias a los instrumentos utilizados (principalmente en los teclados), y persiste una nostalgia en las canciones (sensación envuelta en el destacable trabajo fotográfico a cargo de Guadalupe Gaona y Ale Urrest).
El tema que cierra el material es el que, de igual modo, da nombre a la placa. Aquí se narra la idea artística de “Su Majestad”: “todo el mundo está por nacer cuando empieces a renacer” (…) Dejá que surja todo lo que hay, esta es la forma de vivir”.
Este concepto al ser llevado de forma integra al plano musical permite establecer que “Su Majestad” es la producción más resuelta de Rosal; esto habita en el hecho de que las composiciones incluidas son las más concretas de su discografía: existe un eximio nivel interpretativo, variedad en la instrumentación y gran manejo del estudio de grabación a partir de lo cual logran, sin tropiezos, profundizar una mirada personal sobre sus canciones.
Además, es una realización donde se aloja una excelente fluidez que aporta una perfecta coherencia rítmica a la fórmula que mejor se amolda Rosal: teclado, percusión, guitarra acústica, coro y voz.
De todos modos, aunque “Su Majestad” perpetúa una línea sonora en parte similar a su anterior producción, es un disco ideado desde la multiplicidad y el riesgo, que a la vez plantea un futuro musical en forma de incógnita. Seguramente, aburrido de lo predecible, Rosal sigue la dirección de su corazón como única guía artística.